Miércoles, 04 Noviembre 2020 13:54

En su propia salsa - Por Carlos Berro Madero

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Ortega y Gasset sostenía en su tiempo que pertenecemos a un mundo y una época, en la medida que somos capaces de prepararnos para la batalla “en uno u otro lado de la trinchera abierta por ella”.

 

Esto supone en política una inevitable coexistencia de disensos y debates entre ciudadanos, representados por los distintos partidos de una república democrática EN EL MARCO DE LA LEY, sin ningún tipo de “acuerdismo” supra constitucional.

Menos aún, si el mismo se celebrase con el poder e influencia de corporaciones de tercer grado, a las que son tan afectos los partidarios del General Perón y sus distintas ramas ideológicas.

En medio de la nueva crisis de una sociedad que ha permitido a los sucesivos gobiernos peronistas el arrogarse poderes casi ilimitados, con los que invariablemente han atropellado las libertades individuales, la actual Vicepresidente se ha unido al coro de algunos “comunicadores” de su mismo gobierno, proponiendo un gran acuerdo nacional -luego de criticar acremente en el mismo acto a todos-, excluyéndose a sí misma, como si fuese una observadora de algún país extranjero, evidenciando su temor a cocinarse “en su propia salsa” ante una crisis que comienza a mojar los tobillos del FPT.

Resulta muy difícil establecer acuerdos con ciertos “comunicadores” que solo se concentran en relatar lo que ocurre, embelleciendo su discurso con ocurrencias “despersonalizadas”: el valor del zarandeado pacto de la Moncloa (ya aburren con eso), la apelación a un país “normal” y otros eufemismos “escapistas” tradicionales.

Pertenecientes en su gran mayoría al peronismo, no han demostrado estar dispuestos jamás a aceptar la verdad ni las reglas de juego que impone una república sana, deslizándose por el curso de acontecimientos contaminados, en su concepto, por los “otros”.

Una alusión “olímpica” a quienes nunca creímos en la raíz inocultablemente fascista de propuestas corporativas que terminaron fulminando la pureza de la Constitución como ley fundamental de la Nación.

Pensar sobre el destino de un gran acuerdo nacional, implica aceptar desde el vamos la existencia de normas precisas que permitan regular la vida en común, para construir la sociedad que se intenta planificar, comprendiendo que existen razones para apelar a instancias superiores de la convivencia que permitan propiciar un diálogo con los “otros” en un plano de igualdad, desterrando cualquier tipo de sermón apocalíptico.

Esto ha estado ausente invariablemente en el peronismo, y mucho más en el kirchnerismo, por lo que la apelación reciente de Cristina lleva a pensar que emana de una suerte de desorientación - ¿desesperación? -, por no saber cómo salir del enredo en el que se metieron una vez más merced a su soberbia autoritaria, en un mundo que no les ofrece hoy las alternativas favorables de antaño.

Las bases de un acuerdo significan la voluntad de convivencia con el prójimo en el marco de las leyes vigentes, limitando cualquier propuesta “reformista” del poder de turno. Porque dicha convivencia emana siempre de un acto de civilización política totalmente opuesta a la barbarie.

Ortega advertía que se ha apoderado de la dirección de la sociedad contemporánea un tipo de hombre a quien no le interesan los principios de la civilización. No de una u otra, sino de ninguna, porque está constituida por quienes usan de ella como si fuese parte de la misma naturaleza de las cosas, alejándose de cualquier responsabilidad sobre el curso de “relatos” con que intentan conservar el poder como fin último.

El peronismo pretende coronar hoy su historia de supuesta grandeza ideológica tratando de apelar a nuestra responsabilidad por “sus” errores, echando sobre nuestra espalda la responsabilidad de hacernos cargo del fracaso social al que hemos arribado luego de haberlos sufrido en el poder durante 40 años (o más), atados a su autoritarismo, soberbia y ceguera “distributiva” irracional.

La apelación de una suerte de “patriotismo constitucional” -al estilo del propugnado por Jürgen Habermas-, no parecería ser entonces la mejor alternativa si va a ser liderada por el FPT. No antes que sus integrantes, al menos, sufran en carne propia las características de la catástrofe que preanuncian con ojos perdidos y lagrimosos, experimentando en carne propia las mismas penurias de las que nos acusaron a los opositores durante años.

Antes deberíamos asistir a su cocción final, para que nunca más vuelvan a embaucar a nadie con relatos imaginarios.

Han sido elegidos para que se hagan cargo de la crisis, debiendo cesar de inmediato su ataque a las bases constitucionales de la república con el objetivo de “demoler” la justicia y el funcionamiento del Congreso para alimentar convicciones viciosas con las que atropellan a las minorías, por lo cual les instamos a releer las reflexiones de Ortega con que iniciamos estas líneas, que les caben como anillo al dedo.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero
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