Política

Carlos Beraldi tiene fama de ser una buena persona y un buen profesional. A Rodolfo Canicoba Corral lo rodea el eco de haber sido un mal juez durante casi 30 años. Los dos expresan, cada uno a su manera y por motivos distintos, las razones por las que la reforma judicial que se conocerá hoy carecerá de consistencia política y de autoridad moral.

 

A Máximo Kirchner le gusta tomar whisky, igual que a su padre. No entra en disputas públicas, ni siquiera por las redes, a diferencia de su madre.

 

La condena a 8 años de prisión a Rafael Correa por el delito de cohecho ratificada por la Corte de Ecuador la semana pasada confirma una presunción del kirchnerismo: la Justicia es el principal obstáculo al proyecto de regresar al poder de los líderes latinoamericanos identificados con el populismo.

 

El Presidente restringe la actividad de sus aliados políticos. No quiere que Cristina Kirchner se enoje.

 

Al tiempo que el auge de la delincuencia ha crecido con particular fuerza como preocupación ciudadana en las últimas semanas, las políticas del gobierno nacional en materia de seguridad se han convertido en el aspecto más cuestionado por la opinión pública.

 

¿Por qué habla tanto el Presidente? Semejante intensidad resalta el atronador silencio de los popes oficialistas. Dicen poco o callan sindicalistas, legisladores y gobernadores. Hasta ministros. Algunos creen que nadie quiere exponerse hasta ver cómo sigue la relación entre el Presidente y su vice.

 

Esta semana empieza una etapa clave para el presidente Alberto Fernández. El Poder Ejecutivo enviaría el miércoles próximo al Senado los dos proyectos de ley de reforma judicial, que desatarán el mayor conflicto político con la oposición de Juntos por el Cambio.

 

Alberto Fernández intentará esta semana compensar lo que la gestión no le da ni la construcción política le presta. En vías de consumirse el sustento que le otorgó la administración de la pandemia, se propone relanzar el Gobierno con el anuncio de sesenta medidas económicas y tributarias, más el envío al Congreso del proyecto de reforma judicial. No le faltan ambición ni necesidades.

 

Con una frase, un importante funcionario que tiene su despacho fuera del radio de la Casa Rosada blanqueó por si hacía falta las razones de las internas en el gobierno y entre los bandos claramente definidos como “cristinistas” y “albertistas” que enrarecen el clima interno.

 

En el Gobierno preocupa la falta de eficacia en la gestión y apuntan a recuperar la iniciativa política, mientras envían señales favorables a un acuerdo con los bonistas

 

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