En estos días, Sandra Pettovello ha sufrido en carne propia cuanto podría calificarse como la maldición estatal. El paso en falso que dio fue, en parte, motivado por esa máquina que no hace ni deja hacer. El sistema de compras y almacenamiento, como el de transporte y logística del Estado criollo es obsoleto y proclive a generar negociados del más diverso tipo. Es posible que la irrupción en el gabinete nacional de Federico Sturzenegger comience a cambiar las cosas en ese sentido. Claro que, al margen del gigantesco aparato que no funciona, hay otras dos razones que explican el hecho -a esta altura- de todos conocido. Una hace referencia a la ministro; la otra, al primer magistrado y al recientemente renunciado Nicolás Posse.
Sandra Pettovello es una mujer con poca experiencia, si acaso alguna, en el manejo de la cosa pública y, para colmo de males, escaso conocimiento de sus colaboradores. De lo contrario no se entendería la legión que renunció antes de los seis meses de gobierno. Y tampoco ten- dría esclarecimiento la presencia a su lado, en calidad de secretaria legal y técnica, de una persona con los antecedentes políticos e ideológicos de Leila Gianni. La favorita de Javier Milei se encuentra al frente de un ministerio de ministerios -si se entiende la expresión- que le quedaría grande al más pintado de los mortales. Es poco menos que imposible gerenciar con eficiencia semejante estructura sin meter la pata.
En cuanto a la culpa que les corresponde asumir al jefe del Estado y a quien ocupara hasta pocos días atrás el cargo de ministro coordinador, reside en la poca competencia demostrada en el armado del organigrama de gobierno. Milei puso en manos de Posse la conformación de los equipos técnicos que ocuparían los distintos ministerios y secretarías. Por incapacidad, falta de poder o irresponsabilidad, a horas de entrar a la Casa Rosada no estaba claro quiénes serían éstos y cuántos ministerios quedarían en pie. Por eso el armado de los elencos que se necesitaban para gobernar se hizo a la apuradas y mal. Hay todavía unos mil cargos en la administración pública nacional que se hallan vacantes.
El sacudón que sufrió Pettovello pasó a mayores pero ella no sufrirá la suerte de Nicolas Posse. No es la primera vez, y ciertamente no será la última que, a poco de andar, un oficialismo tropieza con piedras cómo esta. El presidente en ningún momento pensó en soltarle la mano a la responsable de Capital Humano y no dudó un instante en salir en su defensa de modo enfático, como es costumbre en él. Lo cual no quita que los improvisados sigan campantes y sonantes. Posse había nombrado a un hombre de su riñón, sin ningún conocimiento que lo habilitase, en la AFI. Silvestre Sívori duro lo que su valedor como Señor 5, como se estila definir al jefe de inteligencia en nuestro país. En su lugar, Sebastián Caputo puso ahora a otro indocumentado en la materia, Sergio Neiffert, que deja su puesto como representante del Poder Ejecutivo en la Autoridad Cuenca Matanza y pasa a ser el mandamás de los espías. En resumidas cuentas, cual- quiera sirve para un fregado como para un barrido.
En un par de días más el desmanejo gubernamental de los alimentos -por llamarle así- habrá quedado en el olvido y, por lo que se hace notar en los relevamientos de la opinión pública, traspiés como el comentado no parecen hacer mella en la adhesión que suscita la administración libertaria. Hay temas, como el de la nominación del juez Ariel Lijo para convertirse en ministro de la Corte Suprema de Justicia -nada menos- o el del deficiente manejo de la ayuda social, que poseen un significado especial para una minoría de la población y, en cambio, a la mayoría de la sociedad le impactan en mucha menor medida.
A la luz de las encuestas de reciente data la esperanza le sigue ganando con comodidad a la escasez y a los rigores del ajuste en marcha, y la intención de voto de los libertarios a nivel nacional no deja de resultar sorprendente. Se podrá sostener -no sin razón- que es demasiado temprano para medir por quién se inclinará el electorado el año próximo, cuando deba concurrir a las urnas en unas elecciones de medio término donde se renovará la mitad de la Cámara de Diputados y un tercio del Senado. También cabría argumentar que los comicios venideros son de naturaleza provincial y que, por lo tanto, cualquier sondeo que se realice sin conocer todavía el nombre de los candidatos partidarios en cada distrito, arrastra un vicio de origen. Cierto es, pero siempre será ilustrativo analizar el siguiente dato: que frente a la pregunta: “Aunque todavía falte mucho tiempo, si hoy fueran las elecciones legislativas de 2025, ¿Usted a qué espacio votaría?”, La Libertad Avanza le saque una ventaja al kirchnerismo de veinte puntos (37 % contra 17 %).
Con base en este tipo de relevamientos y en los que miden la opinión ciudadana so- bre la marcha del gobierno y las expectativas a futuro, es que Javier Milei le ha encargado a su hermana una empresa de importancia excluyente, si se tiene en cuenta lo que significará la compulsa electoral de octubre del año que viene. En la Casa Rosada entienden bien que si la condición necesaria para ganar radica en la situación económica -por aquello de que la víscera más sensible del ser humano es el bolsillo (Perón dixit)- la condición suficiente será el armado de un partido con presencia a lo largo y ancho del territorio nacional.
El mayor déficit de la campaña electoral de los libertarios fue su pobre estructura partidaria y la falta de candidatos representativos. Ello explica por qué su presencia parlamentaria resulta hoy tan exigua. El año pasado, entre el mes de agosto -primarias abiertas- y el de noviembre -ballotage- tuvo lugar un fenómeno inédito en estas playas: que ganase por semejante diferencia Javier Milei mientras su partido -que se convertiría en el futuro oficialismo- tendría el número de diputados y senadores más bajo de la historia argentina. Algo que no puede repetirse.
El gobierno lleva una ventaja considerable a poco de pasar revista a la radiografía de la política argentina. Ésta pone al descubierto cuatro datos que los libertarios harían mal en desaprovechar: 1) su alta intención de voto; 2) la dispersión del arco opositor; 3) la inexistencia de figuras relevantes, en condiciones de competir con Javier Milei; y 4) el proceso de descomposición que aqueja al Pro, cuyos votantes amenazan migrar en masa hacia las filas de La Libertad Avanza. La foto muestra este panorama. Nadie sabe cómo se desarrollará la película.
Vicente Massot


El Estado -que tanta tirria le causa a Javier Milei- no es entre nosotros un animal voraz, dispuesto a comerse a la primera de cambios a quienes ocupan ministerios, secretarías, entes autónomos y organismos públicos de todo tipo, tamaño y color. Es, más bien -como lo definió alguien, de manera magistral- una máquina de impedir. De una dimensión elefantiásica, con costos alocados, una cantidad de empleados desproporcionada, una productividad bajísima y tamaña ineficiencia puesta de manifiesto como prestador de servicios básicos, sería un milagro que funcionase cual corresponde y cumpliese con su cometido en tiempo y forma.
