Política

La gran pregunta es si la convulsa realidad de la oposición es un buen síntoma para el Gobierno o si enciende una luz de alarma que la Casa Rosada podría estar desatendiendo 

Cayeron muy, pero muy mal los dichos del Pontífice, sobre todo por el contexto en que sucedieron: cerca de Grabois, a poco de haber recibido a los sindicalistas y tras haberle dejado otras sensaciones a la ministra de Capital Humano. Descenso en el rating y en los sondeos, que no cambian las directrices.  

El presidente usa una estrategia similar a la de Néstor Kirchner: solvencia fiscal y confrontación con adversarios impopulares. En el caso actual, los sindicalistas de Aerolíneas Argentinas 

Hace justo un mes, el 21 de agosto, el juez federal Ariel Lijo fue interpelado por la Comisión de Acuerdos del Senado en su condición de candidato a miembro de la Corte Suprema de Justicia propuesto por el gobierno de Javier Milei. El dictamen de esa Comisión es fundamental para que el plenario de la Cámara alta pueda tratar el pliego de Lijo, cuya aprobación necesita del voto afirmativo de los dos tercios de los senadores presentes. Treinta días después, solo existen cuatro firmas favorables a Lijo en esa Comisión cuando se necesitan nueve para contar con la mayoría de sus miembros.

Hombre de fe, el papa Francisco: fogonea la candidatura de su favorito Juan Grabois como Presidente. Mujer de fe, Cristina Fernández de Kirchner: promueve en su atardecer la aspiración presidencial de su hijo Máximo. Otro hombre de fe, Javier Milei: llegado a la Casa Rosada, según él mismo reconoce, gracias a las diversas Fuerzas del Cielo que persisten en continuar su mandato luego del 2027. Demasiada propensión a la fe en estos referentes que invocan una sucesión natural, la dinastía propia, como si la sanación pasara por una realeza del Conurbano, una elite cartonera, la continuidad de un apellido o la autocelebración de un actor exitoso. Gente espiritual que espera un milagro. 

La ministra de Seguridad se ha convertido así en el arma con la que Javier Milei apunta a horadar lo que queda de Juntos por el Cambio 

Se distrajo la sociedad esta semana con la menudencia de la cena mientras la oposición exacerba un miedo ficticio jurando que Milei, gracias a su capacidad de veto, ahora puede convertirse en un Maduro encubierto, de derecha. 

Javier Milei está convencido de que su ejercicio del poder depende de mantener y profundizar la crisis del orden político que él representa. Una necesidad que lo condena a diferenciarse de lo que denomina la casta con mayor frecuencia. Pero que a la vez le impide proponerse liderar la transición hacia un nuevo orden. Es decir, ser el gestor de acuerdos que amplíen su base de sustentación política y lo doten de mayor gobernabilidad. 

El Gobierno busca sumar una pata pejotista, pero se conforma con la atomización de la oferta panperonista. Se da por hecho que habrá una división entre UxP y los federales de Schiaretti, pero se sigue con atención el desarrollo de la creciente tensión en el kirchnerismo. 

El incremento del 100% en la recaudación de las retenciones encendió alarmas; algunos empiezan a imaginar un nuevo “dólar soja”, mientras se sostiene la gran paradoja del anarcocapitalismo: odia que el Estado intervenga, pero regula el principal precio de la economía.

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