Domingo, 24 Marzo 2024 10:31

Negociación o estancamiento – Por Vicente Massot

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No había ninguna necesidad de levantar, a expensas de Victoria Villarruel, tamaña campaña de infundios como la que armaron -con la anuencia del presidente de la Nación, claro está- los trolls que trabajan desde antiguo al lado de Javier Milei. A tal extremo es esto verdad que, iniciada la ofensiva a tontas y a locas, sus responsables pronto cayeron en la cuenta de que -lejos de dar en el blanco- cuanto habían logrado era precisamente lo opuesto de lo planeado. Lanzado el boomerang, no sólo no le había partido la cabeza en dos a la vice sino que ahora se les echaba encima y no sabían de qué manera reaccionar.

Creyeron pertinente bajarle los decibeles a la disputa con un comunicado en donde -con torpeza- intentaron aclarar el sentido del mensaje que había dado inicio a la pelea. Pero fue en vano. No se podía tapar el cielo con un harnero. 

La incompetencia de la Casa Rosada fue materia de conversación y de pullas a lo largo y ancho del arco político. Porque para colmo de males, en medio de la disputa terciaron José Luis Espert y Guillermo Francos, quienes no dudaron en descalificar a la cabeza del Senado. Lo que demuestra este hecho es el grado de improvisación y de desacople de los principales miembros del gobierno. Antes de tomar una decisión de esta naturaleza, ¿hablan entre ellos? ¿Se ponen de acuerdo acerca de lo que van a decir, o improvisan sobre la marcha? Ventilar desavenencias entre los dos integrantes de la fórmula ganadora en las elecciones no es un tema menor. Más aún si la que recibió las críticas llevaba razón y sus difamadores -como quedó de manifiesto- obraron como unos irresponsables.

Si este fuese el caso excepcional de una administración que en el manejo de la cosa pública ha demostrado que no deja nada librado al azar y que mide con precisión los pasos que va a dar, no tendría mayor relevancia. El problema es que, por momentos, el grado de amateurismo que deja traslucir en sus acciones, llama la atención. En Balcarce 50 eran conscientes de que las gambetas que había ensayado Villarruel para poner freno a la embestida kirchnerista respecto del DNU Nº70/23 tenían un límite. Es más, la vicepresidente había informado que carecía de argumentos y armas para dilatar aún más una sesión en donde ese decreto de necesidad y urgencia saldría maltrecho. No obstante, nadie pareció darles crédito a los avisos.   De lo contrario, Nicolás Posse y Guillermo Francos se hubieran sentado a conversar en serio con los gobernadores correspondientes. El resultado, que se avizoraba sin que fuera menester ser un experto en cuestiones legislativas, representará para el oficialismo una derrota estratégica si no logra evitar en la cámara baja del Congreso, lo que ocurrió en la alta.

No es tarde para poner las barbas en remojo, a condición de entender la naturaleza del principio medular de toda negociación, compendiado en el latinazgo do ut des (doy para que me des). Si Milei insiste en descalificar a todos los radicales, a los mandatarios provinciales y a la clase política en general -dejando de lado los matices- cosechará otro sopapo sonoro. Lo curioso del asunto es que los libertarios no se den cabal cuenta de hasta qué punto son legión quienes desean ayudarlos sin que ello signifique sacrificar su identidad partidaria y su derecho al disenso. Véase que después del rosario de improperios que el jefe del Estado ensayo en contra del viejo partido radical, en la votación reciente sólo Martín Lousteau hizo causa común con el kirchnerismo. La mayoría de la UCR no se dejó llevar por el desagrado que le produce el presidente y votó junto a los representantes de La Libertad Avanza y del Pro.

Si en el gobierno aprendieron la lección, es asunto que se halla abierto a debate. En el curso de los noventa días que lleva la gestión mileísta, su jefe en ocasiones ha demostrado conocer los límites que no debe sobrepasar, y en ocasiones se ha parecido a un elefante en un bazar. Pues bien, ha llegado el momento de la verdad. Si se equivoca y lo gana la ira, corre el riesgo de perder la oportunidad de dotar de sólidos andadores a su programa revolucionario. Ya no hay espacio para recibir un nuevo mandoble en la mandíbula y seguir como si tal cosa el rumbo que se ha fijado. Primero fracasó el intento de aprobar la ley ómnibus. La semana pasada el Senado -algo inédito entre nosotros- puso en veremos al ya citado DNU. Si acaso en las próximas semanas la versión reducida de aquella ley o el decreto del que venimos hablando resultasen rechazados, Milei deberá sobrellevar una crisis que bien puede paralizar la totalidad de las reformas estructurales que planea poner en marcha.

Como ocurre siempre en la política, el tiempo es un factor fundamental. Es evidente que hay metas que se pueden alcanzar en el transcurso de este año y otras que ni siquiera se plantean. Las prioridades son claras: bajar la inflación, conseguir fondos frescos y levantar el cepo cambiario. Para conseguirlo es indispensable que se voten las leyes referidas al ámbito laboral, fiscal y previsional que constituyen el núcleo duro de las negociaciones entre el oficialismo y la oposición dialoguista. La impresión que hoy existe en los mercados internacionales, en el FMI y en las oficinas del Tesoro norteamericano, es que la dirección que le ha impreso Milei a su gestión merece confianza. Las dudas nacen a partir de los reveses que ha sufrido en las instancias parlamentarias en que ha sido puesta a prueba. Por lo tanto, prima en todos esos ámbitos el wait and see (esperar y ver qué pasa) antes de colocar un solo dólar en la Argentina. Algo de eso dejó traslucir Brent Neiman, funcionario clave del Tesoro estadounidense -es subsecretario adjunto de Finanzas Internacionales- en su reciente paso por Buenos Aires. Es un secreto a voces que el equipo liderado por Luis Caputo aspira a conseguir unos U$ 15.000 MM con el propósito de poner punto final al cepo. El mismo Javier Milei acaba de afirmar que, si los tuviese, procedería en ese sentido de un día para otro.

Sin importa cuántas vueltas uno dé en torno de los dilemas que aquejan al oficialismo, salta a la vista que no puede seguir postergando un acuerdo de largo alcance con la bancada mayoritaria de la Unión Cívica Radical, de Hacemos Cambio Federal e inclusive de algunos peronistas que con gusto votarían lo que llega del Poder Ejecutivo, en tanto y en cuanto fuesen tenidas en cuenta parte de las reivindicaciones que han hecho públicas. La pelota está del lado del gobierno que, en este momento, necesita esos apoyos sin los cuales su gestión quedará estancada. Sin negociación no hay leyes, sin leyes no hay reforma, sin reforma, no hay confianza, sin confianza no hay plata fresca, sin plata fresca no se puede levantar el cepo. Como hemos dicho tantas y tantas veces, Milei tiene que tener en claro cuál es su posición de mínima antes de sentarse a la mesa con el arco opositor potable. La posición de máxima ya fue ensayada y fracasó.

Vicente Massot

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