Jueves, 16 Septiembre 2021 10:31

El peronismo-kirchnerista comienza a sufrir su precariedad y no sabe resignarse - Por Carlos Berro Madero

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Hoy nos preguntaban algunos observadores y periodistas ansiosos ante las últimas noticias sobre renuncias masivas, supuestamente “depurativas”: “pero entonces, ¿quién manda? ¿Cristina o Alberto?

 

La respuesta es: NINGUNO DE LOS DOS. Ambos se han anulado a sí mismos, al toparse de bruces con una explosión que ha puesto en la mesa de las urgencias la gravitación del voto popular, que ha reflejado una verdad de a puño: NO SE PUEDE MANDAR POR MUCHO TIEMPO “CONTRA” LA OPINIÓN PÚBLICA. 

Por lo tanto, por más renuncias que se presenten y/o acepten, por más “instalaciones” que intenten montar los protagonistas responsables del fracaso K, “todo desplazamiento de poder”, como decía Ortega, “todo cambio de imperantes, es a la vez un cambio de opiniones, y consecuentemente, nada menos que UN CAMBIO DE GRAVITACIÓN HISTÓRICA”.

Lo que ha ocurrido es que, hasta ahora, el peronismo –bajo sus distintas vertientes camaleónicas-, ha mantenido la batuta en alto por más de cincuenta años; y por primera vez los protagonistas ven evaporarse todos sus presupuestos “operativos”.

Quienes sienten la delicia de regodearse con el cachetazo propinado a este movimiento infestado de ineficiencia y vulgaridad, son los que le dijeron el último domingo: “hasta aquí llegaste”; y la heterogeneidad de los argumentos sobre los que se montan sus actuales “enterradores” –Cristina y Alberto-, no sirven más que para confirmar el nulo valor del frívolo espectáculo que alimentaron de manera insolente y altiva, tratando de convencernos que su “tercera posición” adecuaría a las fuerzas nacionales para luchar contra el imperialismo apátrida.

Sin embargo, olvidaron algo esencial: mandar en política es saber cómo dar trabajo a la gente, “poner” a todos en su mejor destino -el progreso-, y desarrollar la educación y la cultura, impidiendo el crecimiento de la vagancia, la vida vacía y la desolación.

El peronismo pretendió obligar a la sociedad toda a vivir una vida vacía y desolada. Sin esperanzas. Empujándonos a todos a la trampa y el “rebusque” como única manera de sobrevivir.

¿Por qué no explotó esto antes?

Probablemente porque como ocurre en la vida, TODO FRUTO DEBE ESPERAR SU SAZÓN PARA SER SERVIDO EN UNA MESA. La caída inesperada del Muro de Berlín en 1989 es el mejor ejemplo de lo que sostenemos.

Muchos pueblos germinan y se desarrollan en un ámbito ocupado por una cultura que se torna paulatinamente vieja y exótica, donde algunos orates se esfuerzan en tratar de convencernos que pueden dar un salto en el aire de cincuenta metros…sin apoyos ni ayuda, con la misma terquedad con la que abordan una realidad paralela.

Ortega agrega al respecto de estas cuestiones: “la función de mandar y obedecer es decisiva en toda sociedad. Como ande en ésta turbia la cuestión de quién manda y quién obedece, todo lo demás marchará impura y torpemente y la intimidad de cada individuo quedará perturbada y falsificada”.

A eso hemos llegado a marchas forzadas, y a dicho sentimiento ha respondido la gente con su voto, poniendo en marcha el reconocimiento de que hemos andado perdidos en un laberinto, sin saber a qué entregarnos, vacíos espiritualmente y sin meta clara alguna.

Se avecinan días muy inciertos bajo el ondear de nuevas banderas, sin que el gobierno sepa muy bien de dónde puede agarrarse para resolver las cuestiones más urgentes, lo que pondrá en jaque los instrumentos de un poder que evidencia ignorar la profundidad de una crisis a la que los protagonistas excluyentes le están agregando ingredientes que la conducen a un “crescendo” dramático.

La reconstrucción nacional es un asunto bastante “algebraico” y el kirchnerismo se ha revelado como muy inferior para abordar tan magna empresa en nuestro nombre. Veremos cómo sale esta vez de su encerrona, bajo el mando de la perversa y resentida “arquitecta egipcia”. Y, sobre todo, si la gente se lo permitirá.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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