Viernes, 13 Octubre 2023 11:55

Influencia del corazón sobre la cabeza - Por Carlos Berro Madero

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Las pasiones suelen incidir decisivamente sobre el entendimiento, sobre todo en su relación con la verdad, impidiendo que la misma se transforme en un alimento que sostenga el sentido común.

En ese escenario, nuestros políticos lucen como protagonistas de una lucha discursiva para sostener premisas y apotegmas de dudoso contenido efectivo, que intentan calmar los nervios y la tensión de una sociedad que no encuentra salida para los problemas que la aquejan. 

Las dudosas promesas ofrecidas por los candidatos a gobernar nuestro país después del 10 de diciembre próximo huelen a voluntarismo puro (como siempre), sin ayudarnos a pensar el futuro de un modo sólido y estable. Y una sociedad –la nuestra no tiene por qué ser una excepción-, que vive al ritmo de sus emociones poniendo solamente el corazón en juego, termina muy alejada de la realidad.

Muchos observadores extranjeros, no alcanzan a explicarse de qué manera podremos encontrar la tan “cacareada” unión nacional, si los gritos, agresiones y una gran ordinariez de expresión no hacen más que replicar los modos caprichosos de un comportamiento colectivo nefasto.

Nadie aplaza sus demandas, ni está dispuesto a sacrificar sus ganancias para que podamos alcanzar entre todos un antídoto para nuestras crisis recurrentes, saliendo airosos de una sucesión de desatinos alimentados por una suerte de absolutismo cultural.

¿Qué han aportado los debates? Exhibir un concurso “atlético” donde lo que ha importado a los protagonistas y al público en general es quiénes resultaron ganadores o perdedores, como si hubiese sido una cuadrera del campo.

¿Ideas? Muy pocas. Acaso porque evidenciaron no haber aprendido con eficacia el espíritu de síntesis por el que abogaba Rilke. O tener que enfrentarse a un estado de cosas que indica, más allá de vaguedades discursivas, que deberemos sacrificarnos inexorablemente, en medio de pasiones exacerbadas por años de desaciertos en los que hemos pospuesto la razón y desoído al sentido común.

Debemos sumar a todo esto, la influencia de nuevas redes sociales consumidas principalmente por jóvenes entre 20 y 30 años que se encogen de hombros cuando los políticos les endilgan su propia versión del pasado histórico.

Puede comprobarse así, que esa porción de juventud incorporada recientemente al voto popular, con poca o ninguna educación, sin comida ni trabajo, y muy pocas posibilidades de “reglar” su conducta, exalta la inmediatez como vehículo para salir de sus carencias, embistiendo contra todo y rebelándose contra un “deslumbramiento” discursivo que los ha sometido a vivir en el submundo. Porque cuando no hay, no hay.

Nos enfrentamos de tal modo a un futuro muy complejo, resultando difícil pronosticar cuál será el resultado final de la pugna existente entre las pasiones y la razón.

Mientras tanto, los cañones apuntan y disparan en cualquier dirección. ¿Hasta que todos nos quedemos sin municiones?

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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