Martes, 04 Enero 2022 12:08

Una competencia suicida - Por Carlos Berro Madero

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Los encuentros y desencuentros de la competencia discursiva desatada entre miembros del Frente para Todos y Juntos por el Cambio, han adquirido la categoría de una verdadera obscenidad, al proyectar sus fantasmas privados sobre el resto de la sociedad. 

Con un lenguaje eufemístico que rodea sus interdictos y en nada cambia el fondo de los asuntos urgentes en trámite, adoptan posturas muy semejantes entre sí en lo tocante a dicha obscenidad, que parece haber sido decretada como un lugar de “encuentro” donde todos se regocijan compitiendo por faltarte al respeto a quienes los votaron. 

La descomposición de uno y otro bando, está provocando en la sociedad, “un aumento del asco por la ausencia de asco”, como diría Jean Baudrillard, y podría sobrevenir un huracán de puritanismo espontáneo proveniente de una sociedad que además de la fatiga, ve crecer su indignación.

Dicho huracán podría resultar fatal para la paz social, porque daría lugar a una persecución de los supuestos “buenos” contra los supuestos “malos”, transgrediendo cualquier norma civilizada de convivencia, porque poco a poco, van desapareciendo los frenos naturales que deberían existir frente a individuos que han sido votados y solo se dedican a impugnarse violentamente.

Esto nos aproxima peligrosamente a un “ojo por ojo y diente por diente” posmoderno, y nos acerca a un camino sin retorno al que hemos arribado, menospreciados por los símbolos descomedidos de quienes no respetan nada más que sus propios intereses.

De ellos, diría Ortega y Gasset con seguridad: “la muchedumbre, de pronto, se ha hecho visible y se ha instalado en los lugares preferentes de la sociedad. Antes, si existía, pasaba inadvertida, ocupaba el fondo del escenario social; ahora se ha adelantado a las baterías y es ella el personaje principal. Ya no hay protagonistas; solo hay coro”.

Un coro constituido por todos los que, sin instrucción suficiente, intentan revalorizar su derecho a perorar sobre la “verdad” a como dé lugar.

Muchos opinan que la inflación, el acuerdo con el FMI y la falta de un plan de gobierno han exacerbado estas cuestiones y es posible que sea así en alguna medida.

Nosotros, sin embargo, vemos primordialmente el desbarajuste provocado por años de prédicas sobre falsas igualdades, desprecio del mérito como condición de progreso, y sobre todo, un relativismo conceptual con el que se intentó justificar el valor de la cantidad sobre la calidad en todo orden de cosas.

El desconocimiento de que hay labores que deben ser desempeñadas por personas mejor calificadas que otras, debió haber animado a los gobiernos a luchar para que todos pudiesen tener acceso a ellas paulatinamente, propiciando una elevación del nivel de educación que mejorara la dinámica del progreso individual.

Por desgracia, quienes consiguieron encaramarse a la cima del poder –por astucia personal o distracción de los demás-, no demostraron el menor interés para que esto ocurriese y han provocado un verdadero estrago en el seno de la sociedad.

Asistimos así al triunfo de una híper democracia en la que una masa aspira a confirmarse como “aristocracia de facto” y trata de imponer sus aspiraciones vulgares más allá de toda razón, demostrando muy poca voluntad para poner “en caja” los problemas de orden público y poniéndonos en camino hacia un país utópico y sin destino.

Ortega, añadía que esta condición de no escuchar ni someterse a instancias superiores, llega al colmo en estos hombres muy poco calificados, haciéndolos responsables de una suerte de barbarie, que es la causa principal de la desmoralización generalizada de una sociedad: “en medio de ella, como en un océano, navega azarosa la nave del Estado” (sic).

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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