Miércoles, 18 Octubre 2023 13:02

Una aceleración insalubre de la incertidumbre social - Por Carlos Berro Madero

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Las numerosas crisis sufridas durante más de 60 años –especialmente en los últimos 20-, nos han obligado a atar y desatar nuestros lazos con la realidad con mayor rapidez, alterando gravemente nuestro ritmo de vida.

Por otro lado, obligados a reaccionar respecto del torrente de informaciones (falsas o verdaderas) que circulan en los medios audiovisuales al respecto de ciertos temas acuciantes -sin contribuir a resolverlos-, nos ha hecho caer finalmente en un estado de desintegración cognitiva. 

En ese escenario, los políticos establecen actualmente relaciones de poca duración apuntando al corto plazo, concentrando tiempo y esfuerzo a derrotar adversarios sin importar cómo, y proponiendo soluciones demagógicas de parte de recién llegados sin genuina vocación democrática.

Una corrupción instalada en todos los niveles de “mando” (de mayor o menor grado), ha contribuido además a instalar funciones de gobierno que se aprovechan para beneficio propio, provocando una cadena interminable de lealtades regidas por conveniencias “non sanctas”, mientras se forman equipos que son desmontados con el tiempo, porque solo son concebidos para la emergencia.

Al fracasar estas soluciones cortoplacistas, los integrantes de los mismos salen a pregonar por los medios que fueron convocados para elaborar propuestas “para salir del paso” (sic) y que de tal modo no se sienten responsables de los malos resultados obtenidos en el largo plazo, causando un daño enorme a la credibilidad popular.

Durante años se ha repetido esta suerte de “noria discursiva”, ignorando el hecho ampliamente comprobado en el mundo entero: en una sociedad que permanece relativamente estable, los problemas pasan a ser rutinarios y por ende permiten delinear un futuro predecible.

Seguimos viendo no obstante, que los candidatos con más perspectivas de ser elegidos en las contiendas electorales intentan convencer a la opinión pública de que saben cómo encontrar soluciones permanentes para problemas que exigen resolución casi inmediata (“parar el chorro” diría un lingüista de arrabal), recitando simultáneamente una maraña de slogans inconexos.

Olvidan que cuando la diferencia entre lo posible y lo imposible depende de nuestra decisión, la fe puede ser muy útil, pero no transformará en posible lo que resulta imposible de manera absoluta, queramos o no. Creer otra cosa, como advertía Baroja (citado por Savater), puede ser el comienzo de la locura…o el camino para enloquecer a los crédulos que nos escuchen.

Esa locura que nos mantiene viviendo al margen de la realidad desde hace muchos años.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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