Miércoles, 06 Abril 2022 14:25

Cinismo, censura y esquizofrenia (*) - Por Carlos Berro Madero

Escrito por

“Odio y temo al cinismo más que al diablo; a menos que ambos sean la misma cosa”
- Robert L. Stevenson, novelista y poeta escocés del siglo XIX

Mucho hay escrito sobre el cinismo y las derivaciones que producen determinadas lenguas de desvergonzados que se proponen como ejemplos de virtud. 

Lo que puede advertirse, es que bajo ciertas exageraciones cínicas se oculta un trasfondo de soberbia, de aquellos que se consideran autorizados moral y éticamente para señalar con el dedo a supuestos réprobos a quienes habría que “alinear” con dicha virtud.

Antístenes el griego (siglos IV y III a.C.), un desencantado de la filosofía existente en su tiempo, fundó una corriente de pensamiento que provocó -entre otros acontecimientos insólitos-, una carrera desenfrenada por las calles de Atenas de Menedemo, uno de sus discípulos, gritando desaforadamente que había venido del infierno para “observar” la vida de los hombres y dar noticia a las deidades de sus malas acciones (¿sería algún antepasado familiar de “los Fernández”?).

Como él, muchos cínicos modernos son en realidad censores, y su prédica cuasi “divina” señala, generalmente con desmesura, cuáles son las virtudes que deben ser practicadas por los demás, mientras se excluyen ellos mismos – cínicamente, por supuesto-, de esta regla.

Ésta es la actitud de los kirchneristas que tratan de justificar su pertenencia a una “casta” superior que les obliga a señalar cuál es el camino de la verdad, la ética y la moral, cuyas características estipulan en forma arbitraria.

Su discurso consiste así en alentar reformas políticas y sociales que corrijan la conducta deleznable de algunos “descarriados”, proclamando el derecho absoluto que les asiste para exigir –entre otras cuestiones-, un acto de “reparación” por parte de aquellos a quienes sindican como ricos insensibles… en beneficio de los pobres.

Sentimiento que a diferencia del ascetismo practicado ad hoc por Antístenes y sus seguidores, no los incluye a ellos mismos.

Cristina Fernández, una mujer admonitoria y bastante cínica, que jamás se ha destacado por acto de desprendimiento alguno, y de la que no sabemos muy bien cuántos bienes posee, ni dónde están registrados, se llena la boca hablando de los desposeídos y de la redistribución de la riqueza (sin aclarar a cuál se refiere). Lo cual no obsta para que en su momento haya reclamado el pago de pensiones retroactivas millonarias al Estado por distintos cargos políticos desempeñados, contraviniendo disposiciones legales existentes.

Algunos cínicos suelen terminar como Menedemo: aislados de todo y predicando en el vacío, porque quienes les oyen terminan desconfiando de contradicciones que solo evidencian la falsedad de la virtud que predican, al no aplicarse a sí mismos las reglas que ésta impone.

Alberto, nuestro “prescindente delegado”, avanza a paso firme para ubicarse en el podio del campeonato mundial de los cínicos, y desbancará quizás muy pronto a su madre putativa, provocando indirectamente que las víctimas de sus dichos y acciones incongruentes aumenten sus acampes en la avenida 9 de Julio de la Capital -o arriba de los árboles, como primates-, al advertir que extorsionarlo “por las buenas” es inútil, ya que no tiene nada más para darles (aunque se los haya prometido).

Esta es alguna de las razones por las que muchos de ellos hayan decidido montar carpas domiciliarias temporales en la

vía pública cuantas veces lo consideren necesario, para poner de manifiesto sus reclamos (y jodernos a todos los demás).

Conclusión: cualquier futuro “potable” para nuestro país, dependerá de la decisión que tome la sociedad para identificar a los cínicos “posmodernos” y marginarlos de cualquier consideración personal al momento de votar.

Porque como señala Nietzsche, “no todo final es un objetivo. El final de la melodía no es su objetivo; pero a pesar de esto, si la melodía no llega a su final, no logra su objetivo. Todo un símbolo”.

A buen entendedor, pocas palabras.

(*) Los esquizofrénicos son individuos que pierden contacto con la realidad, lo cual afecta gravemente su comportamiento personal en relación con los demás.

Carlos Berro Madero

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