Opinión

 

La economía y las relaciones políticas, para el Presidente. La Justicia, la seguridad y los servicios de inteligencia, para Cristina Kirchner. Esa podría ser a grandes rasgos una descripción del gobierno de Alberto Fernández. Es una administración en la que deben convivir una jefa política y el presidente del país.

 

“Nuestros jueces son absolutamente incompatibles.
Todo lo pueden hacer, menos justicia”.
       
- Bertold Brecht

 

¿Es el antiperonismo un mezquino prejuicio? ¿La expresión irreflexiva de los favorecidos en una sociedad injusta? ¿Es acaso un fantasma que recorre los laberintos y los sótanos de la sociedad infundiendo miedos y reclamando una existencia que la vida misma le niega? Cualquier respuesta es posible a estos interrogantes, pero fantasma o no, resulta imposible desconocerlo.

 

Qué raro todo. Y quién podía esperar otra cosa, con el poder político en el banco de suplente y su delegado sentado en el Sillón de Rivadavia.

 

 

Aunque suene poco probable, Alberto Nisman pudo haber decidido, en un momento de desesperación, quitarse la vida. Nadie se halla capacitado para determinar, más allá de cualquier duda, si fue asesinado.

 

Se cumple este viernes el primer mes del mandato presidencial de Alberto Fernández. Un lapso corto como para extraer conclusiones categóricas sobre su gobierno, pero que permite señalar algunas características preliminares.

 

Cualquier decisión en política exterior que adopte este gobierno debe ser analizada sobre la base del juego pendular que está obligado a hacer entre una estrategia más vinculada con Occidente y aquella que expresa el ala dura del kirchnerismo.

 

 

Decía Jaime Balmes que cuando el hombre emplea mal sus “cuerdas”, se transforma en una suerte de instrumento destemplado.

 

 

El ministro de Economía Martín Guzmán lanzó un paquete de medidas que genera resistencia.

 

 

Transitar la calma chicha del verano, gozar del cheque en blanco que significa estar recién asumido y, por, sobre todo, contar con la "chapa" de ser peronista (el tiempo determinará si más neoliberal, al estilo Menem; bolivariano, como los Kirchner; una combinación de ambos estilos -si eso fuera posible- o, lo más probable, algo distinto, que aún no terminó de emerger, con mixturas varias de las experiencias anteriores).

 

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