Miércoles, 05 Octubre 2022 12:03

Sobre información, falsedades y un rumbo incierto - Por Carlos Berro Madero

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“Hay una regla que dice que las personas se interesan a menudo menos por la información en sí misma que por sus posibles repercusiones sobre sus creencias y deseos”
- Jean Revel

El miedo colectivo a enfrentar la verdad se está convirtiendo hoy en una epidemia colectiva, favoreciendo la tarea de ciertos políticos demagogos que no están interesados en solucionar absolutamente nada, sino en perpetuarse en el cenit de la opinión pública, y por ende, en el poder. 

Los problemas de la realidad se han circunscripto a distintos matices de las “divergencias” entre dichos políticos, quienes intentan dirimir entre ellos ciertos criterios extravagantes respecto de la misma, tratando de adaptarla -sin ningún éxito por supuesto-, a sus objetivos personales.

Existen demagogos de extrema izquierda que apoyan sus conclusiones en cuestiones de índole moral, totalmente abstractas y reñidas con “lo posible”; y también de extrema derecha, que basan las suyas en fórmulas econométricas de imposible realización.

Esta es la esencia de la denominada “grieta” política: un escenario donde resulta muy difícil pronosticar el devenir de los males que nos aquejan, o la eventual pureza de concepciones antagónicas, que en uno y otro caso reflejan el “ombliguismo” de quienes intentan prolongar este estado de cosas, en estricta relación con sus intereses personales.

La vaguedad de su lenguaje rebuscado mantiene a la sociedad azorada frente a una pugna de supuestos “iluminados” que la sumió finalmente en una vida miserable.

Mientras tanto, se detecta el peligroso avance de quienes intentan “romper” con el sistema: revolucionarios que sostienen -como ha ocurrido siempre a través de la historia-algo supuestamente nuevo que no es “ni esto, ni aquello”, cuya única pretensión consiste en incorporarse al “banquete del statu quo”.

Esto está estorbando severamente el proyecto de hegemonía de un kirchnerismo que en 2003 nació como alternativa de izquierda del peronismo, y hoy se ve obligado a tragar su propia medicina, por más esfuerzos dialécticos que ensayen Máximo, De Pedro, Larroque y compañía, frente a una suerte de “intrusos políticos”, que intentan difundir ideas aún más irracionales, y nos invitan a edificar con ellos un nuevo escenario de supuesta prosperidad colectiva, dispuestos a “romper” todo lo existente como les cuadre, según manifiestan públicamente con total desparpajo.

En este escenario, que está convirtiendo nuestra convivencia política y social en una verdadera tragedia, las próximas elecciones ofrecen una oportunidad quizás única para que recordemos lo que señala al respecto de cuestiones semejantes el sociólogo francés Gustave Le Bon, cuando advierte que “un grupo humano se transforma en multitud cuando se vuelve sensible a la sugestión y no al razonamiento, a la imagen y no a la idea, a la afirmación y no a la prueba, a la repetición y no a la argumentación, al prestigio y no a la competencia. En el seno de esa multitud una creencia se extiende no por persuasión sino por contagio”.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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