Quizá sea éste el dilema a resolver de algunos políticos pertenecientes a partidos tradicionales como el radicalismo y el peronismo, que se enfrentan hoy a un rival diferente como Javier Milei, que ha “plantado” en la sociedad ideas de cambio en materia de filosofía económica que les están causando una gran zozobra operativa. Fundamentalmente, porque están basadas en general sobre el sentido común.
Los discursos y acciones tradicionales de estas agrupaciones centenarias se han caracterizado a través de los años por concentrarse en conquistar “militantes” y “territorios”, manteniéndose atados casi siempre a farragosas divagaciones de tipo emocional.
A Milei, más allá de que logre o no tener el éxito que augura, estas elucubraciones le importan poco, porque su pregón desafía a toda la sociedad a hacer un acto de contrición respecto del pasado.
Una sociedad que estuvo caracterizada por el montaje de lo que Milei denomina “hojarasca” –cientos de miles de reglamentaciones y trabas administrativas controversiales y en muchos casos inútiles-, que llevaron a funcionar al Estado cada vez peor, perpetuando un ritual cuasi funerario: velar lo que nunca fue ni pudo haber sido.
No obstante ello, aprobada finalmente la Ley de Bases, los mismos dirigentes que la votaron favorablemente con el oficialismo, parecen aprestarse a reiniciar su lucha munidos de un garrote para atizarlo sobre la cabeza del Presidente ante su primer tropiezo, prestos para reivindicar fetichismos y fobias a las que son afectos, e insinuando solapadamente: “non omnis moriar” (no moriré del todo).
El peso de una fatalidad estadística que refleja nuestra decadencia durante los gobiernos habidos hasta hoy, no les concede sin embargo mayores chances de perforar con facilidad a un rival que los ha puesto a parir, en un escenario que refleja las consecuencias del sometimiento que nos impusieron durante años algunos narcisistas mentirosos.
Lo que el actual gobierno está sugiriendo es que debemos desterrar esa atmósfera, caracterizada por ambiciones e injusticias prohijadas por quienes solo concentraron sus esfuerzos en gloriarse a sí mismos.
Ese es el cambio de paradigma que plantea la irrupción de un hombre diferente como Milei y permiten augurar una puja que mantendrá en vilo a una sociedad muy inquieta, frente al retorcido capricho de quienes no están dispuestos a aceptar las múltiples evidencias que los condenan.
A buen entendedor, pocas palabras.
Carlos Berro Madero


Existe una gran diferencia entre problemas y preocupaciones. Estas últimas crean un intríngulis que no le permite a la mente humana distinguir las razones por las cuales han surgido, y poder obrar en consecuencia.
