Miércoles, 03 Noviembre 2021 11:46

Los rebotes de una herencia trágica - Por Carlos Berro Madero

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“Pocos son los hombres que se sobreponen completamente a las circunstancias que los rodean; pocos los que arrostran un gran peligro por la sola causa de la verdad; pocos los que en situaciones críticas no buscan una transacción entre sus intereses y su conciencia. En atravesándose riesgos de mucha gravedad, el mantenerse fiel a la verdad es heroísmo, y el heroísmo es cosa rara”
-Jaime Balmes

 

El peronismo, al ignorar la advertencia de Balmes, viene condenando a nuestra sociedad –mayormente desde hace 20 años-, a tolerar sus nefastas sucesiones “hereditarias”, con las que intenta imponer una realidad que se prosterne a los pies de sus necesidades políticas. 

Todo se acentuó con la caída del fallecido Fernando de la Rúa, motorizada por el ex senador Duhalde, quien jamás hubiera podido ser Presidente de no haber fomentado la situación, logrando finalmente ser aclamado como tal mediante la intervención de los congresales de su partido en aquella época.

Su pretensión, propia de un individuo con pocas virtudes personales, consistió, a todas luces, en pasar a la historia como salvador “patriótico” del caos del 2001 (¿que él mismo había provocado?), y pasar a la posteridad como un estadista político.

Al poco tiempo, y dándose cuenta de que los zapatos le quedaban grandes, comenzó a buscar un reemplazante para el cargo, que pudiese arreglar el descalabro que fue provocando con su impericia y falta de capacidad personal.

Después de variadas consultas con algunos correligionarios de su partido - cuyo contenido jamás reveló con exactitud-, sus preferencias de tipo “dinástico” recalaron finalmente en Néstor Kirchner. Un hombre ambicioso y de pocos escrúpulos, que solo se había destacado hasta entonces por haber fundado un feudo autoritario, con mano de hierro, en la provincia de Santa Cruz (modelo que replicaría posteriormente en la Nación).

Néstor gobernó cuatro años, en los que edificó una gigantesca obra demagógica, arreando a tirios y troyanos (de izquierda y/o derecha), para manejarlos a su gusto y paladar. Al concluir su mandato, nos dejó en

herencia a su esposa, la supuesta “abogada exitosa” y reencarnada “faraona egipcia” (Cristina dixit), instalándose él en unas oficinas contiguas a la Casa Rosada para manejarla por control remoto, sin cargar con la responsabilidad de dar la cara por todo lo que ya intuía iba a ser un verdadero intríngulis, debido a los errores instrumentales en los que había incurrido.

Entre ellos, asociarse con los peores regímenes de gobierno de América Latina, metiendo simultáneamente las narices del Estado en cuanta cuestión pudo arrebatarle a la iniciativa privada.

La proposición bastante cínica de Néstor para la transición fue en aquel momento: “con ella (Cristina) mejoraremos la calidad institucional”; agregando muy suelto de cuerpo: “a ella no le lleven los problemas, hablen conmigo”.

Su muerte, totalmente inesperada, modificó muchos aspectos puntuales de su plan “maestro” y durante el gobierno de su “heredera”, comenzamos un pronunciado declive político, económico y social, por las barrabasadas cometidas por quien no hizo más que echar culpas a los que no comprendieran el alcance de su “magna” labor ejecutiva.

Después del breve interregno de Macri, que se animó a tomar el “fierro caliente” que le dejaron (¿Ingenuidad? ¿Inexperiencia?), gobernando sin mayorías propias en ambas cámaras del Congreso, mientras el kirchnerismo lo petardeaba diariamente, volvió Cristina, quien intuyendo como Duhalde que sola no podría “hacer pie”, nos regaló una de sus máximas creaciones políticas absurdas: el Presidente “delegado” Alberto Fernández, su ex Jefe de Gabinete: un individuo minúsculo, con antecedentes intelectuales inventados, verba florida y aptitudes camaleónicas sin igual.

Lo relatado sucintamente, pone en claro una vez más que la primera dificultad respecto al buen funcionamiento de la inteligencia de un individuo -que es la conductora del razonamiento-, es que cuando surge algún tema que requiera de su actividad ésta permanezca ausente, dejando el camino libre para que la imaginación ocupe su lugar.

Con Duhalde había nacido la peor metamorfosis política del partido dominante en las últimas décadas: el kirchnerismo “camporista” construido por la familia Kirchner.

Con él se consumó el asalto final de la imaginación sobre la inteligencia; que probó ser muy escasa o estar completamente aletargada en él y sus amigos, evidenciando tener muy poca estatura política.

“La única verdad es la realidad”, decía Aristóteles en su tiempo. Frase que ignoró siempre el peronismo (a pesar de que Perón solía invocarla con frecuencia, mientras la negaba con sus acciones), de la misma forma que la actual candidata “K” Victoria Tolosa Paz, cuando en medio del desastre que vivimos, asegura muy suelta de cuerpo: “recién ahora se empieza a palpar el proyecto de la Argentina que queremos”, confirmando una vez más, que para el kirchnerismo todo consiste en crear una realidad que se acomode a sus intereses políticos. Y… ¡al diablo con Aristóteles, Balmes y sus advertencias!

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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