Opinión

 

Por qué en algunos temas Alberto Fernández se parece más a Mauricio Macri que a Cristina Kirchner.

 

No presiento una súbita caída al abismo o el ingreso al infierno, como profetizan algunos. Intuyo algo peor: un progresivo empobrecimiento de la vida cotidiana; una persistente y agobiante sensación de humillación; una devaluación progresiva de la inteligencia y la sensibilidad; una resignada convivencia con el hampa; un regodeo en el hábito de contemplar cómo crece la insignificancia de la Argentina en el mundo.

 

Bernard Williams sostiene que un anhelo exagerado de veracidad suele poner en marcha un proceso de crítica que debilita enormemente la convicción de que alguna verdad pueda expresarse en su totalidad.

 

Las señales del gobierno parcelado que debe soportar la Argentina siguen multiplicándose y profundizándose.

 

Este fin de semana, casi al mismo tiempo, el presidente del radicalismo nacional Alfredo Cornejo realizaba un gran encuentro partidario en Mar del Plata, mientras que el jefe de gobierno de la Capital Federal, Horacio Rodríguez Larreta visitaba al gobernador mendocino Rodolfo Suárez. Dos hechos simbólicos por demás.

 

A Axel Kicillof le gusta chocar siempre contra la pared. Ve que un bloque sombrío de cemento está cerca, pero no lo evita hasta que es demasiado tarde. Entonces, termina entregando hasta lo que no tiene.

 

“¿Hasta dónde pueden llevar a un hombre la fe y la obediencia absoluta a una ideología?”
-Leonardo Padura

 

El Gobierno esgrimió el tema como la preocupación central de su gestión. Un discurso repetido después de los últimos 3 gobiernos no peronistas

 

De vuelta de una gira de resultados excelentes (pero, ojo, hay que esperar el paso de las palabras a los hechos), Alberto Fernández tiene que empezar abrir un poco más su juego.

 

Todo terminó en un papelón. Por más que sus tiffosi quieran buscarle una racionalidad superior, por más que sus acólitos digan que “estaba todo fríamente calculado”, la bravata del Gobernador Axel Kicillof con los acreedores terminó en un hazme reír generalizado.

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