Salud

 

Antes, esta infección tropical estaba confinada a zonas donde el hombre no llegaba. Pero con el cambio climático y la globalización se ha esparcido a casi todos los rincones del mundo. No por nada el mosquito es catalogado por la OMS como el insecto más peligroso.

 

Cada vez hay más evidencia de cómo fármacos como las estatinas o los antidepresivos pueden alterar negativamente nuestra personalidad

 

Comprueban que nuestra temperatura corporal media ha bajado casi medio grado durante los últimos 150 años.

 

El estudio se ofrece en varios centros privados y en el Instituto Roffo de la UBA, a partir de la incorporación de nueva tecnología. Cada año se diagnostican en el país 1.300 casos de melanomas.

 

Ciertos alimentos influyen en nuestro cuerpo y también en nuestras emociones, armonizándolas o desequilibrándolas. Pitágoras, el padre del vegetarianismo, tenía este conocimiento y sabía qué alimentos y bebidas era necesario consumir para tener una vida plena en todo sentido.

 

La Anmat detectó alteraciones en la composición y gusto a solvente en la bebida Manaos-Felices fiestas.

 

Se viralizó en Facebook un mensaje de un joven que cuenta cómo fue su experiencia con la marihuana. Vale la pena leerla y compartirla.

Fue un testimonio personal, un dolor y una frustración que un joven quiso contar a sus amigos en Facebook. Lo posteó en su muro, en España. A lo largo de los meses, su post no sólo fue traducido por voluntarios a varios idiomas sino que no para de rebotar en las redes, generando conversaciones, confesiones, adhesiones, repudios.

La compartimos porque la naturalización del consumo de marihuana es peligrosa, como es riesgo el consumo de cualquier sustancia psicoactiva. Y porque la situación varía enormemente según la edad, el sexo, la frecuencia, la vulnerabilidad psíquica y genética de cada persona, la red de contención y otras tantas cuestiones que pueden hacer que fumar porros sea algo esporádico, recreativo, o una seria adicción.

Vale la pena leer este testimonio y, en todo caso, tomar decisiones con información para cuidarse más y cuidar mejor.

“Mi padres siempre me dijeron que la droga mata, pero yo veía muchos chicos fumar marihuana y ninguno se moría. Y veía también que mis amigos, cuando fumaban, empezaban a reírse y a divertirse. Me decían ´lo que mata es el cigarrillo de tabaco, por eso yo fumo marihuana´. Ellos fumaban y nadie mejor que ellos para decirme la verdad sobre si el porro era o no peligroso. Fui directamente a la fuente, a los que fuman, y me aseguraron que eran todas mentiras, que el porro sólo relaja y divierte. Que te sentís bárbaro. Que no había riesgo y que los caretas sólo quieren asustarte.

Marihuana terapéutica y porro: los diferentes usos de una misma planta

Lo curioso es que algunos padres de amigos también se habían dejado convencer. “Lo hacen todos, fuman en todos lados, es un pasatiempo. No hay nadie que no lo haga y la gente sigue con sus estudios o su trabajo sin problema. Peor es el alcohol.”

Todos fuman, dicen, y los padres quedan sin armas, se entregan. Si dicen que no o te hacen problema, parece que estuvieran en contra de la sociedad o que no entienden nada. Atrasan. No tienen onda.

Todos decían que fumar no hacía nada y me convencieron. Quería ser como ellos, reírme como ellos, sentirme especial como ellos. Lo probé y me desinhibí, era otro. Y estaba bueno, me gustaba hacerlo, me sentía seguro. Primero era cada tanto y de a poco lo empecé a necesitar. Para salir, para pasarla bien, para bajar la ansiedad, para disfrutar una película, para animarme a estar con una chica.

El porro me fue tomando. Empecé a fumar cada vez más seguido. Y empezó a haber problemas en mi casa, me empecé a distanciar, sentía que nadie me entendía, que el problema de mi vida eran ellos. En mi familia me decían que no se me podía hablar, que reaccionaba mal, que estaba irritable, siempre ajeno a todo. Yo les decía que no se metieran en mis cosas.

La marihuana deteriora la capacidad intelectual de manera irreversible

Cuando las cosas se ponían duras en el colegio, me fumaba un porro y me dejaba de preocupar. Todo estaba bien… Pero me fui alejando de mi vida. Hasta mi novia me dejó, pero ya no me importaba nada. Dejé de ir al club, dejé inglés, y empecé a pasar cada vez más tiempo con mis amigos del porro, incluso en horarios de colegio.

Mi mamá se enojaba porque a casa iba sólo a comer y a encerrarme en mi pieza. Y que generaba conflictos por todo. Juan, un amigo de la infancia que nunca consumió, dice que yo sentía que estaba bárbaro porque no me daba cuenta de la realidad. Que todo estaba muy mal y no lo veía, que hasta me bañaba poco y mi junta en la calle era cada vez peor.

Me costaba estudiar, me pasaba horas sobre la misma página del libro, no lograba memorizar ni concentrarme. Empezaba a olvidarme algunas cosas. Terminé repitiendo año y dejando la escuela. Todo se derrumbó.

Yo pensaba que la manejaba, que podía pasar días sin fumar si quería, pero siempre necesitaba tener una dosis diaria guardada, por la ansiedad y por el nerviosismo. En general, en algún momento terminaba fumando, aunque sea para dormir.

Algunos días no lograba sentirme bien con el porro y sumaba una cerveza. Y si entre el alcohol y la marihuana terminaba muy planchado, me enchufaba un poco con cocaína. Más de una vez me asusté porque sentí que el corazón se me salía del pecho.

11 resultados del estudio más exhaustivo sobre los efectos de la marihuana

De a poco, me fui dando cuenta que no podía parar. Todo se fue al diablo. Hoy tengo 24 años y estoy en una comunidad terapéutica. Mis padres, cansados de que yo siga “vegetando” sin concluir nada, me internaron. Yo me negaba, me peleé mucho, pero ellos me plantearon que si elegía seguir con la misma vida, no me iban a mantener más, que me tenía que ir de casa.

Yo no tenía manera de conseguir ningún trabajo, porque era un inútil, y las changas que conseguía no me alcanzaban para alquilar nada ni mantenerme. Entonces accedí. Pensé: “no tengo para alquilar o comer, me quedo en un centro de rehabilitación, así los dejo tranquilos por un tiempo y me dejan de joder”.

Nunca dejaré de decirles gracias. A las semanas de dejar el porro empecé a tomar conciencia de la realidad que vivía y cómo me había engañado durante años. La marihuana alteraba todo lo que yo veía y cómo lo percibía. Veía una realidad diferente a los que no fumaban. Vivía de sueño en sueño, de locura en locura… Me hacía unos castillos fantásticos, en el aire, pero después no concretaba nada. Y cambiaba mis proyectos semana a semana, año tras año.

A veces me siento como un estúpido, infantil, que llora por su mamá o por una pequeña frustración, y me da vergüenza verme tan detenido, tan inmaduro. Es como si hubiera dejado de crecer el día que me enganché y me enamoré de la marihuana. No aprendí a resolver problemas, no aprendí de las experiencias, todo lo tapaba con un porrito. Me sentía muy capo, muy vivo, y todos mis pares avanzaron y progresaron y yo sigo como un adolescente, sin rumbo, vulnerable, quebrado.

Hablemos de drogas: cómo detectar si tu hijo consume

Cuando entré al centro de rehabilitación no me quería quedar porque había varios chicos chapita-chapita, y yo era sólo marihuanero. Pero después supe que empezaron como yo, enamorándose del porro. Escuchaban voces (alucinaciones auditivas), hablaban solos y no coordinaban mucho lo que decían, a pesar de estar ahí desde hacía varios meses sin consumir drogas.

Después me explicaron que la marihuana en algunas personas desencadena una psicosis (no tener contacto con la realidad, entre otras cosas), y que algunos mejoran con medicación si no fuman más marihuana pero otros jamás se recuperan de su enfermedad mental.

Para entender un poco mejor empecé a leer, y supe que las drogas estimulan la liberación de una sustancia (neurotransmisor) que se llama dopamina. Esta sustancia estimula una zona del cerebro, que se llama Centro de Recompensa, dando como resultado una sensación de placer. La persona quiere repetir esta sensación y, para lograrlo, debe aumentar de a poco la frecuencia y la cantidad del consumo, y se hace cada vez más difícil decir que “no” a “eso” que te da placer y que, encima, “todos hacen”.

Cuáles son los efectos de la marihuana en el cerebro

A medida que se aumenta el consumo, las neuronas se acostumbran, se van adaptando al nuevo invitado químico, y se hace cada vez más difícil o imposible dejarlo. Es que la adicción es una enfermedad: intervienen mecanismos biológicos, no sólo psicológicos y no se cura sólo con la voluntad.

La propiedad mágica de la droga es que hace sentir placer inmediatamente. Pero es importante que alguien te diga la verdad: uno se enamora, se casa, y lo más triste es que no te podes divorciar. Si te dicen que el porro no hace nada, por favor, al menos, no les creas”.

 

 

El panorama se hace cada vez más alarmante: Confiscan camiones llenos de pastillas, niños que toman las píldoras, encuentran pastillas en los bolsillos de terroristas muertos.

Se le dijo al mundo que las pastillas eran más seguras que el oxycontin, vicodin y los fentanilos, que han causado tantos estragos en Occidente. Pero ahora están en el epicentro de lo que las Naciones Unidas llama "la otra crisis de los opioides", una epidemia que no genera tantos titulares como la de Estados Unidos pero que está teniendo efectos devastadores en los países más vulnerables del planeta.

El abuso del opioide tramadol abarca continentes, desde la India hasta África y el Medio Oriente, creando un descalabro internacional que los expertos atribuyen a lagunas en las regulaciones de los narcóticos y a malas evaluaciones de los riesgos de la droga.

Se dijo que este opioide producido por el hombre podía aliviar los dolores sin generar abusos. A diferencia de otros opioides, el tramadol es de venta libre y no está sujeto a los controles internacionales de medicamentos más peligrosos. Pero el abuso es tan grave hoy que algunas naciones están pidiendo la intervención de las autoridades internacionales.

EL LABORATORIO

Grunenthal, la compañía que produjo originalmente el medicamento, quiere que las cosas queden como están. Dice que las regulaciones internacionales dificultan el acceso a las medicinas en países con sistemas de salud desorganizados y que incorporar al tramadol a la lista de sustancias restringidas privará a los pacientes de esa droga.

"Es un gran dilema de salud pública", dijo Gilles Forte, secretario del comité de la Organización Mundial de la Salud que recomienda qué sustancias deben ser reguladas. El tramadol está disponible en zonas de combate y en naciones pobres porque no está regulado. Y se lo usa ampliamente por las mismas razones. "Es muy difícil encontrar el equilibrio justo", afirmó Forte.

Tramadol no es tan letal como otros analgésicos, pero numerosos gobiernos se han dado cuenta de que de todos modos conlleva riesgos y están tratando de controlar su venta. Punjab, estado del norte de la India, acaba de sumarse a esa batalla. Hay pastillas por todos lados. Se vende en farmacias y también abundan las imitaciones en la calle.

Este año las autoridades confiscaron cientos de miles de pastillas, prohibieron la mayor parte de las ventas en las farmacias y cerraron centros de producción de pastillas falsas, lo que hizo que el precio de diez pastillas suba de 35 centavos a 14 dólares. El gobierno abrió una red de centros de atención, temerosos de que quienes se hicieron adictos empiecen a usar heroína en un acto de desesperación. Cantidades de personas buscaron ayuda para lidiar con intensos síntomas de abstinencia.

COMO LA COMIDA

Para algunos, el tramadol es tan vital como la comida.

"Si no comes, te sientes hambriento. Lo mismo te pasa con esto", dijo Deepak Arora, soldador de un taller mecánico de 30 años que llegó a consumir 15 pastillas diarias y a robarle a su familia para comprarlas. "Eres como un muerto".

Jeffrey Bawa, funcionario de la Oficina de las Naciones Unidas sobre Drogas y Delincuencia, se dio cuenta de lo que estaba pasando en el 2016.

La policía empezó a encontrar pastillas en los terroristas, que las trafican para financiar sus actividades, según Bawa.

La mayoría provenían de la India, que tiene una pujante industria farmacéutica impulsada por medicamentos genéricos baratos. Los laboratorios producen imitaciones y las distribuyen por todo el mundo, en dosis que exceden por mucho los límites permitidos.

Las autoridades dijeron en el 2017 que habían confiscado un cargamento de tramadol valuado en 75 millones de dólares que estaba destinado a la organización Estado Islámico. También interceptaron 600.000 pastillas para Boko Haram. Otros 3 millones fueron encontradas en una camioneta en Níger, en cajas que tenían el logo de la ONU para disimular. El organismo advirtió que el tramadol estaba teniendo "efectos desestabilizadores en la región".

Grunenthal, no obstante, hace fuerza para que el tramadol no sea regulado. Financió varios estudios según los cuales su regulación impediría combatir los dolores y envió gente a la OMS para exponer la tesis de que la pastilla es menos riesgosa que otros opioides.

El portavoz Stepan Kracala dijo que la regulación podría tener efectos contraproducentes y hacer que pacientes desesperados acudan al mercado negro si no hay opciones legales.

Eso es lo que pasó en la India, que reguló el tramadol en el 2018. Los reguladores dijeron que las exportaciones y el abuso a nivel interno mermaron. Pero reconocieron también que es prácticamente imposible contener el abuso y las exportaciones ilegales en un país con una industria farmacéutica enorme. Sigue siendo fácil encontrar tramadol.

Parada en la entrada de su casa, Jyoti Rani señaló hacia varias viviendas de su barrio de Kapurthala donde dijo que se vendía el medicamento. La adicción de Rani comenzó cuando falleció su hijo de 14 años y ella cayó en un estado de depresión.

"Me quería matar, pero terminé haciéndome adicta", manifestó entre lágrimas. Un médico le recetaba tramadol para combatir sus adicciones, y lo único que hizo fue generar una nueva adicción. Ahora es una de unas 30.000 personas de Punjab que van a clínicas del gobierno a recibir tratamiento diario.

Información del Proyecto Opioides en el Mundo:

https://www.apnews.com/GlobalOpioids

Emily Schmall y Claire Galofaro

 

El hantavirus es una enfermedad viral aguda grave, causada por el virus Hanta. Los ratones silvestres (principalmente los colilargos) lo transmiten a las personas, eliminando el virus en la saliva, las heces y la orina.

Un nuevo brote detectado en los lagos de algunas zonas de la Patagonia podría instalar la alerta nuevamente en la sociedad, y es importante conocer las formas de prevenirlo.

La vía de contagio más frecuente es por inhalación y ocurre cuando respiramos en lugares abiertos o cerrados (galpones, huertas, pastizales), donde las heces o la orina de los roedores infectados desprendieron el virus contaminando el ambiente.

"Otras formas de contraer la enfermedad son por contacto directo, es decir, al tocar roedores vivos o muertos infectados, o las heces o la orina de estos roedores; por la mordedura de un roedor infectado; y por vía interhumana cuando hay contacto estrecho con una persona infectada durante los primeros días de síntomas, mediante la vía aérea", detalla el doctor Manuel Molina Pico, director médico de Vittal.

Desde la institución destacan que los síntomas del hantavirus se parecen a un estado gripal: fiebre, dolores musculares, escalofríos, cefaleas (dolores de cabeza), náuseas, vómitos, dolor abdominal y diarrea.

Después de algunos días puede aparecer la dificultad respiratoria, agravándose hasta producir lo que se conoce como "síndrome cardiopulmonar por hantavirus", que puede llevar a la muerte si la persona no es internada a tiempo.

Si bien no existe un tratamiento específico, aquellos pacientes que sean diagnosticados con síndrome cardiopulmonar por hantavirus deben ser asistidos en establecimientos hospitalarios, de preferencia con unidades de terapia intensiva que cuenten con asistencia respiratoria mecánica.

En nuestro país, se han identificado cuatro regiones endémicas: Norte (Salta, Jujuy), Centro (Buenos Aires, Santa Fe y Entre Ríos), Noreste (Misiones) y Sur (Neuquén, Río Negro y Chubut). El Dr. Manuel Molina Pico resalta cuáles son las principales medidas para prevenir la enfermedad en estas zonas:

* Evitar la convivencia con roedores y el contacto con sus secreciones.

* Evitar que los roedores entren o hagan nidos en las viviendas.

* Tapar orificios en puertas, paredes y cañerías.

* Realizar la limpieza de pisos, paredes, puertas, mesas, cajones y alacenas con una parte de lavandina cada nueve de agua (dejar 30 minutos y luego enjuagar). Humedecer el piso antes de barrer para no levantar polvo.

* Colocar huertas y leña a más de 30 mts de las viviendas, cortar pastos y malezas hasta un radio de 30 mts alrededor del domicilio.

* Ventilar por lo menos 30 minutos antes de entrar los lugares que hayan estado cerrados (viviendas, galpones). Cubrirse la boca y la nariz con un barbijo Nº95 antes de ingresar.

* Al acampar, hacerlo lejos de maleza y basurales. No dormir directamente sobre el suelo y consumir agua potable.

* Si se encuentra un roedor vivo: usar veneno para roedores o tramperas para capturarlo (no intentar tocarlo o golpearlo). Consultar en el Municipio local si se dispone de un servicio de control de plagas.

* Si se encuentra un roedor muerto: rociarlo con lavandina junto con todo lo que haya podido estar en contacto y esperar un mínimo de 30 minutos. Luego recogerlo usando guantes y enterrarlo a más de 30 cm de profundidad o quemarlo.

* Las personas que presenten síntomas de la enfermedad deben concurrir rápidamente a un establecimiento de salud para la consulta y evitar el contacto estrecho con otras personas.


 

A menudo hablamos de «niños con autismo». ¿Qué quiere decir? ¿Es un problema de la infancia? ¿No hay adultos con autismo?

Un estudio realizado en Australia y publicado en 2017 encontró que el autismo era más prevalente entre los muchachos de 5 a 14 años, y un 83 % de las personas que habían recibido un diagnóstico de autismo tenían menos de 25 años. La situación no será muy diferente en nuestro país.

Pero es evidente que los niños con autismo crecen y se convierten en adolescentes, jóvenes y adultos con autismo ¿Por qué la proporción es mayor en niños? Para la gran mayoría de la comunidad científica el autismo es una condición de por vida, por lo que la idea general es que la proporción debe mantenerse estable de la infancia a la vejez.

Veamos cinco factores que pueden explicar la diferente proporción de personas con autismo a diferentes edades:

Un primer factor es que la prevalencia no indica la proporción de personas que realmente tienen autismo, sino que es la proporción de aquellos que han sido diagnosticados o que se identifican a sí mismos como dentro del espectro del autismo. La prevalencia es una aproximación a la realidad, pero no es la realidad.

Un segundo factor es que es evidente que la concienciación y el conocimiento sobre el autismo entre los educadores y los pediatras ha aumentado notablemente. Un factor que he vivido en carne propia en los últimos años es el deseo de saber más que tienen muchos maestros para poder hacer mejor su trabajo y atender con mejores estrategias a los niños que están bajo su cuidado.

El personal sanitario también cada vez está mejor formado, las técnicas de diagnóstico han mejorado y diversos sistemas de cribado, con la colaboración de especialistas, ayudan a detectar a los niños con autismo. Esos sistemas no existían antes: hace pocas décadas muchos niños con autismo no fueron diagnosticados y ahora son adultos que siguen sin diagnosticar. Otros fueron mal diagnosticados o etiquetados como raros.

Desigual apoyo social

Un tercer factor a tener en cuenta es el desigual apoyo social. En la actualidad, al menos en España, las familias de un niño con autismo tienen más claros sus derechos, que incluyen apoyo escolar y económico para los servicios que necesitan. Es posible que eso anime a una parte de las familias a buscar un diagnóstico y servicios de terapia y logopedia, cuando hace unos años una parte habría optado por la resignación, al no poder pagarlo.

Estos cambios deben agradecerse a una serie de padres combativos, madres en la mayoría de los casos, que lucharon por mejorar la perspectiva vital de sus hijos y consiguieron, a través del asociacionismo, lograr apoyos y servicios imprescindibles, algo obligado en una sociedad inclusiva y justa.

El problema es que los apoyos para un adulto que recibe un diagnóstico de autismo son menos claros. En cambio, son más patentes los riesgos de sufrir consecuencias negativas, como el estigma y la discriminación. Eso puede hacer que aunque haya sospechas de autismo en un adulto, no se llegue a hacer un diagnóstico.

Un cuarto factor es que un número de niños se salen del diagnóstico. Es decir, con la edad no cumplen las características típicas que llevaron a incluirles dentro de la población con un trastorno del espectro autista. Debemos recordar que los diagnósticos no son la verdad revelada sino herramientas útiles, pero arbitrarias.

Un grupo de profesionales de primerísimo nivel analiza la situación de un trastorno y deciden que las personas que cumplan un mínimo de condiciones dentro de una lista (siete de las siguientes diez, por ejemplo) tiene ese diagnóstico. Una persona que cumpla una menos, seis en este ejemplo, no tiene ese diagnóstico, aunque comparte muchas características con el que tiene siete. Además, como todas las actividades humanas, el fallo es posible. Un diagnóstico puede estar equivocado.

¿A cuántos afecta esta condición? ¿Cuántos abandonan el diagnóstico?

Un análisis de una encuesta nacional en los Estados Unidos encontró que el 13 % de los niños diagnosticados con autismo (187 de los 1576 cuyos padres respondieron el cuestionario) habían «perdido» su diagnóstico.

La razón más común para ello era «nueva información», como por ejemplo haber sido diagnosticado con otro trastorno del neurodesarrollo o con otra condición de salud mental que afectase a su situación emocional, evolución de aprendizaje y trastorno de ansiedad. Dentro de esa población que había «abandonado» el diagnóstico, el 21 % de los 187 casos que salieron del autismo se debió a «tratamiento o maduración». Solo en el 4 % (ocho niños) un especialista había confirmado que el niño no tenía TEA ni otro trastorno.

Un estudio publicado en el Journal of Child Neurology examinaba los historiales de 569 niños diagnosticados con autismo entre 2003 y 2013 y encontró que el 7 % (38 de los 569) no cumplían ya los criterios diagnósticos. Sin embargo, la mayoría habían sido diagnosticados con otro trastorno. Solo 3 niños de los 569 no tenían un diagnóstico alternativo. Por tanto, la mayoría de las personas con autismo al cumplir los años siguen teniendo autismo y un pequeño grupo recibe otro diagnóstico y un pequeñísimo grupo deja de tener un diagnóstico, aunque esto no debe interpretarse como «curación».

Un quinto factor es que muchos niños con autismo aprenden con los años a camuflar sus síntomas y a actuar como sus compañeros neurotípicos. Parece que es especialmente común en niñas, que aprenden a encajar en el grupo, a ser aceptadas por sus compañeros mediante la adopción de estrategias que en principio no les son propias (mantener contacto visual y evitar las estereotipias) o que imitan la forma de hablar, vestir o actuar de sus compañeras más populares. Ese esfuerzo por pasar desapercibido es agotador tanto física como emocionalmente, y termina por generar distintos problemas como cansancio, ansiedad y depresión, así como una percepción negativa de uno mismo y baja autoestima.

Una idea a erradicar

La idea de que el niño podrá salir del autismo si los padres, los educadores y los profesionales hacen un buen trabajo es errónea, contraproducente, dolorosa para todos los miembros de la familia y peligrosa. Puede evitar que los padres acepten a su hijo como el ser maravilloso que realmente es, que reconozcan sus valores y fortalezas y, por el contrario, llevarles a un camino de expectativas imposibles, búsqueda de falsos culpables y frustración.

Los niños con autismo no se convierten en adultos neurotípicos, se convierten en adultos con autismo que están aislados, estigmatizados y con menos servicios de los que necesitan. Si todos los implicados no asumen esto y si los empleadores, las instituciones educativas, los gobiernos y la sociedad en su conjunto no se implican para mejorar esa situación, estaremos fallando a esa parte de nosotros, las familias con autismo. Necesitamos un esfuerzo en la formación y en la educación y necesitamos más oportunidades de empleo.

¿Es razonable pensar que tu hijo no saldrá del diagnóstico de autismo en su vida?

Nunca es fácil prever el futuro y un grupo amplio y comprometido de científicos trabaja por encontrar estrategias que permitan mejorar la situación de las personas con autismo, pero al día de hoy el único mensaje honesto es que el autismo no se cura.

Las personas que ofrecen curar el autismo, o mejoras milagrosas, son unos estafadores. Sus tratamientos, patrañas y engaños. Vale ya de hacer caja aprovechándose de la desesperación o la esperanza de unas familias, del cariño de unos padres a sus hijos.

 

Fuente: www.grandesmedios.com 

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