Martes, 22 Marzo 2022 10:21

Obsesiones privadas indecentes - Por Carlos Berro Madero

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Algunas características constitutivas de la “dupla Fernández”, eran más que evidentes desde que se formó la misma bajo los auspicios de uno de los tantos caprichos de Cristina, quien constituye un penoso modelo de obsesiones psicológicas enfermizas.

¿Qué podía esperarse de una disparatada fórmula política pergeñada entre bambalinas que difiriera mucho de lo que ha producido finalmente como “equipo de trabajo”? 

No era el caso subrayar al inicio si la fantasía era placentera para sus conmilitones o simplemente un “manotazo” desesperado, sino poner énfasis –como hemos hecho en diversas oportunidades-, en lo que nos tocaría vivir con el engendro, hasta que éste provocase los inevitables desaguisados que provienen de un par de seres ambiciosos - sin ética ni moral-, con objetivos diversos: Alberto pasar al Salón de los Bustos de la Rosada; Cristina, salvarse de la justicia cuyo aliento siente en la nuca.

Buena razón para mantenerse unidos aunque los objetivos fueran diferentes, porque separados no hubieran llenado quizá con sus auténticos “leales” ni una formación del tren Roca, mientras apostaban con atrevimiento e insistencia a la mitología de un objetivo perverso e irresistible: universalizar fantasmas privados divergentes.

Esto seguirá así hasta el fin del mandato –cuando éste llegue, de la manera que llegue-, acentuando un lenguaje retórico y antagónico en las formas de comunicación no verbales entre “los Fernández”: caras de disgusto y fríos apretones de mano, o el expresionismo abstracto de uno de ellos que “desaparece” de tanto en tanto del escenario –como Cristina-, para que todos notemos las discrepancias que mantiene con el engendro de su creación.

En realidad, nada nuevo ha sucedido dentro de la relación en sí misma, salvo la eventual suspensión de los “besamanos orales” entre ambos. Alberto sigue siendo el mismo individuo mediocre que cultivó el “sí Néstor” en los albores del kirchnerismo (era en la que convalidó todos los estropicios del patagónico) y Cristina una empecinada que pretende ser reconocida históricamente por sus genialidades “olímpicas”, en nombre de las cuales no deja torpeza sin cometer, COMO SIEMPRE HA OCURRIDO.

Los mitos se han desvanecido y nos hallamos frente a las consecuencias de un pecado irreparable: en política no se puede construir nada duradero defendiendo aspiraciones individuales que ignoran el interés de la sociedad EN NOMBRE DE LO QUE SEA, lo que ha precipitado finalmente el fracaso de un proyecto indecente.

Lo único que nos cabe a quienes jamás creímos en las eventuales virtudes del engendro es relajarnos, aunque estalle una nueva crisis; y soñar que quizá termine finalmente con ciertos artilugios políticos del kirchnerismo que mantuvieron paralizada a la sociedad durante los últimos años, permitiéndonos despegar al fin de la mediocridad y la locura conceptual que trataron de imponernos.

Por ahora, es evidente que ni Cristina ni Alberto han tenido en cuenta en ningún momento (acorde con su proverbial soberbia), el alcance de un conocido refrán popular: “si hay miseria, que no se note”.

¿Nuestro futuro? Es impredecible en sus detalles, como corresponde a la esencia de una sociedad “panzista” y voluble como la nuestra: siempre se puede estar peor.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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