Miércoles, 28 Agosto 2024 11:09

El sesgo marxista del kirchnerismo - Por Carlos Berro Madero

Escrito por

Los más conspicuos representantes del ideario político kirchnerista, sostienen que en todas las trayectorias del poder político debe fomentarse el dictado de leyes “objetivas”, que impidan la libre voluntad del individuo y lo restrinjan a un ideario preestablecido.

De esta manera, dicen, la conducta de la sociedad logra afirmar disposiciones que consiguen encauzar la praxis hacia fines predeterminados por directivos del partido o movimiento político dominante. 

Dichas leyes deben promover la abolición de todo orden imperante, abriendo las puertas a otro progresivo, que alimente el tránsito de un “feudalismo” conservador hacia una transformación revolucionaria de la estructura social, “desarrollando mecanismos de evolución hacia algo “superior” que afirme un proceso igualitario” (¿).

Su inspiración se basa en la dialéctica que caracterizó la filosofía de Marx y Engels, quienes ofrecieron así la clave para lograr “la aniquilación de lo viejo y el nacimiento de lo nuevo” (sic).

Dicha aniquilación consiste en anular las contradicciones al respecto, castigando severamente a los miembros de la sociedad que pretendan apartarse de una unidad decretada por ley, para que todo se vaya resolviendo sin diversidades ni conflictos que permitan el desvío de ciertos objetivos planificados previamente.

Los casi veinte años del kirchnerismo se caracterizaron por el atropello de quienes promovieron estos conceptos dialécticos del marxismo, para mantener el poder y, de paso, enriquecerse escandalosamente.

Finalmente, fracasaron en sus pretensiones para someter a una sociedad que advirtió con el transcurrir del tiempo que el objetivo del régimen consistía, en esencia, en la conformación de una casta de privilegiados obsecuentes.

Para la dialéctica marxista, la “evolución” implica que se debe promover una lucha caracterizada por el mencionado aniquilamiento total de lo viejo; algo que el kirchnerismo no pudo explicar satisfactoriamente en términos políticos, al no indicar en qué sentido podían considerarse sus ideas como “superiores” (¿) para poder justificarlas, provocando el rechazo visceral de quienes vieron cómo les arrebataban ciertas conquistas históricas legítimas por medio de una retórica conceptual autoritaria e inconsistente, alimentada por manifestaciones populares heterogéneas que terminaron por hundir finalmente la gran patraña argumental.

Las investigaciones que ha hecho el gobierno de Milei al respecto (y no atinó a promover Macri en su tiempo), exhibiendo a la luz del día la basura acumulada debajo de las alfombras kirchneristas, han contribuido para dejar todas estas cuestiones en evidencia; a pesar de lo cual, subsisten enormes bolsones de ex beneficiarios del régimen caído en desgracia cuya lucha actual consiste en atacar salvajemente al gobierno, enfermos del resentimiento clásico de quienes carecen de argumentos que permitan sostener las bondades de “lo que pudo ser y no fue”.

La última palabra la tendrá, como siempre ha ocurrido a través de la historia, una sociedad a la que se le ha descorrido el velo que cubrió las vergonzosas “hazañas de lucha” (¿), de algunos capitostes del movimiento “K”, que agregaron a todo lo aquí

expresado una flagrante impunidad para golpear y vejar mujeres como una parte más del proceso de avasallamiento popular.

Alberto Fernández, Alperovich y Espinoza son solo algunos ejemplos de lo antedicho, y quizá tengamos noticias de muchos otros casos similares con el tiempo.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

Top