Martes, 22 Junio 2021 10:27

Las “sanatas” del kirchnerismo son un atentado al sentido común - Por Carlos Berro Madero

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“La comunicación suele ser a menudo todo lo contrario de la información”
- Jean Revel

Contradiciendo esta máxima del politólogo francés, el gobierno kirchnerista se ha lanzado a una loca danza de promesas, reflexiones infantiles, análisis históricos subalternos y burdas comparaciones genéticas, para desviar la atención sobre una realidad que lo atraviesa de frente, con un viento helado que amenaza inmovilizarlo en un escenario de “emergencias” que ha prohijado con sus desaciertos.

Sus funcionarios (del primero al último), no entienden que las soluciones de los problemas que obliga a enfrentar la actual pandemia -y sus efectos colaterales-, provendrán de las investigaciones de quienes se apliquen a estudiarla científicamente, y no del optimismo plácido o las peroratas de los que –como ellos-, montan anatemas contra supuestos “impuros” que rechazan sus aviesas interpretaciones; es decir, aquellos que denunciamos constantemente sus manipulaciones políticas ad hoc.

Han montado así un escenario poblado de fantasmas que cambian de túnica y de orden de aparición, según convenga a los intereses de charlatanes disfrazados de eruditos, que explotan la crisis sanitaria en su propio beneficio.

Desde “Alverso” y la “abogada exitosa” hacia abajo, todo el kirchnerismo tiene un solo objetivo: encontrar explicaciones que justifiquen sus desaciertos, tratando de convencernos, con un lenguaje deletéreo y enfervorizado, que el catálogo de sus disposiciones políticas responde a su eximia capacidad de “adaptarnos” manu militari a lo desconocido.

Esto se aprecia en el modo con que inundan los medios audiovisuales con alocuciones cargadas de una supuesta “trascendencia”, que según ellos “corresponde al momento histórico que vivimos” (sic).

Cuentan a su favor con la demolición silenciosa y desvergonzada que construyeron durante años, sentenciando a la ignorancia y la miseria a masas a las que atrajeron con promesas de “pertenencia a una revolución redistributiva” (sic), prometiendo ocuparse de ellos aunque no supieran sumar, ni restar, ni multiplicar, ni saber –por dar un ejemplo al azar-, que el agua caliente –como muchos otros rubros de distribución comercial e industrial-, necesita de una técnica que le dé temperatura, y se pone en marcha, generalmente, por medio de inversiones privadas multimillonarias que el Estado no puede afrontar en su totalidad.

Pero la ideología pópulo-marxista que idolatran los fanáticos K, no ha sido nunca “ni esto, ni aquello”, ni reducible a una u otra de las innumerables definiciones políticas universales que han fijado pautas probadas y efectivas para el desarrollo armónico de una sociedad.

Consiste, por el contrario, en un conjunto de evasiones lingüísticas contradictorias que apuntan a una sola cosa: apoderarse de los fondos públicos que precisan para perpetuarse en el poder, engrosando una casta de privilegiados que se han constituido en los nuevos “oligarcas” de la sociedad y cultivan vaguedades discursivas que impiden su eventual refutación por parte de una clase baja –a quien cortejan desvergonzadamente-, que carece de condiciones culturales mínimas para distinguir la falta de verdad de sus tácticas sibilinas.

Pero lo que causa pasmo, es que haya sectores sociales mejor educados que participen y/o toleren esta cultura “burundiana”, que nos conduce a todos a una opresión sostenida por criterios que hieren de muerte cualquier principio regido por el sentido común.

Los virajes de estos días en relación con las restricciones “blandas” dispuestas por el gobierno nacional para afrontar la continuidad de la vida comunitaria, cuando arrecian los contagios y las muertes, son un buen ejemplo al respecto.

Van de la mano con los fundamentos casi “sacrosantos” de otras reformas que consisten en avanzar hacia un control ejercido en forma autoritaria por burócratas urbanos ignorantes y venales, que olvidan que “no siempre está en posesión de la verdad quien tiene fe en la verdad…para eso está el juez, llamado en caso de debate a decidir si un pretendido derecho SEA VERDADERAMENTE UN DERECHO REAL…porque el mantenimiento y conservación del orden jurídico no son otra cosa que una lucha continuada contra la tendencia a perturbarlo y violarlo” (Rudolph von Ihering).

Resulta claro que el propósito del kirchnerismo es convertirse en “propietario” de los ciudadanos aniquilando sus libertades, para construir un hombre “nuevo” que termine pareciéndose en realidad a un hombre “muerto”.

Los fragmentos dispersos que hemos incluido en estas reflexiones tienen pues la modesta pretensión de alentar la preparación necesaria para propinarle un soberano “sopapo” de advertencia en las próximas elecciones, abandonando nuestro tradicional espíritu individualista y los intereses personales de quienes se han empeñado siempre en ver los problemas políticos a resolver como una “cuestión de otros”.

Porque la auténtica democracia republicana exige siempre, a todo evento, la defensa del derecho contra la arbitrariedad. Ese derecho que hoy está vapuleado por una turbamulta de fanáticos que nos han puesto al borde del abismo y la disgregación social.

Fanáticos que, como señala el aludido Revel, forman parte de un gobierno que se siente “iluminado” y es a la vez “intolerante y contradictorio. Intolerante, por incapacidad de soportar que exista algo fuera de él. Contradictorio, por estar dotado de la extraña facultad de actuar de una manera opuesta a sus propios principios, si fuera necesario, sin tener el sentimiento de traicionarlos. Y su repetido fracaso no lo induce nunca a reconsiderarlos: al contrario, lo incita a radicalizar su aplicación” (sic).

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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