Miércoles, 28 Julio 2021 11:28

El kirchnerismo en el Olimpo y la gente en la calle - Por Carlos Berro Madero

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Si quienes nos gobiernan hoy insisten con sus rituales y jaculatorias archiconocidas, corremos el serio riesgo de retornar a los tumultuosos escenarios del año 2001.

 

Esto se está viendo en el aumento incesante de turbamultas que salen a la calle, empujadas por la desesperación que les genera el discurso pretencioso de quienes, pasadas las elecciones, mantendrán –como ya se ha visto antes-, sus arreglos cuasi mafiosos celebrados entre bambalinas.

 

La situación actual empuja a muchos a desterrar nuestros modestos churrascos, por un plato de polenta hervida sin queso; para terminar, eventualmente, revolviendo un tacho de basura algún día.

Porque convivir con un 50% de la población sumergida en la pobreza y por lo menos 60% en la incultura, sumados a un 50% de inflación anual in crescendo, nos sumerge hasta las narices en un barro muy espeso, y una sociedad lastimada e insatisfecha marcha sin descanso como autómata, parodiando sin saberlo los versículos de San Mateo (10,34): “No penséis que he venido para traer paz, SINO ESPADA, para poner en disensión al hombre contra su padre, a la hija contra su madre y a la nuera contra su suegra; y los enemigos del hombre serán los de su casa”.

Por el momento, los denunciados “enemigos de la casa”, convertidos en auténticos violadores de esperanzas e ilusiones, van ganando la batalla, y el travestido peronismo kirchnerista, volcado a la izquierda de la derecha autoritaria del General

Perón, sigue canjeando votos por subsidios como si nada, lo que confirma que nos hemos convertido en un país inmoral por excelencia.

Mientras tanto, un Presidente que parece alienado habla de la construcción de una nueva sociedad “no binaria” (¿), donde “todes” tengan un lugar preponderante entre todos y todas (¿influencia de los padecimientos psicológicos que le produce su “hije” Dhizy?).

Lo que permite percibir que la mayor parte de los deseos del kirchnerismo están destinados a aplazar y/o conjurar la muerte de su vigencia política usando espejitos de colores, y el reconocimiento que le prestan sus seguidores, basado en el temor de quedar perdidos en un mundo que se les ha dicho no ofrece alternativas de mejor calidad.

Ante el derrumbe provocado por este sentimiento atemorizador, no deberíamos olvidar unas palabras proféticas de Ortega y Gasset sobre las masas: “El hombre hoy dominante es un primitivo, un Naturmesh (malla rústica de hierro o alambre), emergiendo en medio de un mundo civilizado. Lo civilizado es el mundo, pero su habitante no lo es; ni siquiera ve en él la civilización, sino que usa de ella como si fuese naturaleza. En el fondo de su alma desconoce el carácter artificial, casi inverosímil, de la civilización. El hombre masa es un primitivo, que por entre los bastidores se ha deslizado en el viejo escenario de la civilización”.

Es el escenario donde hay todavía quienes apoyan una falsa creencia, sabiendo en su fuero íntimo que no es verdadera, la cual solo cumple una función moralmente consoladora para ellos.

Las palabras de Ortega son de 1935. Hace casi un siglo. Nuestra sociedad está dándole la razón nuevamente; a pesar de lo cual el Presidente Fernández al anunciar las listas del oficialismo para las Paso, ha dicho muy suelto de cuerpo: “venimos a traerles a nuestros mejores hombres y mujeres”.

La misma retórica detestable de siempre, de quienes insisten en ver a la sociedad como un hato de imbéciles a los que se debe embaucar sin miramientos.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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