Martes, 13 Abril 2021 13:02

Exceso de palabras y ausencia de ideas - Por Carlos Berro Madero

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Un error nefasto, muy habitual en nuestros dirigentes políticos, consiste en tratar de ocultar que no tienen la menor idea de la índole de algunos temas que abordan con pompa y circunstancia.

Esta característica muy extendida en nuestro país de manera alarmante evidencia que muy poca gente parece entender el compromiso debido con la verdad y posibilita que los anuncios políticos de cualquier índole se sigan “instalando” primordialmente sobre el denuesto a eventuales contradictores.

El gobierno y quienes concurren en su auxilio, lanzan de tal modo exabruptos en cadena que desnudan la hoguera de creencias que inflama su espíritu y la “dispensa moral” de la que tratan de investirse “los Fernández” y su tropa, poniendo en evidencia que lo que es vicio para el hombre del común, no lo es para ellos.

Podríamos decir que sus disposiciones santifican la malversación, el nepotismo cultural y la corrupción ética de las que debería huir siempre un buen gobernante.

Como si gozaran de una dispensa que hubiese sido moldeada para sostener sus arbitrariedades, sucumben así a la tentación de sentirse con el derecho a “llevarse puesta” la opinión de los demás.

Del otro lado, lamentablemente, se ha puesto en marcha por parte de los opositores un proceso de refutación muy ordinario, que resulta totalmente ineficaz, porque cae en los mismos

errores, destacando la enorme vanidad de quienes retrasan cualquier análisis sereno de las circunstancias azarosas que vivimos hoy, dejándonos sumergidos en una riña promovida por un gobierno aturdido, que prueba una vez más que la capacidad del hombre para construir en su cabeza cualquier teoría y creer en ella es ilimitada.

La reconstrucción de la sociedad que hemos destrozado entre todos depende del urgente montaje de un escenario donde el mérito, el esfuerzo y un estricto sometimiento al saber y la verdad, nos permita actuar frente al “mundo líquido” que describe Zygmunt Bauman, para poner en marcha una planificación a largo plazo.

De esta manera, podríamos mantener vínculos socialmente “negociables”, sin vernos sometidos al albur de sentimientos que impidan establecer tratos recíprocos benevolentes, desterrando los improperios y ciertos calificativos agraviantes que no se compadecen con ningún escenario civilizado.

Sin embargo, parecemos empeñados en acentuar un confinamiento cultural que nos ha impedido desmantelar “mecanismos psicológicos de protección” –como señalan algunos psicólogos clínicos-, que, puestos al servicio de la negación de la realidad, impiden recrear un escenario donde hoy día privan los excesos de palabras y la ausencia de ideas.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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