Miércoles, 23 Julio 2025 14:43

El circo democrático – Por Vicente Massot

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El cierre de las listas que competirán en las elecciones legislativas de la provincia de Buenos Aires, el próximo domingo 7 de septiembre, no fue distinta de ninguna de las que hemos conocido en estas playas desde tiempo inmemorial. Nada nuevo bajo el sol, pues. Salieron a relucir, en todos los espacios políticos, los vicios de siempre. Se compraron y vendieron candidaturas a granel y aparecieron los vivos de costumbre que -en eso de cambiar de camiseta a último momento- son mandados a hacer. Por supuesto, la casta cantó presente, tanto en las tiendas kirchneristas como en las libertarias.

Y si algo faltaba para entender la naturaleza paródica de nuestra sacrosanta democracia, el apagón del sábado a la noche en La Plata puso en evidencia hasta qué punto el peronismo es capaz de instrumentar cualquier medio para salirse con la suya. Pero eso sí, ‘la democracia es la mejor forma de gobierno’, según opinan -sin excepciones a la regla- los mismos que se burlan del pueblo soberano -convidado de piedra, si lo hay- como si tal cosa. 

Cuanto quedó arriba del escenario -más allá del espectáculo lamentable al que hicimos referencia- tampoco ofreció sorpresas:

  • 1) tal cual era de esperar, La Libertad Avanza fagocitó sin problema alguno al Pro, en un abrir y cerrar de ojos;
  • 2) en la interna del campo libertario, Santiago Caputo y las llamadas Fuerzas del Cielo fueron completamente marginados del armado;
  • 3) en las filas kirchneristas -donde sobresalen Cristina Fernández y Axel Kicillof- primó a último momento la necesidad de oponerse al oficialismo nacional, sin que el acuerdo rubricado por las dos principales facciones antagónicas haya puesto fin a sus indisimulables disputas de fondo.
  • Por último, 4) los demás contendientes -esto es, Somos Buenos Aires, Hechos, Alianza Potencia, Nuevos Aires, Unión y Libertad, y los grupúsculos de izquierda- harán las veces de actores de re- parto menores.

Estaba cantado, desde el mismo momento en que se conocieron los resultados de los comicios legislativos de la capital federal, en el pasado mes de junio, que el partido fundado por Mauricio Macri obraría como furgón de cola de La Libertad Avanza, si no quería desaparecer. Derrotado en el que había sido su bastión inexpugnable por espacio de dieciocho largos años, resultaba imposible que en el ámbito bonaerense pudiese detener a la marea violeta. Si deseaba subsistir con un mínimo poder de fuego, era obvio que debería aceptar sin discutir las condiciones que finalmente le impuso Sebastián Pareja, siguiendo estrictamente las órdenes de Karina Milei.

También era sabido que, a último momento, y por temor al descalabro que sufriría en el caso de marchar a las urnas separado, el peronismo se presentaría unido. Sus capitostes no comen vidrio y eran conscientes del enorme riego que corrían. Pero la suya es una unidad pegada con saliva. Si -como trasparentan todas las encuestas- el mileísmo lograse ganar la provincia de punta a punta -con la sola incógnita de lo que pueda suceder en la tercera sección electoral- en el seno del Movimiento creado por Juan Domingo Perón se generará un pase de facturas de novela. No sería de extrañar -incluso- que en la provincia de Buenos Aires los seguidores de Cristina y los del gobernador se acusen mutuamente de haber sido los mariscales de la derrota y, por lógica consecuencia, terminen haciendo rancho aparte uno y otro.

Las diferencias que se dejan ver entre las primeras espadas de las dos agrupaciones excluyentes de la pulseada por venir son de bulto. Aunque está de moda comparar a la cúpula libertaria con la kirchnerista, lo cierto es que -más allá de ciertas similitudes de carácter accidental- en el fondo las situaciones en la que se encuentran resultan diametralmente distintas. La pelea que sitúa en veredas opuestas a la secretaría general de la Presidencia y al mago del Kremlin (léase: Santiago Caputo) no erosionan -al menos, de momento- los sillares de la gestión libertaria, y aunque pasasen a mayores -posibilidad por ahora remota- hay una instancia superior capaz de arbitrar y laudar, si acaso ello fuese necesario. En cambio, la disputa que mantienen Cristina Fernández y Axel Kicillof no sólo sitúa al justicialismo bonaerense al borde de la quiebra sino que es difícil imaginar quién podría terciar entre ellos para erigirse en ‘honesto componedor’. En el universo oficialista, la autoridad presidencial cerraría cualquier altercado entre sus colabora- dores más estrechos, sin discusiones ulteriores. En el kirchnerismo el problema radica -a esta altura- en que los opugnadores son pares entre sí y, por encima de ellos, no hay nadie con el poder suficiente como para ponerlos en caja.

Terminado el trámite de la homologación de las listas, y a un mes y medio para que se substancien los comicios legislativos bonaerenses, las campañas electorales tendrán un trata- miento de baja intensidad en los medios. Ello en razón de que, en realidad, habrá ocho elecciones que se desarrollarán al mismo tiempo, con lo cual lo que se discuta en San Nicolás, Pehuajó, Temperley y Bahía Blanca -como en tantos otros lugares- tendrá particular interés solo para quienes votan en cada una de esas secciones. Además, para el gran público y salvo excepciones, quienes encabezan las boletas de los partidos en liza son unos ilustres desconocidos.

La cuestión que estará a la orden del día a partir de hoy y hasta que se conozcan los cómputos de la provincia de Buenos Aires será, por un lado, el veto que Javier Milei disparará antes del 5 de agosto contra las tres normas sancionadas en las cámaras del Congreso de la Nación por amplia mayoría: jubilaciones, moratorias previsionales y discapacidad. Y por otro, la votación de dos proyectos que, tras el receso invernal y la reactivación de la agenda parlamentaria, tendrá lugar en la cámara baja, apenas comenzado el mes entrante: ellos son la distribución de los Aportes del Tesoro Nacional y la del impuesto a los combustibles.

Como decíamos en el informe de la semana pasada parecería lógico que, a cambio de conseguir los votos de los gobernadores para blindar el veto referido al aumento de las jubilaciones y a la prórroga de las moratorias provisionales, el gobierno aceptase como un mal menor -o, si se prefiere, necesario, para no colisionar con los intereses de aquellos mandatarios provinciales- que se convirtiesen en ley los proyectos de los ATN y de los combustibles. Sin embargo, el presidente no quiere saber nada con hacer de la necesidad virtud. Esto quiere decir que cualquier norma que ponga en entredicho el superávit fiscal va a ser fulminada sin miramientos.

Si tuviera el tiempo suficiente como para demorar o aplazar el tratamiento por parte de los diputados de los proyectos de ley y leyes en danza, Javier Milei no dudaría un instante y patearía su discusión para después de las elecciones de septiembre y de octubre. Pero desgraciadamente, ello es imposible. El calendario lo fijan los representantes del Poder Legislativo y es harto sabido que allí la musculatura libertaria es bien flaca. Por lo tanto, y a los efectos de evitar que el irrenunciable superávit cruja y hasta se rompa, en la Casa Rosada son conscientes de que deben hacerles concesiones a los dialoguistas de diferentes observancias. El tema por resolver es qué tendrán que ceder -o, si se quiere, cuanto deberán girarle a las provincias dispuestas a prestarle sus votos.

Vicente Massot

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