Es cuestión de buscar lo que uno desea para encontrarlo en sus endiablados recovecos. Pero, al mismo tiempo, estos mercados antiquísimos tienen una exigencia que no está escrita en ningún lado y es de cumplimiento obligatorio: para comprar algo es necesario -o, mejor dicho, imprescindible- conocer a la perfección el arte del regateo.
Todo es una negociación que, de ordinario, se extiende por horas entre el que vende sus productos y el que desea adquirirlos.
Esta corta introducción -que a primera vista poco o nada tiene que ver con la política criolla- cobra sentido a partir de cuanto sucedió en el Senado de la Nación en el curso de la semana pasada, de la misma manera que antes había ocurrido en la de Cámara de Diputados. El Parlamento se transformó en cosa muy parecida a un bazar en el cual casi la totalidad de los puntos de la ley Bases y de los concerniente al paquete fiscal fueron objeto de un sinfín de fullerías, trapicheos y chalanerías entre las distintas partes interesadas. Por un lado el oficialismo, urgido a la hora de contar con un par de normas de la máxima importancia después de seis meses de sequía, y, por el otro, las múltiples capillas de peronistas, dialoguistas, kirchneristas, patagónicos y norteños debatieron antes de dar el quorum y una vez sentados sus honorables miembros en el recinto que les es propio, acerca de regalías mineras, regímenes de promoción, ganancias, facultades delegadas y tantas otras cuestiones.
Si alguien piensa que hubo bloques homogéneos o lealtades partidarias a prueba de balas, se equivoca de cabo a rabo. No existió nada parecido a lo que nos tuvo acostumbrados el kirchnerismo en sus años de esplendor -las dos cámaras convertidas en virtuales escribanías mayores del gobierno de turno- como producto de las mayorías parlamentarias que obedecían a libro cerrado cuanto les llegaba del Poder Ejecutivo. La discusión de las leyes antes mencionadas reflejó la debilidad del gobierno a nivel legislativo. Un dato que -por supuesto- era de todos conocído y anticipaba hasta qué punto los negociadores de Javier Milei tendrían que bajarse de las posiciones maximalistas -que en algún momento había abrazado el presidente- para atender, con paciencia y ánimo receptivo, los pedidos que le lloverían a diestra y siniestra de quienes estaban dispuestos a dar a un precio alto su voto.
En punto a las posturas que se fueron delineando a medida que transcurría el debate, es del caso hacer notar la aparición de un fenómeno novedoso, que cabría denominar de los independientes, por la voluntad de los diputados y senadores a obrar con arreglo a intereses de carácter particular -provincial o corporativo- antes que por la disciplina debida a la agrupación política con la que se identifican. En lo que se refiere a la pesca, al régimen especial de Tierra del Fuego y al tabaco, por ejemplo, el vil metal demostró, como en tantas oportunidades anteriores, el grado de corrupción que serpentea en los despachos de los edificios ubicados en la intersección de la a venida Rivadavia y Riobamba. Sirvan algunos ejemplos -de los muchos que podrían ponerse a consideración- a los efectos de entender este entrecruzamiento de posiciones, imposibles de comprender si acaso se utilizase un parámetro ideológico. El hecho es nuevo y preanuncia la manera como se van a desarrollar las futuras negociaciones mientras persista la actual relación de fuerzas, desfavorable para el oficialismo, en el Congreso de la Nación.
Todo hacía suponer que los treinta y tres representantes de la bancada justicialista votarían como un solo hombre y no fue así. Que lo digan. si no fuese el caso, Carlos Espínola y Edgardo Kueider. Era previsible que los gobernadores disciplinaran a sus respectivos senadores, pero hubo excepciones importantes a esta suerte de regla de oro de la política argentina. Los mandatarios de los estados sureños y sus representantes -de La Pampa, Rio Negro, Chubut, Neuquén, Santa Cruz y Tierra del Fuego- hicieron rancho aparte respecto de los del norte en el tema del impuesto a las Ganancias, sin que la pertenencia al PJ, la UCR o el Pro les importase demasiado. Lousteau -un peso pesado en el viejo partido radical- obró a la manera del Llanero Solitario si se lo compara con el desempeño del resto del bloque del cual es parte integrante.
A su vez, los mandamás de Catamarca, Tucumán y Salta demostraron que no están dispuestos a aceptar mansamente las órdenes de Cristina Fernández o de quien fuese. Basta leer la entrevista a Raúl Jalil, que publicara el diario Clarín en su edición de ayer lunes, para darse cuenta de las distancias que comienzan a tomar los jefes del interior peronistas de la debida obediencia partidaria. Ni qué hablar de la ruptura -que no necesita ser oficializada para percibir su envergadura- de los Gordos de la CGT con Pablo Moyano con motivo de la movilización que terminó en medio de incidentes alrededor del Congreso. Los hechos de violencia -presenciados por el país entero a través de los canales de televisión- una vez más redundaron en favor del gobierno. Es increíble la ceguera del kirchnerismo, la izquierda maximalista y el gremio de camioneros, que parecen no entender hasta qué punto su desmesura en las calles beneficia a quien desean perjudicar.
La fragmentación cruza en diagonal a las diferentes capillas que dicen representar la voluntad popular. Resulta claro que la independencia económica, la soberanía política, la justicia social y tanto otros mandamientos, que hasta unos años atrás podían tener un significado, hoy se han convertido en meros tópicos pasados de moda. Por dos puntos de regalías mineras o un porcentaje en más o en menos del impuesto a las Ganancias, las negociaciones que se desarrollaron sin solución de continuidad por espacio de semanas parecieron calcadas respecto de las que se suceden a diario en aquellos zocos de Marrakesh, Beirut, Estambul o Karachi. Guillermo Francos, Victoria Villarruel, Martín Menem y Santiago Caputo -para citar a los de mayor enjundia en el elenco gubernamental- deberán tomar debida cuenta al respecto. Esto en razón de que sus interlocutores se han percatado de cuánto pueden obtener por levantar la mano a favor o en contra de la administración mileísta.
El inédito fenómeno de la transversalidad -por llamarlo así- recién ha asomado su nariz en el Parlamento y amenaza cobrar mayor vigencia, aun cuando se reabra la disputa en la Cámara de Diputados durante la semana que viene. De más está decir que entonces volverán a discutirse dos de los principales puntos que fueron objetados en el Senado: los impuestos a las Ganancias (cuarta categoría) -cuya reposición acaba de solicitar el Fondo Monetario Internacional- y a los Bienes Personales. El listado -claro- no termina aquí. El oficialismo insistirá con la privatización de Aerolíneas Argentinas, del Correo y de los medios públicos de comunicación. En la cámara alta, por su lado, los kirchneristas de estricta observancia y algunos integrantes de la bancada de la UCR avanzan en conjunto dispuestos a ratificar la suba de jubilaciones que tiene media sanción y también a reponer el Fondo Educativo. Nada que sorprenda demasiado. Es lógico, en atención a su naturaleza, que la mayoría de los senadores de Unión por la Patria, y una minoría del partido de Alem, Irigoyen y Alfonsín, hagan todo lo que se halle a su alcance para ponerle palos en la rueda a Milei.
De momento, llevan las de perder y es difícil imaginar de qué manera podrían cosechar -en el corto plazo, al menos- una victoria a expensas de los libertarios. Sin jefes, sin una estrategia definida y desde el llano, por ahora sólo han podido hacerle cosquillas al gobierno. Milei consiguió que las dos leyes estratégicas se aprobaran en general, fue bien reci bido en el seno del G7, logró que China renovara el swap por U$ 5000 MM y -por si no pare- ciera suficiente- se encuentra en marcha una negociación con el FMI para obtener fondos frescos.
No es poco.
Vicente Massot


Cualquiera que haya visitado un bazar -poco importa si persa, hindú o árabe- se habrá percatado, a poco de caminar por sus intrincados pasadizos, que allí se pueden hallar los más diversos objetos. Desde especias exóticas hasta alfombras típicas, pasando por joyas elaboradas con elementos autóctonos, libros raros o instrumentos musicales.
