En ese entonces, las diferencias entre uno y otro eran tan acusadas que un acercamiento y -ni qué decir- un cónclave a puertas cerradas, parecía imposible. El cruce de aceros y de agravios lo había iniciado el político que aspiraba a ganar las elecciones presidenciales. La cabeza de la Iglesia católica no se quedó atrás y en sus críticas furibundas al jefe de La Libertad Avanza fue acompañado por el episcopado argentino y algunos curas villeros, del riñón de Bergoglio. Nada, pues, permitía predecir lo que acaba de suceder.
Basta comparar la manera como fue recibido Mauricio Macri en el Vaticano -con una frialdad manifiesta- o la misma Cristina Kirchner -con simpatía pero sin efusividades- para darse cuenta de que el reciente paso de Javier Milei por la Basílica de San Pedro, resultó algo especial. Dos datos ilustran su carácter excepcional: por un lado, que fuera invitado antes de haber cumplido dos meses de gestión al frente del gobierno; por el otro, la duración de la audiencia que el Papa le concedió. Ello sin contar lo que puso al descubierto el video que todos hemos tenido la posibilidad de ver y de analizar en detalle. Entre los dos personajes hubo una corriente de simpatía innegable. Más allá de las formas que debían guardar en atención a motivos de naturaleza protocolar, Bergoglio y Milei dieron la impresión de haberse conocido desde antiguo. Abundaron los chistes y las sonrisas, culminadas en esa suerte de mea culpa del jefe del estado argentino respecto de sus pasadas opiniones acerca del Papa.
El periplo había comenzado en el Oriente Medio. Milei ha manifestado en más de una ocasión que es probable que algún día abrace la religión judía. No es un secreto hasta qué punto comparte los dogmas de una de las vertientes más ortodoxas de esa confesión. En Israel no perdió oportunidad de expresar sus preferencias por la causa hebrea, seguido de su condena a Hamas, a la que comparó con el hitlerismo. A nadie le importó que -terminada su visita a la única nación que vive en pie de guerra- siguiera viaje con destino a Roma. Debe haber sido uno de los pocos, si no el único presidente que, en misión oficial, sumó esos dos destinos en un mismo recorrido.
De Tel Aviv y el Vaticano Javier Milei no ha regresado con contratos o promesas de inversiones millonarias bajo el brazo. El éxito de su periplo no puede medirse con base en parámetros crematísticos. El apoyo de una parte importante de la Iglesia romana y de lo que cabría llamar el lobby judío mundial no son datos menores. En todo caso, hay que sumarlos a los que ya le manifestaron el Fondo Monetario Internacional, la administración demócrata de Joe Biden y el respaldo que hace poco recibió del candidato mejor posicionado para ganar los comicios presidenciales que se celebrarán en la primera semana de noviembre de este año en los Estados Unidos, Donald Trump.
El país al que regresó nuestro primer magistrado no es muy diferente del que dejó al subirse al avión en Ezeiza. En su ausencia tuvo lugar la votación en particular de la ley ómnibus, que Milei mandó retirar al momento de comprobar que 142 diputados -dialoguistas tanto como antagonistas- se habían opuesto de manera abierta al artículo 4, inciso h, referido a los fondos fiduciarios -U$10.000 MM- que la llamada casta política maneja de manera impune desde hace décadas. Estando aún en el exterior también le había pedido la renuncia al titular de la ANSES, Osvaldo Giordano, y a la secretaría de minería, Flavia Royón. Muchos quisieron ver en la medida una venganza enderezada a expensas de los gobernadores de Córdoba y de Salta por la forma en que habían votado sus representantes en la cámara baja. Más bien hay que entender la decisión como un escarmiento.
El proyecto de ley que hoy ha devenido abstracto y el DNU Nº70/2023 que el kirchnerismo intenta voltear en la cámara alta del Congreso Nacional son algo así como la suma y compendio del modelo de país con el que sueña Milei. Aun si el decreto siguiese el mismo camino que la ley ómnibus, ello no implicaría que el gobierno fuese a dar marcha atrás y abandonar su libreto de cambios estructurales. Si no puede avanzar por un lado, Milei tratará de hacerlo por otro. Eso quedó en evidencia cuando retiró el capítulo fiscal de la discusión. Los gobernadores y diputados le hicieron saber que no lo aprobarían, pensando que así lo obligarían a negociar. Si eso creyeron, se equivocaron de medio a medio. Las consecuencias para ellos se hallan a la vista. Quizás ahora tomen conciencia de que gastar a troche y moche -como están acostumbrados- es una política pública que tocó su fin.
Los primeros resultados de la administración libertaria son auspiciosos. No hay que hacerse ilusiones desmedidas ni es dable imaginar que lo peor ya pasó. En realidad, ni siquiera ha comenzado. Pero la baja en el índice de inflación anunciada hoy y el superávit financiero -el dato oficial se conocerá la próxima semana- equivalente a 0,2% del PBI que habría arrojado el mes de enero, son números que invitan a un moderado optimismo si se tiene en cuenta la explosiva herencia que recibió de Sergio Massa. Se podrá argumentar -no sin razón- que, en alguna medida, se logró por efecto de la fórmula jubilatoria concebida por la administración de Alberto Fernández; pero tamaña caída real del gasto público ha requerido recortes severos en varios otros renglones.
Es cierto que la política de equilibrar las cuentas estatales pisando gastos y licuando erogaciones tiene limitaciones. También lo es el que por algo se empieza.
Vicente Massot


“Nunca digas nunca” es una sentencia que por igual se acomoda como anillo al dedo a la vida y -por lógica consecuencia- a la política. Supongamos, al menos por un momento, que tres meses atrás, en plena campaña electoral, se le hubiese hecho llegar al Vaticano el interés de Javier Milei de visitar al Sumo Pontífice. Seguramente, la sutil diplomacia vaticana habría fruncido el ceño en muestra de desagrado. La respuesta del líder libertario habría sido idéntica a la de la curia romana si acaso ésta hubiese sondeado el ánimo de Milei respecto de su voluntad de viajar a Roma y entrevistarse con Francisco.
