Viernes, 19 Abril 2024 11:51

Luces y sombras - Por Vicente Massot

Escrito por

De un lado la casa luce ordenada y todos los artefactos necesarios para que funcione parecen estar en el lugar que les corresponde. Del otro lo que prima es un desorden acusado. Allá reina la claridad mientras acá solo se recortan sombras. En una prevalece la coherencia, y una lógica precisa explica los movimientos de los funcionarios y sus decisiones. En la otra luce la confusión y la irracionalidad campea a sus anchas. No estamos describiendo el reino de la luz opuesto al de las tinieblas.

Es, sencillamente, la impresión que da la administración libertaria cuando lleva cmplidos cuatro meses de gestión, poco más o menos. Nada -corresponde aclararlo- que no hayamos visto antes en estas playas y nada que a priori preanuncie el fracaso del gobierno en atención a las contradicciones y ambivalencias que deja traslucir su acción. Lo mismo podía descubrirse en las administraciones radicales de Raúl Alfonsín y de Fernando de la Rúa, y en las peronistas de Carlos Saúl Menem y de Néstor Kirchner a las pocas semanas de haber llegado cada uno de ellos a la Casa Rosada. 

Si miramos lo que cabría denominar -a falta de mejor término- el mundo de la macroeconomía, cuanto se observa es un equipo sólido que desde el Palacio de Hacienda mide cuidadosamente sus pasos, no se deja llevar por el exitismo, decide las políticas públicas con arreglo a un plan prefijado y ha logrado -en apenas 120 días- poner en caja a las Leliqs, bajar la inflación de manera sistemática, incrementar en más de U$ 12.000 MM las reservas netas del Banco Central y equilibrar las cuentas públicas.

En materia de seguridad, el desembarco en Rosario para poner coto a las bandas del narcotráfico y el protocolo enderezado a terminar con esa verdadera pesadilla diaria de los cortes de calles, avenidas y rutas por parte de organizaciones piqueteras -solventadas por el propio Estado- han sido exitosos. Y si bien es cierto que en la Chicago argentina la batalla recién ha dado comienzo, de todas formas lo que se ha hecho resulta satisfactorio. Patricia Bullrich no es una improvisada y ha demostrado que, a la hora de cumplir con sus obligaciones, no le ha temblado el pulso.

En punto al manejo de las relaciones exteriores y a la manera como se ha movido de fronteras para afuera Javier Milei, la correspondencia entre las promesas de campaña y las acciones de gobierno ha sido total. Es demasiado temprano para determinar si la alineación automática con los Estados Unidos e Israel le traerá a nuestro país los beneficios que imagina el presidente. Pero más allá de estar de acuerdo o de disentir con sus postulados, nada de lo que ha obrado hasta hoy ha sido incoherente. Diana Mondino viene de salvar las diferencias formales existentes con Brasil, y las relaciones con China no han sufrido altibajos de consideración luego de las discusiones acerca de la base satelital ubicada en Neuquén.

Por último -para cerrar este análisis a vuelo de pájaro referido a los logros gubernamentales- cabe hacer mención de otras dos facetas. Por una parte, la voluntad de realizar cambios de carácter estructural en el campo de la economía, las finanzas, los impuestos, las relaciones laborales y la planta estatal. En este aspecto la administración libertaria es la primera que ha planteado -en el curso de los últimos ochenta años- la necesidad de gestar una verdadera revolución con el propósito de clausurar la decadencia que nos aqueja desde mediados del siglo pasado. Por la otra parte, la disposición para destapar el velo que cubría la corrupción en el sector público -fideicomisos, seguros, falsificaciones, contrataciones espurias, etc.- como nunca antes se había ensayado.

Claro que -en paralelo- hay una realidad que desconcierta. El mismo elenco que clama en contra de la casta es el que entroniza a Daniel Scioli en la Secretaría de Turismo y Deportes de la Nación y nombra embajador en los Estados Unidos a Gerardo Werthein. Alguien podrá pensar que -en comparación con los problemas que debe enfrentar Milei- los ejemplos mencionados no dejan de ser anecdóticos. Aun así, qué pensar de la nominación de Ariel Lijo para integrar la Corte Suprema de Justicia. Es tan flagrante, en estos casos, la contradicción entre los dichos y los hechos, entre el discurso oficial y las decisiones adoptadas, que no se pueden pasar por alto. Lo del magistrado de Comodoro Py -a diferencia de los otros casos mencionados- es de una gravedad extrema. Con el agravante de que, a pesar de sus antecedentes ominosos -que han sido ventilados hasta el hartazgo en estos días- el Poder Ejecutivo los ha ignorado y ratificado su postura.

Claro que -en paralelo- hay una realidad que desconcierta. El mismo elenco que clama en contra de la casta es el que entroniza a Daniel Scioli en la Secretaría de Turismo y Deportes de la Nación y nombra embajador en los Estados Unidos a Gerardo Werthein. Alguien podrá pensar que -en comparación con los problemas que debe enfrentar Milei- los ejemplos mencionados no dejan de ser anecdóticos. Aun así, qué pensar de la nominación de Ariel Lijo para integrar la Corte Suprema de Justicia. Es tan flagrante, en estos casos, la contradicción entre los dichos y los hechos, entre el discurso oficial y las decisiones adoptadas, que no se pueden pasar por alto. Lo del magistrado de Comodoro Py -a diferencia de los otros casos mencionados- es de una gravedad extrema. Con el agravante de que, a pesar de sus antecedentes ominosos -que han sido ventilados hasta el hartazgo en estos días- el Poder Ejecutivo los ha ignorado y ratificado su postura.

Las luces y las sombras mencionadas no representan un escándalo ni son una vergüenza. Con mayor o menor intensidad se dan en todos los regímenes. El de los libertarios no es la excepción a la regla, lo cual no quita que deba prestarle más atención a unas desprolijidades que hasta ahora no han hecho mella en el apoyo al gobierno de la mayoría de los argentinos. Pero que podrían dañar su imagen y restarle apoyos más adelante, cuando la luna de miel se haya terminado y el desgaste propio de cualquier administración se haga notar.

Vicente Massot

Top