Opinión

La responsabilidad del Gobierno en la caída del proyecto de Ficha Limpia. Por qué la credibilidad de Milei está en jaque.

El oficialismo se convirtió, desde comienzos de año, en un generador de problemas; a fuerza de errores no forzados (el discurso de Davos, $LIBRA, las agresiones, ficha limpia), causó una erosión en la opinión pública

Milei recibió al gobernador de Chaco con quien fue en alianza en los comicios del domingo pasado. En CABA no pudo o no quiso hacer un frente con el PRO.

Hoy para Milei, en términos de su lucha por acumular el máximo poder político aprovechando la buena marcha económica, lo importante son dos cosas: la primera matar políticamente a Macri (y así quedarse con los restos de lo que supo ser Juntos por el Cambio) y la segunda, mantener políticamente viva a Cristina (para que no crezca ninguna otra alternativa más competitiva que ella dentro de la oposición).

El Gobierno navega entre el fundamentalismo de Javier y el pragmatismo de Karina. Por qué él no puede sostenerse sin ella.

La lógica libertaria marca hasta ahora que elige apoyarse en el PRO en lo nacional pero lo combate a nivel distrital (con excepción de la provincia de Buenos Aires). Esa aparente contradicción arrastra y desnuda al macrismo.

Un tuit de Javier Milei subrayando la labor de “el Jefe” en las elecciones provinciales del último domingo encendió las luces rojas. Fue un mensaje más hacia adentro de su propia tropa que hacia afuera y se coló en medio de una interna feroz entre Karina Milei y Santiago Caputo. Un asesor convenientemente sin cargo, por las dudas de que en el futuro, cuando el poder se apague –y siempre se apaga– haya que desfilar por los tribunales. El estado de situación entre los dos contrincantes del triángulo de hierro es terminal: Karina y Caputo están en su peor momento y el desenlace es incierto. Tal vez, inminente.

A Pepe Mujica lo conocí porque integré como periodista una comitiva que lo acompañó durante una semana en una gira electoral. Lo vi por primera vez en un pueblito cerca de Canelones. El saco le quedaba grande; la camisa, chica; la raya del pantalón hacía rato que se había perdido en el tiempo; los zapatos reclamaban betún como el sediento reclama agua. Una colega argentina me dijo: "Ese hombre con esa ropa y esa pinta no puede pretender la presidencia de Uruguay". No sé qué le contesté, pero lo cierto es que un año después ese " croto" fue electo presidente y, como nota a pié de página, registro que mi colega a los dos días de escucharlo estaba fascinada con el personaje. Cosas que pasan.

Ha llegado el momento de decirle que se pasó de la raya al proclamar que el periodismo va en camino de la desaparición; en el afán de mimetizarse con el Presidente, no ha hecho más que debilitar la opinión de que es uno de los hombres razonables de este gobierno.

¿Se puede construir una civilización, una sociedad o la economía de un país donde predomine la injuria mutua y el odio?.

Top