Jaime Balmes decía al respecto que “ciertos hombres ven bien, pero poco; el objeto no se les ofrece sino por un lado, y si éste desaparece, ya no ven nada, inclinándose a ser sentenciosos y aferrados en sus temas”.
A partir de allí podríamos considerar mejor el desabrido debate presidencial entre Milei y Massa.
Ambos se exhibieron como dos boxeadores que confían en la contundencia de sus guantes, sin aportar nada nuevo a lo que ya se sabía: Massa, un hábil cínico, supo esquivar los débiles mandobles de su contrincante, igualando las virtudes del recordado Nicolino Locche.
Milei lució desconcertado, como un adolescente con buenos propósitos obligado a exponer una serie de propuestas que aún no tienen suficiente claridad. Propuestas que parecen reflejar cierto ensimismamiento de quien tiene evidente lucidez para hacer buenos diagnósticos econométricos, sin transmitir demasiada claridad sobre el eventual orden de prelación que propone para sacarnos de la decadencia en la que vivimos.
Porque, seamos honestos, “viva la libertad carajo” puede ser un buen apotegma de campaña electoral, pero necesita asentarse en fundamentos conceptuales prácticos que nos conduzcan a tal fin.
La “música polifónica” de Massa resultó ser por el contrario mucho más efectiva, aunque proviniese de la típica impostación de un manipulador profesional.
Al respecto, hay que darle crédito a Milei cuando dice que la casta existe; y la misma se prepara siempre para renovar su sempiterno discurso maquiavélico: “es así” cómo funciona la política, nos dicen. Y Massa representó a la perfección su papel como conspicuo integrante de la misma.
Es bien sabido que “el orgullo quiere la gloria, pero con cierta dignidad, con cierto predominio, con altivez, sin degradarse; la vanidad la quiere también pero con lánguida pasión, con abandono, con molicie y se hallan mezclados en el corazón humano, teniendo cada cual sus días, sus horas, sus momentos” (siempre Balmes).
Nuestra opinión es que alguna vez tendremos que dejar de vivir “a la aventura”, como nos propone un peronismo hoy kirchnerista, y fijarnos con claridad un fin que comprenda la relación que debemos mantener siempre con los medios que disponemos a la mano, despojándonos de ciertas contradicciones utópicas que nos han traído hasta los sótanos del presente.
Un nuevo “amanecer” –para denominarlo de algún modo-, que exige un severo acto de contrición previo que permita diluir las mentiras de algunos políticos que prometen sacarnos del pantano en el que nos sumergieron ellos mismos con sus desaciertos.
En el debate, ni Massa, ni Milei aportaron nada nuevo que no supiéramos por anticipado, dejándonos ahítos a las puertas del acto final: una votación republicana a la que todos estamos invitados el próximo 19 del corriente.
Ese día concurrirá una juventud bordeando los 20/30 años que no conocemos y se expresa a través de sus propios medios de comunicación (muchos de ellos “bouche-oreille”). A ellos les importa un rábano –aunque nos desagrade o pretendamos ignorarlo-, las disquisiciones “académicas” de los disertantes.
Quizá sean ellos quienes inclinen finalmente la balanza en uno u otro sentido, según una actitud que es difícil reconocer anticipadamente por las razones apuntadas.
A buen entendedor, pocas palabras.
Carlos Berro Madero


Nuestra sociedad vive inundada por descripciones de lo que nos ocurre según la visión de quienes no se detienen a analizar mayormente las razones profundas que nos han traído hasta donde estamos. Todo suele ser, para ellos, “aquí y ahora”.
