Eso es perceptible en partidos como Florencio Varela, Malvinas Argentinas, José C. Paz, Merlo, Lomas de Zamora, Berazategui, Esteban Echeverría, Lanús, Almirante Brown y Avellaneda, entre otros. Como se ve, no se trata de Barrio Norte, Recoleta, Barrio Parque y Belgrano R. Esto en el mismo momento en el que arrecia el ajuste -con unas consecuencias sociales que, en el conurbano bonaerense, se hacen sentir de manera especial- y los efectos de la recesión económica no dan respiro a una parte importante de la población.
El fenómeno que registra la mencionada muestra no se hace notar tan sólo en algunas de las zonas más castigadas del AMBA, sino en buena parte del país. Esto explica la sorpresa que genera en la mayoría de los analistas, e inclusive en no pocos líderes políticos, el alto grado de adhesión del oficialismo. Si para muestra vale un botón, ahí están las opiniones vertidas hace escasos días por Cristina Kirchner y José Mujica. Mientras la primera lo comparó en este aspecto con los comienzos de la ‘dictadura militar’, el uruguayo trajo a comento lo que sucedió en Alemania con el nazismo. Uno y otro apuntaron al hecho de que los pueblos también se equivocan al votar o al apoyar a gobiernos de facto. Por lo visto, ninguno de los dos se dio cuenta de la pobreza de los razonamientos que esgrimieron. Trataron de descalificar a la administración libertaria sin tomarse el trabajo de estudiar, con un mínimo de ecuanimidad, cómo es posible que quienes sufren los flagelos del ajuste sean, al propio tiempo, sus defensores. La paradoja -si corresponde llamarla así- requiere más rigor y menos resentimiento a la hora de interpretarla.
Como quiera que sea, el periodo de gracia -o, si se prefiere, la luna de miel de Javier Milei con la mayoría de la gente- sigue su curso como si fuese el primer día del mandato, o poco menos. El dato -como es fácil comprender- es de una importancia superlativa en atención al hecho de que -cuanto más meses transcurran sin que el apoyo ciudadano merme de forma significativa- más posibilidades tendrá el jefe del Estado de mostrar avances en términos de la recuperación del salario real y de la salida de la recesión. Si al cabo de las primeras veinte semanas de recorrido gubernamental se hubiese agotado la paciencia de una gran parte de la población y se hiciese notar la rabia popular, los libertarios enfrentarían un problema de órdago en razón del tiempo que todavía falta para que sean perceptibles los ‘brotes verdes’. Pero en la medida en que, pasado casi medio año desde el inicio de la gestión, todavía la esperanza de un cambio favorable supera al desánimo que puede provocar la mala situación económica, transitar los peores momentos del ajuste con un consenso favorable es algo que obra en su favor. Sencillamente, porque gana un tiempo precioso.
En este orden de cosas habría que distinguir, con algún cuidado, el mundo de la gente de a pie respecto de la dimensión en la cual se mueven los sectores ideologizados de la sociedad y la clase política. Es casi seguro que, en su gran mayoría, el respaldo a Milei provenga de personas que no tienen la más mínima idea de quién es el juez Ariel Lijo o lo que significa el RIGI (Régimen de Incentivos a las Grandes Empresas). Que la Ley Bases y el paquete fiscal que se discuten a brazo partido en estos momentos en el Senado de la Nación sean para ellas cosas semejantes al chino básico, y que ni siquiera hayan escuchado hablar del voto argentino en contra del Estado Palestino. Hay, entre uno y otro universo, un verdadero abismo.
Que el juez con asiento en Comodoro Py sea nombrado ciudadano ilustre por el intendente kirchnerista de Avellaneda, Jorge Ferraresi, con el concurso de la bancada libertaria de ese municipio y que al mismo tiempo las abuelas de Plaza de Mayo y la DAIA -por razones bien diferentes- también manifiesten su apoyo a un magistrado tan desprestigiado, son cosas que le importan y dan que hablar a una ínfima minoría de los argentinos. No significa, en absoluto, que el asunto carezca de trascendencia. La tiene y en grado sumo desde el punto de vista institucional. Sólo que, en términos de la confianza que aún suscita la administración mileista, Lijo, Palestina, Israel y tantos temas de preocupación diaria en los ambientes políticos, no existen en el radar del popolo grosso. Lo que sí le importa a éste, por ejemplo, es que la inflación de la canasta alimentaria fue en abril de 4,2 %. Eso ubica a la mejora salarial de los trabajadores informales por encima de la suba de los bienes que consumen.
La suba del índice de precios minoristas que fue dada a conocer hoy, de 8,8 %, y los pronósticos -casi unánimes- de los consultores respecto de la inflación correspondiente al mes de mayo, que bajaría a 4 %, compensan con creces los retrocesos que han sufrido los dos proyectos de ley que se discuten en la cámara alta del Congreso Nacional. Parece seguro que la esperanza del oficialismo de conseguir la aprobación del Senado en el curso de los próximos días quedará en eso. Por lo tanto, el Pacto de Mayo deberá esperar un par de semanas más, en el mejor de los casos. Nada -dicho sea de paso- que le quite el sueño al gobierno. Tarde o temprano, con o sin vuelta a la cámara de iniciación, los proyectos terminaran convertidos en ley. Qué tan esmerilado quedará el libreto original es asunto que no podrá determinarse hasta tener el texto final aprobado y las reglamentaciones pertinentes estudiadas con detenimiento. Mientras tanto, la inflación continúa su curva descendente, la brecha se achica y el riesgo país sigue bajando. A los efectos de lo que necesita mostrar el oficialismo en estos días, las buenas noticias superan con creces a las malas.
Vicente Massot


Hay una encuesta de reciente factura, debida a CB Consultora, que hace referencia a la imagen de Javier Milei en los veinticuatro principales municipios del Gran Buenos Aires. Lo menos que puede decirse de la misma es que resulta muy sintomática y merece ser analizada con atención por un motivo en particular. Si bien en el balance general los números que arroja son adversos al presidente -el diferencial le es favorable apenas en dos distritos: el de San Isidro y el de Vicente López- lo que llama poderosamente la atención es que, comparado con el anterior sondeo, en quince de los partidos que incluye la muestra la opinión favorable respecto de la persona del presidente -y por lógica consecuencia, de su gobierno- ha crecido.
