Miércoles, 15 Septiembre 2021 10:35

¿El fin del fanatismo ideológico? - Por Carlos Berro Madero

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En medio de una ceguera y soberbia coronadas por la efigie similar a la de un “león rampante en campo de gules”, – como diría un aficionado a la heráldica-, el kirchnerismo ha sufrido un porrazo fenomenal.

 

No es solamente un resultado no previsto por la eventual miopía de observadores y politólogos: se trata de la realidad de una historia que se ha vuelto decididamente imprevisible hoy día en casi todo el mundo. 

En aquellos países donde la democracia se sigue respetando en sus formas, la misma da sorpresas y se burla de los teóricos y supuestos “expertos”, para terminar, fijando su propio camino, poniendo en tela de juicio el poder de la “anticipación” y prefigurando un futuro diverso, que aclara, repentinamente y sin aviso, un presente que aparece algunas veces como turbio y oscuro. Se trata de una historia que está dejando sin aliento a falsos profetas de todas partes.

La perplejidad que seguramente han provocado estas elecciones en “los Fernández” y sus seguidores adocenados, ha trastrocado “in an overnight” su triunfalismo y obcecación, poniéndolos frente al comienzo de una agonía que provocará innumerables vacilaciones en el camino de su gobierno hasta noviembre y, seguramente, hasta el final de su mandato en 2023.

Para los ciudadanos de a pie, ha comenzado el fin de una verdadera pesadilla, representada por un movimiento mesiánico que terminó siendo la negación del espíritu de comunidad. Un régimen que ha sufrido una verdadera catástrofe, como producto de la decisión silenciosa de quienes decidieron derrotarlo, sin dar aviso anticipado de si lo harían con un “upercut” a la mandíbula o un “directo” al plexo, como diría un aficionado al boxeo.

Muchos de nosotros, debemos confesarlo con franqueza, habíamos perdido parte de la esperanza de que esto ocurriera tan pronto.

Sin embargo, la sociedad, a lo ancho y lo largo de la geografía nacional, ha manifestado su firme deseo de no ser tratada más como una “cosa”. El héroe ha sido una verdadera multitud, con su férrea decisión de resistir en soledad el oprobio en forma no violenta, sacudiendo la conciencia de un poder público asfixiante que nos estaba llevando a la muerte política, social y económica.

No es cierto que existan dos modelos de país como han dicho hasta el cansancio “los Fernández”; de lo que se trata es de una puja entre una banda de forajidos que se empeñaron en creerse superhombres, en relación con quienes apostaron siempre a la “preservación correctora de lo existente”, como diría Víctor Massuh: aquellos que no hemos creído ni creeremos jamás en fantasías sin enmienda.

“Tratar de imitar a Dios” (aunque la comparación parezca extrema), “equivale a incurrir en una desmesura inhumana: algo que desde antiguo lleva el nombre de satanismo”, agrega el filósofo tucumano, “y, además, un pueblo que sufre, que protagoniza una revolución, ¿no tiende acaso a escuchar con atención al vecino, al testigo próximo, mucho más que al profeta lejano?”

Una ráfaga de aire puro se ha instalado pues en la naturaleza y campea en la libertad de los argentinos, que con su voto han intentado salvar del naufragio lo que aún queda en pie, en el seno de una democracia acechada por un fanatismo ideológico que nos estaba alejando de la prosperidad, mientras idealizaba dialécticamente su propio fracaso.

La sociedad parece haber percibido que de lo que se trata es de “entrar” en el mundo antes que intentar cambiarlo. Y ese ha sido el mensaje de las urnas lanzado a la cara de quienes vienen predicando desde hace veinte años sobre un escenario de bienestar inexistente, mediante su apelación a la violencia como “partera de la historia” (Massuh).

Han intentado hacernos participar en su aventura conceptualmente extraviada, fieles a su esencia de “escorpiones” como los de la fábula en la que uno de ellos intenta convencer a una inocente ranita que no la picará mortalmente si accede a transportarlo “a babuchas” por el río, alejándose así del fuego desatado a su vera, pero termina haciéndolo, provocando el hundimiento y la muerte de ambos mientras avanzan por el agua.

Sospechamos por lo tanto que, a pesar de todo, insistirán en profundizar sus políticas delirantes y opresivas, resistiéndose como puedan al mensaje popular recibido. Perder sus privilegios y verse forzados a abandonar las alfombras rojas por las que transitan triunfales en la vida diaria, es algo que no entraba en sus cálculos, principalmente en los de la ex “abogada exitosa” de antaño, que lució totalmente decepcionada en el bunker del FPT, pretendiendo transmitir su consabido libreto gestual de enojo, por

medio de ademanes y miradas que esta vez resultaron verdaderamente patéticos, al exhibir a una persona totalmente perdida, diciéndose a sí misma: “no es posible que esto me esté pasando a mí, a esta altura de mi carrera política imperial”.

Un último párrafo, para el “fenómeno” Javier Milei: la desmesura, provenga de donde sea, jamás será el comienzo de una etapa “regeneradora” del tejido social (¡si lo sabrá Cristina!). A los que todavía crean en los modos de este joven exuberante –a menudo inconexos y desorbitados-, les decimos que se trata –desde otro ángulo del ring-, de la misma intransigencia desaforada respecto de una realidad que intentó torcer el kirchnerismo, desde el comienzo de su aparición como fuerza política.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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