Lunes, 26 Octubre 2020 15:05

“El maestro quiñones, que no sabía leer y daba lecciones” (refrán popular) - Por Carlos Berro Madero

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Decididamente no queda otro remedio que tomarse al gobierno para la chacota haciéndose eco del dicho que encabeza estas reflexiones, habida cuenta de su ineficiencia supina para manejar una realidad que se ha hartado de enviar señales claras al FPT (desde Cristina para abajo, a TODOS).

 

¿O será que tienen temor de decirnos por anticipado cuál es su fin último, a fin de sorprendernos sin tiempo disponible para enfrentarlos adecuadamente?

El silencio de su “capitana” parece indicar al mismo tiempo que quizá esté comprendiendo que la gloria de otrora ya no volverá, porque no hay dinero en las arcas públicas para desparramar entre los desesperados que acechan su gobierno, por lo que manda al frente a sus fanatizados satélites para que “calienten el horno” y ver qué ocurre cuando levante temperatura.

No hay dinero porque se despilfarró durante años de impericia política, y también, según las investigaciones judiciales, porque algunos se lo robaron, para dejarnos alojados finalmente en la sentina de una nave escorada, que nos tiene con el agua al cuello por los rumbos abiertos en su estructura.

Que Cristina (no hablemos de Alberto porque quizá sea perder el tiempo), haya jugado sus fichas a un joven “asistente de investigación” (sic) como Guzmán, que vivió los últimos diez años fuera del país a la sombra de Joseph Stiglitz, para que maneje la economía y las finanzas como si fuera un autito chocador de un parque de diversiones, indica que ignora ciertas cuestiones atinentes a la razón pura.

Por algún motivo -que ahora comprendemos bien-, Néstor les decía a sus contertulios cercanos después de asumir su esposa la presidencia: “vos seguí hablando conmigo; no le lleves problemas a Cristina” (sic); insinuando que ella era algo así como un señuelo para ahuyentar el predominio del “demonio” neoliberal (¿).

Así nos dejaron el país después de 12 años de gobernar entre ambos.

Porque ¿dónde ha quedado evidenciada la supuesta brillantez e inteligencia de la “abogada exitosa”, más allá de los discursos retóricos y eufemísticos con que nos castigó vestida de punta en blanco? ¿En qué mundo de fantasía hizo naufragar las necesidades de los pobres a los que les hablaba munida de un Rolex modelo Presidente, finas carteras Vuitton, calzada con impecables zapatos Loboutin y maquillada “como una pared” (Cristina dixit)?

¿En su aptitud para bailar en los estrados partidarios construidos “ad hoc”?

¿En su capacidad para elegir colaboradores y aliados locales e internacionales, sin “pegar una”? ¿En la facilidad de palabra con la que fue capaz de enhebrar comparaciones sobre la solemnidad de Harvard en oposición a La Matanza y otras lindezas por el estilo? ¿En la calidad “estética” de puestas en escena interminables que salpicaba con su consabida muletilla “yo siempre digo…”?

¿Qué podríamos recordar de sustancioso de discursos en los que no campeaba más que una retórica pura? ¿Alguna vez trazó lineamientos de política práctica que fueran más allá de machaconas citas autorreferenciales y deletéreas?

Podríamos ampliar muchísimo estos interrogantes, pero creemos que no sirve para nada, porque lo único que importa ahora es que detrás de sus devaneos se “prendieron” algunos revolucionarios de los 70, que encontraron un mascarón de proa excelente para marchar “hacia la victoria final”, como suelen decir siempre estos fanáticos, sin aclarar nunca en qué consistirá la misma.

Son los que cantan amenazantes: “si la tocan a Cristina, qué lío se va a armar”. Claro está: les voltearían la “cobertura” perfecta.

Si miramos bien las cosas, Cristina causa el mismo temor que nos asalta cuando nos cruzamos por la calle con algunos personajes -por lo general bastante estrafalarios-, que hablan solos farfullando amenazas ininteligibles con enojo. Frente a ellos, es habitual que muchos nos crucemos de vereda pensando: “apartémonos, no vaya a ser cosa que se las tome con nosotros y nos haga pasar un mal rato”.

Su incapacidad para reírse (su sonrisa es casi siempre un rictus) y su casi permanente mirada flamígera, revelan cuán tortuosos deben ser los pensamientos que la atormentan y provocan “correcciones” constantes a quienes no se rinden a sus plantas.

No creemos que su ausencia de los actos públicos en estos días (como ya ha ocurrido antes frente a algunas crisis que ella misma provocó en el pasado) se deba a un deseo de recobrar la centralidad política.

En nuestra opinión debe estar algo atemorizada rebuscando en su cabeza de qué manera puede seguir adelante con un gobierno que armó como un “puzzle” que contiene piezas falladas de fábrica; con el único objetivo de construir su “bronce” propio, similar a la estatua de Néstor que acaba de salir de la oscuridad de los sótanos de la Unasur en Ecuador y dicen se trasladará al CCK dentro de unos días, con pompa y circunstancia.

Al mismo tiempo, ¿en qué piensan quienes ponderan a Alberto y la eventual posibilidad de que logre una declamada moderación política instrumental que hasta hoy brilla por su ausencia? ¿No proyectan acaso meros anhelos subjetivos?

La vice, más que ninguno de nosotros, debe conocer ampliamente las limitaciones que adornan a quien tiene cualidades para ser un buen secretario de unidad básica partidaria y no mucho más. Sobre todo, si se tiene en cuenta –entre otras cosas-, la cantidad de veces que suele “comprar” información errada de supuestos “asesores” y divulga luego muy suelto de cuerpo…para tener que desdecirse al poco rato al ser

puesta en evidencia su falsedad.

Sin embargo, poco le importó “invitarlo” a asumir como presidente: había que reconquistar el poder para “limpiar” su nombre. Ese mismo que ha quedado inmortalizado por innumerables probanzas judiciales negativas para ella, su difunto marido e innumerables ex funcionarios.

El drama actual de muchos argentinos ilusos es haber confiado en ELLA y el peligro que se avizora es que el gobierno esquizofrénico dirigido por su batuta se radicalice aún más, acentuando la posibilidad de darnos un porrazo político fenomenal. Ese mismo que el “fachero” Jefe de Gabinete actual nos ha anunciado como consecuencia de la pandemia, sin agregar a la frase nada que destaque la incoherencia del gobierno por el que habla.

Solo se podrá restablecer una cierta calma económica y social cuando aparezcan signos fiables que restablezcan la confianza de la gente. Pero ¿alguien cree que es posible recobrarla respecto de un gobierno que combate a sus adversarios como tarea “full time” y se encapricha por contradecir las evidencias de la realidad?

A buen entendedor pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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