Miércoles, 10 Noviembre 2021 13:19

Una ruptura con el pasado - Por Carlos Berro Madero

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La velocidad de los cambios de ánimo de nuestra sociedad en estos últimos meses ha sido de una hondura fenomenal.

 

Sospechamos que esta situación puede convertirse muy pronto en un hito crucial de la historia de una larga decadencia, que nos ha convertido en un país que vivió los últimos veinte años asumiendo posturas ridículas respecto de los verdaderos problemas que se deben afrontar para progresar y desarrollarse armoniosamente. 

El cambio ha configurado el resquebrajamiento del dominio casi inexpugnable del movimiento peronista, que nos maniató a una sentencia insoportable: había que aceptar su poder excluyente para manejar la política institucional a su antojo, sin que nadie se animase a hacerle frente a sus desatinos.

Lo que no se logró por los medios democráticos tradicionales, amenaza hoy con desplazar a un kirchnerismo mucho más hiriente y desquiciado que su padre putativo, para solucionar los efectos de una crisis que nos ha sumergido en la miseria, el narcotráfico y la delincuencia.

La sociedad, que se ha visto inmersa poco a poco en la cultura extraña de argumentos discursivos falsos, que pretendían, supuestamente, dar alivio a desposeídos, hoy siente que a causa de los errores cometidos le han arrebatado cualquier esperanza acerca de un futuro posible, quedando a merced de una enmarañada oscuridad conceptual.

Los K y sus amanuenses, en su afán de “redistribuir” lo que ya no se producía -como resultado de sus políticas económicas nefastas-, invirtieron la relación inteligente que debe existir entre la sociedad y los recursos disponibles, de un modo coercitivo y violento, olvidando que no se trata en realidad de “dirigir” dichos recursos, sino de tomar decisiones correctas PARA QUE ESTOS PUEDAN SER DE LA CLASE Y CANTIDAD NECESARIA PARA TODOS.

Un escenario plagado de desaciertos, imposiciones ideológicas e ignorancia acerca de cuál es la matriz de un progreso duradero, ha dado nacimiento a una rebelión silenciosa de muchos ciudadanos, provocando un rebote inverso al deseado: los desplazados del sistema que se pretendió “corregir”, han terminado lanzándose a la calle con pancartas insultantes contra quienes sienten los han engañado durante demasiado tiempo.

Por supuesto, este rebote no está maduro aún, pero la sociedad comienza a dar manotazos para salvarse de caer en la intrascendencia definitiva como país civilizado, para convertirnos a todos en socios “culturales” de Cuba, Venezuela y Nicaragua.

El cambio comenzó a percibirse más decididamente el 12 de septiembre próximo pasado, mediante un fogonazo de alerta: el voto masivo de quienes se manifestaron con claridad respecto de lo que NO queremos.

Es muy posible que este brote incipiente sea de mayor intensidad el 14 del corriente, porque comienza a respirarse en la calle un deseo de ruptura respecto de los abusos prepotentes del actual peronismo “aggiornado”. Un movimiento del que se apoderaron Néstor y Cristina Kirchner hace veinte años para satisfacer sus insaciables apetitos de poder, estrellándose finalmente contra un árbol, como sucede con algunos adolescentes sin registro de conducir habilitante, cuando usan el automóvil de sus progenitores para saciar sus ansias inmaduras de libertad, convirtiendo la misma en una tragedia.

El sonambulismo al que se nos quiso condenar para erigir un régimen cuasi feudal ha entrado en crisis. Porque la inmensa mayoría de los supuestos “favorecidos”, percibieron que se les negaba su derecho a la libertad y a perder su potestad de disentir con todo lo que contraviniese el “sentido” de sus vidas personales.

Así estamos. “El futuro invade siempre al presente a distintas velocidades”, solía decir Alvin Toffler en su tiempo, “y de este modo solo se hace posible comparar la rapidez de los diferentes procesos a medida que éstos se desarrollan”.

Eso es exactamente lo que está ocurriendo en este momento, y nadie sabe bien cómo terminará esta historia. Lo más probable es que ocurra con enfrentamientos absolutamente imprevisibles en distintos lugares del país.

La ruptura parece estar en marcha. A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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