Miércoles, 08 Junio 2022 12:49

El bloqueo de una realidad inoportuna - Por Carlos Berro Madero

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La forma más corriente de inadaptación mental de muchas personas cuando deben abordar decisiones urgentes de cierta trascendencia determina en ellas un “bloqueo” sensorial que les impide aceptar la realidad en el plano cognoscitivo.

Es lo que venimos observando con preocupación en Alberto y Cristina, y aumenta la probabilidad de que, con el transcurrir del tiempo, sufran una crisis aún más aguda de “identidad”, que repercutirá seguramente en ellos de manera brutal, echando abajo, entre otras cosas, la novela “rosa” con la que han querido engatusar a la sociedad. 

Algunas señales comienzan a percibirse en este sentido, cuando asistimos a sus enojos recíprocos frente a situaciones que se les escapan de control, a pesar de los denodados esfuerzos que hacen para prolongar un romance imposible desde el punto de vista del sentido común.

En ese aspecto, el reciente acto conmemorativo de los 100 años de YPF –un “cáncer de bandera” que está corroyendo las arcas públicas-, pareció el calco de una sesión de psicoterapia, mostrando un repertorio de gestos y palabras de su parte que reflejaron la apuesta temeraria del gobierno a una nueva “carta perdedora”, montada sobre un escenario nostálgico y muy poco cuerdo.

Ninguno de los protagonistas principales logró dirigir a su audiencia un discurso renovado de cara al futuro, perorando en cambio sobre vaguedades y recuerdos supuestamente sentimentales de su relación personal, que los ha convertido en el hazmerreír popular.

Solo quedó flotando en el aire una desagradable sensación: estamos frente al desquicio nervioso de dos personas que intentan superar los problemas de una crisis en aumento, recurriendo a subterfugios que provienen de su incapacidad para dominar la amenaza de una “bestia” que va camino a fagocitarlos.

Su sistema de hacer política es anticuado y se basa en la manifiesta intolerancia de ambos para alumbrar soluciones que provengan de una mirada profesional, evitando abusar de simplificaciones penosas para quienes asistimos atónitos a su comedia de enredos.

El populismo ideológico trasnochado que corre por sus venas condena cualquier esfuerzo y aplicación para afrontar la realidad, tratando de hacernos creer que una apuesta válida para salir adelante está basada primordialmente en obtener una satisfacción inmediata a las necesidades de cada quien, a como dé lugar.

Es evidente que buscan de tal modo evadirse de la complejidad que reclama una mínima pericia para afrontar la situación catastrófica a la que nos han llevado, sin comprender la verdadera causa de la misma: su flagrante ineptitud personal, el nombramiento de colaboradores con bajas calificaciones para desempeñar sus funciones y la adopción, como consecuencia, de estrategias políticas erráticas e inadecuadas.

Podemos decir, metafóricamente, que estamos en presencia de dos estudiantes de música, que intentan descifrar el “tempo” adecuado de corcheas, semicorcheas, fusas y semifusas de la partitura que les ha tocado en suerte, acompañados electoralmente por quienes, durante algún tiempo, obtuvieron soluciones temporarias para sus problemas cotidianos, absolutamente insostenibles en el largo plazo.

Queremos recordar en esta instancia al físico ruso Iván Pavlov, quien estudió en el siglo XIX la conducta instintiva de muchos perros frente a ciertos reflejos condicionados que les impone una determinada realidad que les resulta esquiva, y en algunos casos los lleva a salivar nerviosamente a su alrededor y correr desaforadamente, extendiendo luego dichos conceptos al ser humano. Se trata, decía Pavlov, del impacto de estímulos “excesivos” que desembocan en conductas que llevan a algunos individuos a destrozar con violencia lo que tienen entre manos, como un acto reflejo compulsivo proveniente de su disconformidad con dicha realidad.

Esto ha provocado que el Presidente y la Vice “rompan todo” sistemáticamente y hayan sumido a la sociedad en la confusión y la incertidumbre, desconociendo cualquier opción de gobierno “técnicamente” efectiva; lo que no se logrará en tanto y cuanto este matrimonio mal avenido no desaparezca del escenario político.

De persistir estas actuaciones provocadas por su “bloqueo” psíquico frente a problemas que los estorban, es probable que sigamos hundiéndonos progresivamente en los efectos de lo que podría denominarse como “Sala Psiquiátrica de Dos”, y la mayoría de los mismos aumenten cada día un poco más, acercándonos a un “dead end” de características inespecíficas, que podría detonar la democracia y el equilibrio republicano.

Algunos acontecimientos que aquí analizamos podrían resumirse en un “off the record” de funcionarios que los rodean: “nos están llevando a vivir en un manicomio”, dicen; aludiendo probablemente a un lugar donde todos terminaremos encerrados detrás de las rejas levantadas por quienes supuestamente nos “cuidan”, para lograr la concreción de oscuros deseos: que el interior de un instituto mental sea tenido por nosotros como muy superior al mundo circundante.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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