Miércoles, 11 Mayo 2022 12:04

Los delirios de una mujer endemoniada - Por Carlos Berro Madero

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“No es la experiencia del día de hoy lo que vuelve locas a las personas. Es el remordimiento por algo que sucedió en el pasado, y el miedo a lo que les pueda traer el mañana” - Robert Jones Burdette, militar, escritor y biógrafo estadounidense

Al analizar los intríngulis ideológicos de Cristina Fernández, quisiéramos recordar ante todo unas palabras del General Simón Bolívar (a quien Hugo Chávez atribuyó más de una veintena de apotegmas falsos), quien dijo alguna vez que “un justo celo es la garantía de la libertad republicana, Y NUESTROS CIUDADANOS DEBEN TEMER CON SOBRADA JUSTICIA QUE EL MISMO MAGISTRADO QUE LOS HA MANDADO POR MUCHO TIEMPO, LOS MANDE PERPETUAMENTE”. 

Todo lo contrario de lo propiciado por el difunto Chávez, quien sometió a Venezuela a sus arbitrios totalitarios, y abrió las puertas -luego de producido su fallecimiento-, para la continuidad de una dictadura que recayó en las manos del mamarracho ex chofer de ómnibus que hoy preside ese país: Nicolás Maduro.

La sentencia de Bolívar a la que aludimos no representó jamás el ideario de una revolución mal llamada “bolivariana”, que se caracterizó más bien por la hipocresía de sus líderes al tergiversar capciosamente la historia y las palabras del héroe nacional mentado.

Cristina Fernández parodia pues una revolución basada sobre dichos jamás expresados, utilizándola como “inspiración” de su Unidad Ciudadana con olor a naftalina, que propicia con sus exabruptos la destrucción de la república, contradiciendo el pensamiento de Bolívar.

Ya en 2019, cuando vio que no podría retornar a la primera magistratura por medio del sufragio público (no le daban los números necesarios), sacó de la galera un conejo de su mismo “pelo”, pero con menos agallas y escasa materia gris: el infatuado que nos gobierna hoy ejerciendo el Poder Ejecutivo.

Y ahora que comienza a derrumbarse el sueño de un soñado regreso triunfal (como era lógico esperar), acosada por problemas que ella misma contribuye a generar casi diariamente con su ideología falsa de toda falsedad, aparecen las excusas de quien se muestra como una modista chambona, que al terminar defectuosamente su trabajo busca pretextos para justificar la calidad de las costuras desparejas e hilachas mal cortadas de su labor.

Hay un antiguo concepto de Friedrich Nietzsche que habla de la “veneración de la locura”, y le cabe como anillo al dedo a la relación que mantiene Cristina Fernández con “su” gente, reviviendo el conocido síndrome de Estocolmo, una enfermedad del espíritu que liga en forma misteriosa a los torturadores con sus víctimas. Dice el filósofo austríaco al respecto: “al haberse observado que algunas emociones aclaraban la mente de algunas personas e inspiraban invenciones felices, se pensó que con emociones más intensas se lograrían invenciones e inspiraciones más felices aún; DE AHÍ QUE SE VENERARA A LOS LOCOS COMO SI FUESEN SABIOS Y ORÁCULOS”.

Porque solo una persona endemoniada puede actuar con la “impunidad de conciencia” que distingue a Cristina Fernández, una mujer que de no ser aplastada por un pisotón de la realidad “real” que logre fulminar sus desvaríos, no cejará en sus propósitos de someternos, impidiéndonos vivir en paz.

El último discurso celebrado esta semana en el Chaco ante un auditorio de sumisos aplaudidores, confirma hasta qué punto ha logrado envenenar la cabeza de la mayoría de sus prosélitos utilizando, como siempre, sus conocidas y reiteradas referencias históricas tergiversadas y la mención de argumentos políticos y económicos realmente alocados.

El politólogo mexicano Enrique Krause, que ha analizado las falsedades del gobierno venezolano, recuerda una obra: “Tormenta y Pasión”; título de un drama del escritor alemán Friedrich Maximilian Klinger, que sirvió para inspirar un movimiento cultural entre los años 1765/1785 en su país, caracterizado por la impetuosidad del pensamiento, CONCEDIENDO MÁS IMPORTANCIA A LAS FUERZAS VITALES QUE A LA RAZÓN.

Se parece bastante al credo en el que abreva la tropa “camporista”, aunque sus líderes no hayan leído, seguramente, a Klinger, o Klopstock, o Herder, miembros de la corriente señalada y también recordados por Krause.

En efecto, si el concepto de lo que significa “trabajar” esbozado por Máximo Kirchner, aludiendo al tiempo dedicado por él y sus conmilitones a las “roscas” políticas, y los del éxito en la lucha por controlar la inflación “lograda” por su madre (¿) -usando datos absurdos y mentirosos-, representaran las bases del futuro que imaginan estos auténticos “marginales” de la racionalidad, asistiríamos con el tiempo a la cocción a fuego lento de sus mismos auspiciantes.

Porque como señala un agnóstico confeso como Fernando Savater, parecería que existe en el Más Allá (“algo” más que “alguien”, dice el filósofo español), un misterioso ordenador que termina por poner las cosas en el lugar que les corresponde en este mundo y conspirará contra el éxito de las improvisaciones tóxicas de Cristina, basadas en un ideario político que reside – por dar un ejemplo al azar-, en la rareza de “hermanar”, como ha ocurrido en estos días, los pensamientos de Juan Bautista Alberdi con las virtudes del gobierno de XJi Ping.

Sin duda alguna, al analizar a personas como ella, adquieren particular relevancia las palabras de Burdette con las que iniciamos estas breves reflexiones.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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