Es lo que ha ocurrido con el DNU denominado “ómnibus” de Javier Milei, que ha generado toda suerte de ataques de quienes viven buscando “el pelo al huevo”, como dice el vulgo.
En una sociedad atravesada por la obscenidad imperante en casi todas las expresiones de la política, a nadie parece interesarle mucho el sentido “sanador” de la mayoría de sus fundamentos, cuyo propósito es mejorarnos la calidad de vida a todos (aunque la constitucionalidad del mismo sea discutible en cuanto a la interpretación jurídica de la “emergencia” que le daría sustento), desatando una ola de reparos de quienes han vivido hasta hoy de los curros de la política.
Fernando Savater cuando habla del mundo libre, señala que “la vigilancia debemos concentrarla en defender la libertad individual frente a cuantos, en nombre de lo que sea, pretenden coartarla por nuestro bien (¿); o por respeto a la decencia (¿).”
Por otro lado, el actual Presidente de la Nación, parece tener muy claro que mandar es poner a la gente en su destino, en su quicio, como diría Ortega y Gasset, e “impedir su extravagancia, que suele ser vida vacía y desolación”. Una buena reflexión adicional que le cabe a quienes se exaltan por el comportamiento de un Presidente inédito que comienza a cumplir su palabra de defender “a la gente de bien” (sic).
Un hombre que mientras avanza en su nueva tarea, revelando ser un buen estratega político, intenta ir “comiendo” el cerebro de sus contradictores, sobre todo el de aquellos que sin argumentos convincentes se aferran a formalismos del “gattopardismo” imperante en los círculos “privilegiados” que comienzan a comprender que las intenciones del nuevo gobierno no parecen tener “reversa”.
Ante estos hechos, se nos ocurre retomar a Ortega cuando narraba la historia humorística de un gitano que se confesaba y ante la pregunta del cura sobre si sabía los mandamientos de la ley de Dios, respondió: “Mire Ud. padre, yo los iba a aprender, pero he oído un runrún de que los iban a quitar”.
Nuestra vida en manos del peronismo y sus distintas variantes camaleónicas, nos utilizó como plastilina moldeable para experimentar la implantación de una dictadura del pensamiento, y nos fue atando hasta el punto de dejarnos casi paralizados, mientras usaban toda suerte de ardides que a nadie le importó un comino analizar a fondo en su momento y resultaron útiles para mantener su impunidad a todo evento.
Se trata de un movimiento caprichoso en su origen -como muchas otras ideologías de la historia-, que supo coordinar muy bien sus intenciones con los medios de propaganda utilizados para popularizarlo, y el concurso de organizaciones empresariales y gremiales amancebadas que se le sometieron.
Mediante esta maquinaria perfectamente engrasada, tiranizaron sin miramientos a la sociedad, por lo que deberíamos preguntarles a los “puritanos de la formalidad” que integran sus cuadros políticos por qué se muestran espantados respecto del DNU que cuestionan a viva voz.
A buen entendedor, pocas palabras.
Carlos Berro Madero


Muchos individuos que “acomodan” sus intereses personales, sin importarles a quiénes perjudican con ello, se muestran como fundamentalistas indignados cuando alguien quiere cuestionar sus presuntos derechos, rasgándose las vestiduras “ipso facto”.
