Política

¿A qué vinieron, Fernández? ¿A quedarse con la Justicia? ¿Por el copamiento institucional? ¿A servirle la Corte Suprema de Justicia en bandeja a la vicepresidenta?

 

La semana pasada titulamos nuestra columna “Se terminó la cuarentena” y el presidente nos dio la razón. Al día siguiente dijo “¿de qué cuarentena me hablan?”, entre otras cosas influido por los expertos que le aconsejaron no seguir mencionando el término. Esa redefinición no desalentó la movilización del 17A de todos modos. Vamos a tratar de despejar algunos elementos de lo que ocurrió el lunes pasado.

 

Eduardo Duhalde fue el último gobernador de la provincia de Buenos Aires con peso propio y armado independiente con los intendentes. No era un delegado del gobierno nacional.

 

Las piruetas del kirchnerismo para camuflar una amnistía dentro de la reforma judicial son un dudoso homenaje a la memoria de los aqueos. Mítico o, quién sabe, de base real, el Caballo de Troya fue cuanto menos ingenioso.

 

El gobierno por delegación ideado por Cristina Kirchner no está funcionando. El Presidente que eligió, Alberto Fernández, está desbordado. En 48 horas, entre el viernes y el sábado, dio señales inocultables de incoherencia.

 

El día después del multitudinario banderazo nacional contra el gobierno con epicentro en el rechazo a la reforma judicial y a la cuarentena sin fecha de vencimiento que impone la pandemia, en la Casa Rosada hubo miradas que no en todos los casos fueron coincidentes respecto del impacto de la demostración ciudadana de ayer en medio de la conmemoración sanmartiniana pero en especial sobre los efectos que podría tener hacia adelante en torno “al perfil” de la gestión de Alberto Fernández.

 

Puntual, a la hora señalada, comenzó la protesta social ("banderazo", se llama ahora) más multitudinaria que se haya hecho contra el gobierno de Alberto Fernández.

 

El oficialismo descalificó la protesta y cometió el error de no debatir políticamente. Además, adjudicó a Juntos por el Cambio una capacidad de convocatoria y organización de la que carece. Ahora, endurecería su posición y se espera una mayor tensión política

 

Alberto Fernández está atrapado en una perplejidad. Tiene 3 años de gobierno por delante, pero necesita ganar tiempo.

 

La Argentina es un caso epidémico y quizás por eso vive atada con alambres desde hace casi un siglo en la mayor parte de los renglones que se quieran abarcar, situación que horada la confianza de propios y extraños ya que va y viene por la historia montada en monumentales contrasentidos.

 

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