Si a los datos arriba señalados se le suma el astronómico crecimiento de la facturación con el sector público de la Droguería Suizo Argentina -pasó de $ 3.898 MM en el pasado año a $ 108.299 MM en lo que va del presente- y la mención que ha hecho Spagnuolo de la forma como operaba la empresa de la familia Kovalivker, hay una conclusión ineludible: estamos ante un caso de corrupción verosímil.
Desde el punto de vista específicamente político es lo primero que interesa poner de manifiesto. Verosímil significa que, más allá de si a la larga las acusaciones resultasen falsas, de momento son creíbles. Vayamos por partes, paso a paso, tal cual diría Mostaza Merlo. Nadie sabe si hubo un quiebre en la relación del presidente y Spagnuolo antes de que el escándalo tomase estado público, pero no parece probable. De haber sido así, el funcionario no hubiera durado tanto tiempo al frente de la Andis. Más plausible es que Spagnuolo se hubiese confesado ante algún amigo o conocido sin darse cuenta de que lo estaban grabando. No se concibe que haya ventilado tamañas intimidades en conocimiento de que su interlocutor había prendido el grabador. El cuadro que tenemos, pues, es el de un agente estatal, estrechamente vinculado a Javier Milei, que se confiesa impotente delante de un sistema montado y aceitado desde el oficialismo para delinquir.
Si la voz registrada en los audios que circulan fuese la suya -algo que Spagnuolo no ha negado- lo que trasparenta es algo bien grave en razón de que -de creerle- le había ad- vertido a Milei de cuanto estaba pasando sin que éste tomase cartas en el asunto. Alguien podría argumentar que inventó un cuento con el propósito de ponerle un palo en la rueda a los libertarios poco antes de dos comicios claves. Es una hipótesis que no debería descartarse, si bien tiene un punto débil: ¿por qué desearía incriminarse él de tal manera? Conviene recordar que -al margen de ser cierto o no que haya llevado sus quejas a la Casa Rosada- lo cierto es que como funcionario público de semejante jerarquía debió poner en conocimiento de la Justicia cuanto sabía. No lo hizo y ahora él también puede verse complicado en una causa en donde el juez incluye en su carátula el delito de asociación ilícita, entre otros.
Todo hace pensar que el tema no hará más que escalar y agravarse. Por de pronto, la Justicia ha puesto la lupa sobre contratos de distinto tipo de la Suizo Argentina con diversos ministerios. En este orden, Luis Petri y Sandra Pettovello se hallan en la mira. Si se le agrega la sospecha de que el ex–titular de la Agencia Nacional de Discapacidad borró chats de su celular con los hermanos Milei, su situación podría empeorar de manera acelerada. En su desesperación -a esta altura es un hombre que no sabe para dónde salir disparado- Diego Spagnuolo puede negar que haya dicho lo que deja escucharse en el audio, ponerle paños fríos a su relato, o sostenerlo de punta a punta. Según cual sea el camino que tome, el daño está hecho y la administración libertaria -en la medida en que sea considerado verosímil lo que está en boca de todos- deberá pagar un precio. Qué tan alto sea, resulta cosa que nadie está en condiciones de dimensionar.
Para tener una idea siquiera aproximada de las posibles consecuencias, el análisis debe hacerse sobre los mercados y sobre la opinión pública. En una circunstancia como la presente, el caso no puede ser más contraproducente si ponemos la lupa en la confianza necesaria a la hora de invertir y de arriesgar. La acusación levantada por ahora, a expensas de los hermanos Milei y de los Menem, le pega al gobierno cerca de la línea de flotación y horada la credibilidad del oficialismo, en general, y de sus figuras estelares, en particular. Los mercados -que se hallan expectantes de cara a los comicios que se substanciarán en el ámbito bonaerense el domingo 7 de septiembre y, más tarde, se extenderán al país entero el 26 de octubre- tienen, con base en los audios de Spagnuolo, un motivo más para preocuparse.
Es de mayor complejidad determinar qué tanto el escándalo afectará a los votantes en los días por venir. En cualquier sociedad civilizada, donde el tinglado institucional fuese algo más que un continente sin contenido tendría consecuencias inmediatas y, casi seguramente, deletéreas para los libertarios. No obstante, nos encontramos en la Argentina y un fenómeno como el que le ha estallado en las manos al gobierno no siempre ni necesariamente influye en el ánimo electoral. En principio por el rechazo que genera el kirchnerismo. Basta pasar revista al banco de suplentes -Cristina Fernández, Máximo Kirchner, Axel Kicillof y Sergio Massa- para darse cuenta de que abandonar a los violetas y abrazar en el cuarto oscuro a los K, en virtud de una corruptela más, difícilmente vaya a suceder.
Existe, además, una segunda motivación: entre las preocupaciones principales de los argentinos, la inseguridad, el desempleo y el costo de la vida le llevan una ventaja apreciable al desmanejo de los dineros públicos. Cómo explicar, de lo contrario, la fuerza electoral kirchnerista desde 2003 hasta 2015, por ejemplo. Néstor y Cristina se cansaron de robar, sin que ello fuese un obstáculo insalvable a la hora de ganar tres elecciones presidenciales seguidas. En punto al ánimo de quienes decidieron votar a La Libertad Avanza en la capital federal en el pasado mes de mayo, vale la pena recordar que el caso LIBRA y la pirueta que ordenó hacer la Casa Rosada respecto del proyecto de ley de Ficha Limpia no tuvieron efecto alguno en el resultado. Manuel Adorni ganó sin despeinarse.
Que el oficialismo recibió un sopapo de proporciones no es novedad. Que, como producto del mismo, se encuentra atontado y las respuestas que ha enhebrado son una peor que la otra, también. Frente a tamaño estruendo debió haber reaccionado de inmediato y de manera inteligente. Sin embargo, el vocero presidencial -de ordinario, tan locuaz- se llamó olímpicamente a silencio. No dijo esta boca es mía. Milei pareció estar en otra galaxia. Ni siquiera trató la cuestión, a semejanza de su hermana. Parece que vivieran en un país distinto y no tuvieran nada que explicar.
Los únicos hombres que salieron a ponerle el pecho a las balas fueron el jefe de gabinete, Guillermo Francos, y el presidente de la Cámara de Diputados. Aquél salió a la palestra esgrimiendo unas cuantas generalidades; a éste, en cambio, se lo notó nervioso el domingo por la noche, en un programa de televisión. El problema de hacerse los distraídos y no dar respuestas serias es que hacen más verosímil la acusación. Pero de ahí a perder las elecciones -que es hoy su objetivo prioritario-media un gran trecho.
Vicente Massot


Hay más de cuarenta visitas acreditadas de Diego Spagnuolo a Balcarce 50 y a la quinta presidencial de Olivos. El ex director de la Andis -Agencia Nacional de Discapacidad- era hasta hace poco tiempo abogado personal de Javier Milei y había figurado en una lista de candidatos a diputados por La Libertad Avanza cuando esta agrupación estaba en pañales. En virtud de las mencionadas razones se supone que el jefe del Estado le confió el manejo de la Agencia de la cual acaba de ser despedido, sin demasiados miramientos.
