Política
La situación judicial de CFK generó un conflicto de poderes - Por Sergio Crivelli
Escrito por Sergio Crivelli
La embestida contra dos camaristas que entienden en la causa de los cuadernos deteriora el marco institucional en medio de una grave crisis económica y una emergencia sanitaria histórica.
Reforma y rencor - Por Roberto García
Escrito por Roberto García
El proyecto judicial otorgó a la oposición una causa para unirse y dejar atrás sus diferencias.
La inquietante oferta del kirchnerismo al macrismo: impunidad para todos - Por Sergio Suppo
Sergio Suppo
La defensa penal de Cristina Kirchner tiene varios caminos y distintas velocidades, pero un único común denominador: el uso intensivo del poder político para liberar de investigaciones y condenas a la jefa del oficialismo.
El problema que enfrenta el Gobierno son los hechos, no solo las palabras - Por Claudio Jacquelin
Claudio Jacquelin
Hace cinco días fue el presidente de la Cámara de Diputados, Sergio Massa. Ayer, le tocó el turno al nuevo comité de expertos que asesora al Presidente por la pandemia del Covid-19.
En medio de esos dos hitos, pero también antes, la comunicación del Gobierno se ha vuelto motivo de discusión, de críticas y de rectificación puertas adentro del oficialismo. Apenas un síntoma de que algunas políticas no están funcionando bien y de que los resultados no son los esperados o prometidos. No solo en materia de información y difusión.
Ciertos aspectos del proyecto de reforma judicial en sí, algunos nombres polémicos de los asesores para analizar cambios en la Corte Suprema y la más que difundida desnaturalización de la iniciativa original tras el paso por la aduana del Instituto Patria constituyeron una reafirmación de sospechas sobre los supuestos objetivos subalternos de la iniciativa. El problema no estuvo solo en cómo se la presentó ni en cómo se la difundió.
Muchas de las presunciones sobre los reales objetivos que animan al oficialismo respecto del Poder Judicial cobraron más fuerza ayer, después de que el cristinismo provocó desde el Senado un auténtico conflicto de poderes.
Impuso su mayoría para desoír una decisión judicial y avanzar con la revisión de las designaciones de dos camaristas que deben fallar en causas en las que está acusada Cristina Kirchner. Dos alfiles de la vicepresidenta y titular de la Cámara alta, como Anabel Fernández Sagasti y Mario Pais, fueron los senadores encargados de ponerle palabras y acción a una decisión que lleva la impronta de la defensa cristinista. Otra nube sobre la narrativa de la despolitización de la Justicia. Hechos por sobre las palabras
Las evidencias obligan así a revisar la máxima de que el problema del Gobierno es que "no vende bien lo que hace". Dado el carácter transaccional que Massa le impone al problema, tal vez convenga revisar por qué los receptores "no lo compran".
El manejo de la pandemia del Covid-19 parece ser otro buen ejemplo. Nada puede explicar mejor el enojo presidencial con la enunciación de la palabra cuarentena que la admisión de los intendentes del Gran Buenos Aires de que en esa área el distanciamiento social lo incumplen el 60% de los habitantes. Tienen razón Fernández y sus asesores: no se puede hablar ya de cuarentena.
La hipótesis contrafáctica de que hoy, después de cinco meses de aislamiento obligatorio, estaríamos peor si se hubieran adoptado otras medidas, como las aperturas parciales y temporales más tempranas, es una discusión que se ha vuelto abstracta para más de la mitad de los habitantes del área metropolitana (AMBA).
Aun muchos de los expertos que han asesorado al Presiente desde el primer día, como la epidemióloga Florencia Cahn, admiten que la "cuarentena" se ha vuelto demasiado larga.
Era lo que preveían y advertían varios especialistas (silenciados) cuando se lanzó el temprano confinamiento, al que ellos adherían, pero con la prevención de que se llegaría a septiembre en ese estado, salvo que se adoptaran períodos de aperturas y cierres. No se hizo y en el área metropolitana hay casi 15 millones de personas que desde hace 148 días ven restringida o radicalmente alterada su cotidianidad, con consecuencias concretas en sus vidas, muchos de ellas negativas y palpables. Hechos.
Las evidencias demuestran que no se trata de discutir la eficacia de las medidas de aislamiento ante una pandemia de un virus de altísima contagiosidad, aunque algunos sectores extremos lo hagan. Igual que niegan que la Tierra sea esférica o la eficacia de las vacunas. Lo que está en cuestión es la forma en la que se aplicó el distanciamiento a lo largo del tiempo, así como la infalibilidad de la que se lo revistió.
También, es obvio, se pone en discusión cómo se lo comunicó o se "lo vendió", diría Massa. El tiempo necesario para la puesta en condiciones del sistema de salud fue confundido, deliberadamente, con el período del riesgo de contagios comunitarios. Eso podría responder a la pregunta que se hacen muchos: "¿Por qué estábamos totalmente encerrados hace cuatro meses, cuando había 100 casos por día, y ahora, que hay más de 6000, están las calles repletas”? Un problema para el sentido común. O para la lógica.
La vista puesta en el minuto a minuto por la imprevisibilidad de los acontecimientos y el carácter inédito de los sucesos, sumado a la existencia de problemas estructurales y demoras para atender la contingencia, explican tanto la postergación de decisiones como la aplicación de disposiciones cuyo cumplimiento se agrieta día tras día.
Es el resultado, en muchos casos, de la aplicación de la política de gestión de riesgo, que no es lo mismo que la de crisis, explican expertos en comunicación a los que el Gobierno ha consultado. La táctica manda, desde lo comunicacional, a exponer el peligro, a destacar la amenaza presente. No hay perspectivas ciertas ni concretas. El problema es que su eficacia es temporalmente finita. La evolución a la baja en las encuestas sobre la imagen presidencial y la gestión de la pandemia, así como las conductas ciudadanas lo confirman.
Por eso, el nuevo panel de expertos en salud le aconsejó al Presidente mostrar un horizonte. Definir tiempos. Ofrecer posibles salidas. El impacto económico, laboral, social y emocional de la pandemia (también de la cuarentena) está llegando a cimas inquietantes.
Algunos miembros del oficialismo que no habitan en la Casa Rosada ni en Olivos comienzan a proponer la misma receta en otras materias, sobre todo en el área económica, que la que propone el multidisciplinario equipo sanitario.
Los frentetodistas críticos reforzaron su idea después de que varias aristas del mismo problema quedaron de manifiesto esta semana ante la publicidad, por parte del Ministerio de Desarrollo Productivo, de indicadores que mostrarían la recuperación de la actividad económica y, casi en simultáneo, la difusión de las cifras sobre el aumento del desempleo, que hizo la UCA. Las realidades percibidas y las evidencias estadísticas no siempre van de la mano ni resultan igualmente verosímiles.
La comunicación (y la oportunidad) le jugó, otra vez, una mala pasada a una de las carteras más activas en estos meses pandémicos. O, en realidad, resaltó la limitación de muchas políticas frente a las restricciones y demandas que impone la realidad. Hacer y decir van de la mano, aunque Perón las contrapusiera en una de sus exitosas antinomias retóricas.
Tal vez por eso las buenas noticias duran tan poco y cuesta tanto venderlas. El principio de acuerdo con los bonistas por la deuda bajo legislación extranjera tuvo el fulgor de un fuego artificial, a pesar de ser un hecho positivo (aún por terminar de cerrarse), así como el anuncio de la fabricación de una posible vacuna contra el Covid-19 quedó opacado por las discusiones de la cuarentena. Los problemas reales y concretos, presentes y, sobre todo, por venir tienen un peso específico y una densidad difíciles de dispersar en el ánimo colectivo.
Aunque al Presidente le disguste también esa palabra, desde sus mismas filas empiezan a demandarle un plan. Es algo más que una disputa semántica o un problema de comunicación. Hechos.
Claudio Jacquelin

Nueva etapa: Alberto ya no habla de "apretar el botón rojo" y elimina del diccionario la palabra cuarentena - Por Mariano Obarrio
Escrito por Mariano Obarrio
En menos de 48 horas, el presidente Alberto Fernández cambió el “botón rojo” por “trazar un horizonte” y “dejar de hablar de cuarentena”.
Ingresó así en una nueva fase de la pelea epidemiológica: la psicológica y comunicacional. En esta semana, la Casa Rosada recibió información y encuestas que revelan el profundo hartazgo de la ciudadanía por el encierro de 150 días por el coronavirus. Por primera vez la imagen negativa de Alberto superó la positiva.
El cambio de estrategia obedece al agotamiento social, la inevitable debacle económica, la destrucción de puestos de trabajo y los escasos resultados sanitarios que tiene para mostrar, con aumentos de casos y fallecimientos.
El anuncio de la fabricación de la nueva vacuna del laboratorio AstraZéneca en la Argentina sólo fue un alivio que el Presidente buscó potenciar para descomprimir el malestar social previo al anuncio de que el lunes 17 la cuarentena seguirá igual que ahora, con algunos pocos cambios en la Ciudad de Buenos Aires.
La nueva “fase” psicológica y comunicacional de la cuarentena tendrá las siguientes pautas:
- Desaparece la palabra “cuarentena”.
- No hay marcha atrás en las fases.
- Apelar a la responsabilidad individual y social.
- Flexibilización de a poco, pero continua.
- Se unieron los psicólogos, psiquiatras, antropólogos y sociólogos que venían trabajando en el Ministerio de Salud.
En la provincia de Buenos Aires, el gobernador Axel Kicillof no aplicará ningún cambio. El jefe de Gobierno porteño, Horacio Rodríguez Larreta sólo reanudará los deportes individuales, tenis, golf y remo, más una reapertura en comercios de las estaciones de Once y algunas en Retiro y Constitución. Postergó la reapertura de plazas, bares y restaurantes con mesas en el exterior.
Según pudo saber A24.com, en la intimidad de la Presidencia se profundizó el malestar esta semana porque el promedio de fallecimientos ronda los 150/200 por día y el número medio de contagios está superando los 7000. “Encerramos a todos durante 150 días y los resultados no están acompañando”, dijo un funcionario que conoce a fondo las preocupaciones del palacio.
Los sondeos reservados hablan con mucha certeza del nivel de cansancio de la gente. “Hay que encontrarle una salida a la cuarentena. No podemos seguir cerrando porque ya nadie la acata. Y si abrimos se multiplican los contagios”, agregó otro funcionario.
En ese escenario de tensiones, el ministro de Salud bonaerense, Daniel Gollán, puso en duda que en la próxima temporada de verano la gente pueda irse de vacaciones y movilizarse por el país. Sus declaraciones cayeron tan mal en la prensa que recibió un pedido de Balcarce 50 de relativizar esos pronósticos.
Gollán terminó diciendo que fue sacado de contexto por el Grupo Clarín y que si había un tratamiento terapéutico con plasma o una vacuna se podría programar la temporada estival.
El escenario es preocupante, aunque no de colapso. La Argentina tiene 11,25 fallecimientos cada 100.000 habitantes. La cifra comenzó a crecer en las últimas semanas en muertes diarias; llegó el 11 de agosto a 303 y el 12 a 158.
Aún es bajo si se lo compara con Suecia (56,71), España (61,08), Italia (58,28), Estados Unidos (50,35), Brasil (48,58), México (42,74), Reino Unido (70,01), Chile (54,34) o Perú (67,21).
Es alto frente a Noruega (4,82), Uruguay (1,07), Paraguay (1,24), China (0,33), India (3,41), o Venezuela (0,82), aunque estos tres últimos países tienen cifras que merecerían un mayor análisis.
Pero en cantidad de contagios, la Argentina está superando a Alemania, Reino Unido, Italia y Francia, que fueron los escenarios más tensos en marzo y abril. La curva de casos positivos no parece aplanarse, sino que progresivamente sube y nadie encuentra la cima.
Es por ello que el martes último, Alberto dijo que “estamos en el peor momento” en el AMBA y, si bien descartó volver a una cuarentena estricta, advirtió que “el botón rojo siempre está a mano porque la preservación de la salud es lo importante”.
Sin embargo, cuando anunció la fabricación de la vacuna de AstraZéneca en el laboratorio Mabxience, de Hugo Sigman, con el financiamiento de la fundación de Carlos Slim, dijo en Olivos una frase sugestiva: “Que a mí me sigan hablando de cuarentena es algo que me asombra”. Despuntó allí la nueva estrategia comunicacional.
Se completó ayer cuando se reunió con los infectólogos, esta vez acompañados por especialistas en salud mental. Allí se convino la idea de “plantear un horizonte” para la gente y de "dejar de hablar de cuarentena", tal como hizo el Presidente anteayer.
No obstante, la estrategia contempla seguir con la concientización. La única herramienta a mano para lograr el distanciamiento social es la apelación a la “responsabilidad social”. Y por allí irán tanto el Presidente, como Kicillof y Rodríguez Larreta. Alberto dijo que los ciudadanos “se relajaron equivocadamente” y anunció que “seguirá reclamando responsabilidad” para que la gente acate el encierro.
“La vacuna es una solución para el futuro y no para el presente. En el presente los casos crecen y los fallecimientos crecen. Y eso depende esencialmente de la conducta ciudadana o social. Todos vemos que las actividades se han liberado en gran medida. Que a mí me sigan hablando de cuarentena es algo que me asombra. La gente sale, se cuida con barbijo, algunos respetan la distancia social, los negocios están abiertos, tanto en la Ciudad y Gran Buenos Aires”, resumió su nueva postura Alberto Fernández en Olivos.
Es por eso que la reunión de expertos en Olivos tuvo ayer nuevos integrantes. Estaban los infectólogos de siempre: Pedro Cahn, Mirta Roses y Gustavo Lopardo; uno nuevo, Javier Farina; y un psiquiatra, Santiago Levin; la psicóloga Alicia Stolkiner y el sociólogo e investigador Juan Piovani. Esta vez, el cónclave tuvo un carácter mutidisciplinario. Sólo después de ello, se reunió con Kicillof y Rodríguez Larreta para repasar los números y los anuncios de este viernes, cuando se prorrogará el aislamiento social.
Con los nuevos expertos, se convino en privilegiar la salud mental.
“Evaluamos de manera muy positiva la estrategia sanitaria del gobierno nacional”, dijo uno de los expertos que participó. Sin embargo, dejó algunos llamados de atención. “Estamos casi todos de acuerdo en el ‘qué’ y la discusión final es el ‘cómo’”, señaló otro. “Se convino comunicar un horizonte temporal, sin mentir. La vacuna abre una oportunidad única. También hay que dejar de hablar de cuarentena”, señalaron en la Casa Rosada a A24.com.
También se acordó en “hacer mucho hincapié en la salud mental del personal de salud, hay un sufrimiento marcado, un cansancio, necesitan mayor cuidado y perspectiva temporal”.
Los infectólogos destacaron que “la tasa de letalidad continúa en el 2%, lo que significa que se están haciendo cosas bien y el sistema de salud está respondiendo”.
Un agrupamiento similar hizo Axel Kicillof, quien también integró a su mesa de interconsulta a nuevos especialistas multidisciplinarios. "Los especialistas hicieron hincapié en continuar impulsando el uso de tapabocas, el distanciamiento físico y controlar la circulación, ante el crecimiento de los casos", explicaron desde la gobernación. Ya no hablaron, como otras veces, de tomar medidas más duras.
Mariano Obarrio

Pese al lenguaje estatista, Alberto Fernández priorizó un emprendimiento británico y a dos empresarios privados.
La Argentina y la persistente construcción de una republiqueta - Por Carlos Pagni
Escrito por Carlos Pagni
Desde hace muchos años, la Justicia en el país está politizada. El avance de la corrupción agrega otro problema: la política se ha judicializado. Estas distorsiones consiguieron lo que parecía imposible: que el frío ajedrez de los procedimientos adquiera una inusual vibración emocional.
Señores lectores: no, no se pongan contentos, ni salgan a festejar. Las reuniones masivas, los espectáculos con público, las clases, los encuentros familiares, los viajes, etc. etc. siguen prohibidos por efecto de la pandemia. Solo que, consciente o inconscientemente, la mayoría de la sociedad dio por terminada la cuarentena. ¿Cómo es eso?
Cuarentena, vacuna y fatiga colectiva: el Gobierno expone una señal positiva y a la vez reparte culpas - Por Eduardo Aulicino
Eduardo Aulicino
El Presidente anunció la producción local de una vacuna contra el coronavirus. Es uno de los proyectos internacionales más sólidos, con expectativa para el año próximo. No hubo sorpresa. Y fue notoria la descarga de responsabilidades frente a cifras de contagios en aumento
"No podemos decir que Lilita volvió cuando en realidad nunca se fue", coinciden en señalar dentro de la Coalición Cívica. Y tienen razón.
Si bien Elisa Carrió dejó su banca en la Cámara de Diputados y se alejó de la cotidianeidad política, no lo hizo de la toma de decisiones y del seguimiento de los temas de agenda pública más destacados. De todos modos, para que ese alejamiento fuese aún más pronunciado, ayudó mucho la cuarentena que se dictó a mediados de marzo. Carrió la cumple aislada en su casa de Exaltación de la Cruz que no abandonó desde entonces, entre otras cosas, porque debe cuidarse como paciente de riesgo por su diabetes y su hipertensión. Aconseja a todos sobre el cuidado sanitario, pero cree que llegó el momento de ponerle el freno al Gobierno, que "estableció un estado de sitio de hecho", como señaló esta semana.
Cuentan que también habla mucho con su amiga Paula Oliveto y con Juan López y la legisladora bonaerense Maricel Etchecoin. El único que la visita en persona es el diputado porteño Facundo Del Gaiso.
Sin embargo, es notorio que Carrió volvió a estar más activa. Si bien nunca dejó de informarse y asesorar estratégicamente al bloque de diputados de la Coalición Cívica, dialogando diariamente con su delfín en el Congreso, Maximiliano Ferraro, a quien delegó las relaciones institucionales con las otras fuerzas políticas y bloques que forman parte de Juntos por el Cambio, esta última semana su reaparición hizo mucho ruido.
La reforma judicial fue un detonante
Uno de los temas que puso en guardia a Carrió y la mostró más presente públicamente estos últimos 10 días, es el proyecto de reforma del Poder Judicial que intenta aprobar el Gobierno. "Es un tema muy sensible para ella, por eso está muy atenta y presente en los temas institucionales, judiciales, que es una posición histórica de Lilita y de la Coalición Cívica, ahí no vacila, nos pide firmeza y contundencia", coinciden en el bloque de la CC y aprovechan para recordar que fue la propia Carrió la que empujó un pedido de juicio político contra el exministro de Justicia de su propio gobierno, Germán Garavano, por "mal desempeño y eventuales delitos en el ejercicio de sus funciones".
En menos de una semana Carrió impulsó que se investigue el posible abuso de autoridad por parte del presidente Alberto Fernández al designar en la Comisión de Asesoramiento para la reforma judicial a Alberto Beraldi, actual abogado de la vicepresidenta Cristina Kirchner, y León Arslanian, abogado del extitular de la AFIP Ricardo Echegaray. Además, denunció que "la pandemia está siendo usada con el objetivo de establecer un estado de sitio" y criticó duramente el decreto que prohíbe las reuniones sociales: "Creo que Alberto y Cristina son lo mismo porque son fascistas en el fondo. Pero lo que no pueden hacer es como un modo de estado de sitio que el Presidente decida penas privativas de la libertad y prohíba las reuniones".
Y coronó su raid opositor llevando adelante dos denuncias. Una formal contra el presidente Alberto Fernández, el ministro de Desarrollo Productivo, Matías Kulfas, y a la secretaria de Comercio, Paula Español, por el delito de incumplimiento de los deberes de funcionario público por dejar acéfala la Comisión Nacional de Defensa de la Competencia, la oficina del Estado destinada a regular abusos en el mercado, un proyecto de uno de sus "lilitos", el legislador Hernán Reyes. "La van de progresistas, pero teniendo una herramienta para ordenar el mercado no la utilizan y terminan defendiendo a los grandes grupos concentrados que se cartelizan y obligan al consumidor a comprar con precios que ellos imponen", argumentó Carrió.
La otra denuncia fue pública. A través de un audio a sus dirigentes donde pide defender al procurador Eduardo Casal de la embestida del kirchnerismo al señalar que "la batalla la está perdiendo Cristina Kirchner, con lo cual va a ser todavía más brutal todos estos meses".
Este regreso de Lilita Carrió hizo más ruido afuera que adentro de la Coalición Cívica. Algunos hablan de "efecto Carrió", ya que la dirigente chaqueña logró endurecer a toda la oposición que se siente condicionada por sus apariciones. Carrió tensa el discurso y obliga. No en vano los bloques que componen Juntos por el Cambio rechazaron la posibilidad de debatir la reforma judicial en el Congreso de modo virtual, incluso cerró toda posibilidad de diálogo con el Gobierno para negociar una modificación en la Corte Suprema de Justicia. Si hubo algún dirigente opositor que pensó en esa posibilidad, Carrió inmediatamente dejó en claro que para eso no cuenten con ella.
"El efecto más que nada es porque sigue siendo una voz importante. Y puede serlo sin ningún cargo, su historia y legitimidad la habilitan para eso", destacan a su alrededor. Hasta se llegó a hablar de una posible candidatura de Carrió en la provincia de Buenos Aires, algo inmediatamente desmentido en su entorno. "Lilita no quiere ser candidata, quiere trabajar, recorrer el país, pero no la desvela volver al Congreso. Además, falta mucho, no es un tema que ella quiera analizar ahora en medio de una pandemia, con una crisis económica histórica y con el proyecto de reforma judicial en marcha", señala una de las dirigentes más cercana. Y aclara: "Lilita no quiere que la utilicen postulándola para ordenar el frente interno".
"Hay un sector de la sociedad que se moviliza y se identifica con los valores republicanos, seguramente Carrió es la que mejor los interpreta. Eso puede funcionar en la ciudad de Buenos Aires, pero en el conurbano hay que hablar de inseguridad, de mano dura, de pobreza, hay que endurecer el discurso y ahí no la veo cómoda a la doctora", cuenta un dirigente bonaerense del PRO, que no la ve como una solución electoral en ese territorio.
Habla, no tan seguido, pero con frecuencia, con Mauricio Macri y con María Eugenia Vidal. Mantiene un contacto muy estrecho con su amigo Mario Negri y sostiene una alianza estratégica con Horacio Rodríguez Larreta y Diego Santilli, con quienes conversa casi cotidianamente. Carrió cree que el jefe de Gobierno porteño es el apuntado por los dardos kirchneristas y llamó a defenderlo, incluso alertó por la tibieza de algún sector de la alianza opositora que no reacciona a tiempo.
"Tenemos que ser implacables cuando el Gobierno hace abuso de poder, contra la corrupción y la impunidad, pero no somos Bullrich, nosotros vamos por la moderación", suele decir Carrió. Lo que explica su apego al estilo más templado de Rodríguez Larreta.
Carrió sabe que su mayor fortaleza dentro de Juntos por el Cambio es el poder de veto. Y eso incomoda a sus aliados, sobre todo en CABA, donde su presencia y opinión en la discusión sobre el armado de las listas puede imponerse el año próximo. Los radicales saben de esto.
En poco más de una semana el mapa político argentino comenzó a sentir el "efecto Carrió". Endureció a la oposición, cargó muy duro contra el Gobierno en un tema que creía estar llevando bien como el manejo de la pandemia e hizo pensar a los dirigentes más encumbrados de Juntos por el Cambio que, cuando llegue el momento de hablar de candidaturas, Lilita sin ser candidata puede llegar a ser la gran electora. Un poder que conoce, que no confió a nadie y que sabe utilizar.
Daniel Santa Cruz

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Reelecciones, Pandemia e Inseguridad, Buenos Aires busca su propio replanteo - Por Sebastián Dumont
Sebastián Dumont
La reunión se produjo hace 10 días en un distrito del interior bonaerense ubicado al oeste, donde un grupo importante de concejales con representación política importante en sus distritos dieron el primer paso. Es algo de aquello que ya se habla entre los intendentes del conurbano con más frecuencia de lo que parece: la traba a las reelecciones de los mandatos.
Horacio Rodríguez Larreta, el enemigo imperfecto de Cristina Kirchner - Por Laura Di Marco
Laura Di Marco
Nunca hablaron y casi ni se conocen. Solo una vez se saludaron, al pasar, en un aeropuerto. Aquel día, Horacio Larreta vio a Cristina desde lejos y se acercó para estrecharle la mano.
A mediados de abril, en una cumbre en Olivos por la renegociación de la deuda, en la que el jefe porteño apareció sentado junto al Presidente y su vice, Cristina entró al salón y enfiló directo hacia su silla evitando, incluso, mirarlo (las reinas son así: no reconocen pares). La última semana lo subió al ring, pero Larreta no picó. Todavía. La radicalización de Cristina podría contaminar, a la larga, todo el escenario político, arrastrando, en su ola furiosa, a los moderados.
Azuzado por los ultras de su propia tropa, muchos se preguntan hasta cuándo podrá guardar silencio Larreta si ella lo elige, finalmente, como punching ball, tal como, en su momento, lo hizo con Macri. Una elección que resultó muy funcional para el expresidente porque terminó lanzándolo como líder de la oposición. Quién tiene un enemigo tiene un tesoro.
Pero si Macri era -y es- un enemigo perfecto para Cristina, entre otras cosas por la oscuridad de los negocios de su familia y la caída en picada en las encuestas (conserva una imagen positiva de, apenas, un 20 por ciento, mientras que la negativa ya supera a la de Cristina), la figura de Larreta no parece ofrecer flancos tan fáciles donde gatillar. Una curiosidad estadística: dentro del kirchnerismo ampliado (no el fanático), el jefe porteño es bien ponderado.
Según las mediciones de Poliarquía, Larreta y Fernández son actualmente los dos dirigentes más marketineros del país, muy por delante del segundo pelotón. La diferencia es que, mientras Alberto fue perdiendo capital político durante la gestión de la cuarentena, Horacio lo fue ganando.
La pérdida del poder transformó a Macri en un "halcón"; Larreta, en cambio, se volcó con más ahínco a la moderación, un activo muy valorado por la sociedad argentina, por fuera de las minorías rabiosas. Ese activo, que es un cuerpo extraño en el ADN cristinista, es el que petardea la vice con sus tuits. Alberto lo sabe, por eso, horas después del último ataque al jefe porteño, a quien el Presidente acusó de déficits en la atención de los adultos mayores, sus laderos llenaron el WhatsApp del alcalde con mensajes conciliatorios. "Nos sacaron de contexto", explicaron. Massa, uno de los mejores amigos de Larreta, suele oficiar de nexo entre ambos lados del mostrador. La reunión zen que mantuvieron el lunes por la noche, en Olivos, el Presidente y Larreta, en la que ni se mencionó a Cristina, ayudó a tranquilizar los ánimos. Es que, al contrario de lo que se había especulado, ambos acordaron a grandes trazos cómo seguir con la cuarentena, también en la ciudad.
Pero ¿por qué Cristina elegiría a un enemigo tan imperfecto como Larreta?
Por más que el análisis político tradicional imagine sofisticadas construcciones de poder, la verdad es más sencilla. Su psicología, su personalidad e, incluso, su historia de vida pesa mucho más en sus embestidas impulsivas que la supuesta ejecución de pensadas estrategias. Cristina siempre fue igual, desde la primaria, cuando en la escuelita Dardo Rocha, de Tolosa, rivalizaba, con ambición y voracidad, con el Larreta o el Macri de su infancia (se llamaba Santiago Alí) por su "proyecto hegemónico" de aquel momento: ser el mejor promedio de su clase.
Sus 16 compañeras de la secundaria, en el Colegio de la Misericordia, en La Plata, aún recuerdan a Cristina casi en los mismos términos -aunque, claro, con otros contenidos-, en que, muchos años más tarde, lo haría Vilma Ibarra, su excompañera en el Senado, en su libro Cristina vs. Cristina. Claro que, sobre esa personalidad, se montan las cuestiones políticas actuales: CABA y Córdoba son los dos principales obstáculos que encuentra para avanzar en su proyecto hegemónico territorial y el diseño de su plan sucesorio en favor de La Cámpora. La ciudad, que siempre le fue adversa, tiene el plus de ser el territorio de origen de la coalición opositora que la corrió del poder. Larreta, además, fue incluido en la lista negra desde que Cristina dictaminó que su fiscal general, Juan Bautista Mahiques, buscó influir en la causa por el memorándum con Irán, cuando era funcionario de Macri. Cuando lo peor de la pandemia pase, Cristina volverá a la carga con su proyecto de quitarles fondos de coparticipación a los porteños para debilitar a Larreta.
Con votos y poder, pero apartada del manejo cotidiano del Gobierno, Cristina parece sufrir el mismo síndrome que Néstor, cuando decidió cederle la presidencia. La impotencia para acceder a la botonera puede hacer explotar de furia a los omnipotentes.
Laura Di Marco
Ilustración: Javier Joaquín

Hace más de 200 días que Alberto Fernández se instaló en la Casa Rosada, pero aún se desconoce su plan de gobierno. Logró postergar el ajuste que exige la economía para evitar el caos, pero la hora de las definiciones llegará indefectiblemente.
El Gobierno puso en marcha esta semana las “mesas temáticas”, en rigor una serie semanal de reuniones acotadas del gabinete siempre encabezadas por Santiago Cafiero y la vicejefa de Gabinete, Cecilia Todesca.

