Política

Nada es lo que parece, pero todo es lo que parece. La política argentina ha ingresado en una fase extrema de desconfianza (y negación) mutua entre oficialismo y oposición. A contramano de lo que dice preferir una mayoría social, que en todas las encuestas premia a los moderados, los disensos les sacan cada día un metro más a los consensos y los rupturistas aventajan a los dialoguistas.

La Vicepresidenta le puso su sello a la reforma judicial en el Senado. Y le apunta ahora a la Cámara de Diputados.

Tanto el presidente Alberto Fernández como el gobernador bonaerense Axel Kicillof detectaron en los últimos días que el problema de la inseguridad es una preocupación sustantiva, presente hasta en la mayoría de sus propios votantes, y que tanto el auge de la delincuencia común como la inacción oficial frente al incremento de las usurpaciones de tierras estaban deteriorando su imagen en la opinión pública.

El presidente Alberto Fernández está decepcionado: su gobierno acaba de renegociar una deuda monumental y ha sacado al país de la situación de default que arrastraba desde más de un año atrás, y siente que, sin embargo, tanto la prensa más extendida como un sector apreciable y activo de la sociedad lo maltratan.

El renacido fenómeno de la ocupación de tierras es apenas la última imagen de una larga película, un ejemplo más de un Gobierno que simula hacer algo, se contradice y termina enredado en sus propias contradicciones. Donde algunos suponen amplitud ideológica, el nuevo peronismo muestra su propia confusión. No es variedad, es desconcierto.

Cristina Kirchner ofreció una nueva demostración de que su control del oficialismo es inapelable. Cuando Sergio Massa había alcanzado un acuerdo con la oposición para las sesiones de la Cámara de Diputados, una intervención de Máximo Kirchner rompió el puente.

 

Ayer, la vicepresidente criticó al presidente de la UCR, Alfredo Cornejo, en vísperas de la visita de Alberto Fernández a Mendoza. Las encuestas sobre el jefe de Gobierno. El doble juego entre moderados y duros

 

A diferencia de Alberto, Cristina es determinada. Muy determinada. Sabe lo que quiere. Y cómo conseguirlo. Además, posee una mirada sobre el futuro.

 

El escándalo que tocó las puertas del Congreso marca un punto de difícil retorno para una crisis que demanda acuerdos mínimos.

 

¿Quién controla el territorio? El conurbano, la geografía más poblada y diversa de la Argentina atraviesa un combo difícil que lleva a pensar, en muchos casos, que la situación podría descontrolarse con apenas un empujón. Las advertencias privadas son, por lejos, mucho más frecuentes que las públicas. Por ahora.

 

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