Política

Corrupción e inseguridad son los problemas que identifica más del 50 por ciento de los consultados en la primera semana de marzo por la encuestadora que releva datos para la mayoría de los dirigentes peronistas. Dos temas que incomodan al Gobierno por su permanencia en la conversación pública. No solo porque está revelando la impotencia de su estrategia de comunicación para imponer en ese debate una agenda propia. También porque no puede eludir la responsabilidad que le cabe en el criptogate y en los crecientes episodios de violencia. 

La degradación de la política argentina anteayer irrumpió en dos escenarios: el espectáculo de la Cámara de Diputados y los barrabravas convertidos en defensores de los jubilados, incentivados quizás con dinero -aunque eso les sobra- o con la garantía de impunidad de la que gozan desde hace muchos años. 

Una represión desproporcionada y una intervención brutal de Bullrich. El presidente quemó su Biblia extrema del Estado inexistente en Bahía Blanca. La implosión libertaria en el Congreso: pases de facturas y la sombra del escándalo $Libra.  

La vicepresidenta se diferenció de otros voceros del oficialismo que afirman que la protesta en el Congreso fue un intento de “golpe de Estado”.

Exitosos o no, se precipitan los acontecimientos políticos. Gobierno desorientado y una oposición que teme perder bancas en las próximas elecciones. Si así ocurriera, tendrá entonces menos oportunidad para intentar juicios políticos.

El cambio en el clima emocional del electorado; el costo político del “estilo Milei”; cruciales declaraciones de Luis Caputo: ¿en abril levantan el cepo?; Cristina Kirchner y el armado de la Corte; la gran batalla porteña.

En los últimos veinte días han sobrado las situaciones en las que el Gobierno ha intentado ocultar o disfrazar los hechos en su beneficio o para cobrarse cuentas con enemigos internos y externos 

El temporal en Bahía Blanca que conmovió al país logró el milagro de distraer por un rato la escalada propiciada por la Rosada contra Axel Kicillof, el enemigo deseado. Qué hay de cierto en el baño de sangre por la inseguridad. En su laberinto, el Congreso decide si le marca límites al Gobierno. 

Después de gruesos errores de comunicación de Santiago Caputo que resucitaron a la oposición, entró en escena el ministro de Economía para poner al tope de la agenda el acuerdo con el FMI. 

Existen todavía instancias que no aceptan la opción de Milei entre la guerra o la sumisión, aun cuando muchos elijan la obsecuencia 

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