Política

Alberto Fernández asumió hace siete meses con la promesa de ser el presidente de todos, pero el jueves calificó a la oposición de “odiadores seriales”. La contradicción es producto de su prematuro desgaste y de las protestas sociales.

 

Mientras siguen los reproches, el Presidente avanza con la creación de un Consejo Económico a cargo de Gustavo Béliz

 

Tenía la capacidad de dividir a las dos coaliciones más importantes de la política. Lo defendieron y lo rechazaron expresiones de la gobernante alianza peronista, pero también de la opositora Juntos por el Cambio. Supo esconder una enorme fortuna personal entre familiares y amigos.

 

Mientras el Presidente encabezaba anteayer una terapia grupal de approach con la oposición para restablecer el diálogo político y pedir apoyo para un plan pospandemia, Graciana Peñafort, el alter ego judicial de Cristina, le apuntaba con saña a Mauricio Macri por su viaje a Paraguay.

 

Las palabras de Nicolás Kreplak hace un mes podrían convertirse en una profecía autocumplida si las próximas decisiones del oficialismo reflejan la preocupación de sectores cercanos a Cristina Kirchner. "Compro una cuarentena hasta el 15 de septiembre", dijo el viceministro de Salud bonaerense.

 

Los ministros presidenciales no se mostraron demasiado durante estos siete meses de gestión. Y cuando lo hicieron no fue para lucirse.

 

En el oficialismo se extiende la certeza de que el Gobierno deberá atravesar un recambio de figuras luego del acuerdo con los acreedores por la deuda

 

Alberto Fernández tiene que empezar a mostrar algo de gestión y, la verdad, es que hasta ahora no la ha tenido o no la ha mostrado más allá de los auxilios, los créditos, el IFE, que son paliativos mínimos. Han cerrado miles y miles de empresas, miles y miles de pymes. Se termina la cuarentena estricta, pero va a empezar a verse qué hay debajo de todo esto.

Las disputas políticas de la última semana, con chicanas entre el oficialismo y la oposición, reavivaron la grieta, que parecía haber quedado en el pasado.

 

Los costos de la pandemia y las consecuencias no deseadas de la interminable cuarentena empezaron a golpear al Gobierno. Lo que dicen las encuestas y lo que se insinúa en las calles no son construcciones opositoras. El desgaste de Alberto Fernández es un hecho que ya admiten sus colaboradores. Tanto como que es aprovechado por Cristina Kirchner y los sectores más duros de la coalición gobernante.

 

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