Miércoles, 04 Septiembre 2024 11:40

Entre el pánico y la indiferencia - Por Carlos Berro Madero

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La política argentina se ha convertido en una comedia de equivocaciones que han terminado sumergiendo a la sociedad en una verdadera tragedia griega.

Las necesidades más elementales, jamás satisfechas por gobiernos que se asemejan a un barco a la deriva, son pospuestas y castigadas por la potencia del azar y el sinsentido, entregándonos la visión de un horizonte sin previsibilidad alguna, donde el riesgo es un visitante cotidiano. 

La razón de este estado de cosas, hay que buscarla en la falta de eficacia de políticas públicas heridas por la dispersión conceptual de dirigentes políticos que siembran el escenario nacional con sus extravagancias, tratando de huir cobardemente de sus efectos colaterales cuando las mismas estallan por el aire.

Todos los demás, corremos detrás de las noticias de los diarios y medios digitales para ver qué nos depara el azar de cada día, relatado de modo bastante ambivalente por algunos intérpretes de la realidad que solo permiten confirmar lo que tememos: la vida cotidiana ha pasado a ser un accidente en estado puro, merced a las catástrofes provocadas por hombres y mujeres que desempeñan cargos públicos sin cualificación alguna, que nos impulsan a refugiarnos, a como dé lugar, de los descalabros que producen con políticas provenientes de su imaginación parturienta.

Vivimos rodeados así por una suerte de nube radiactiva que nos lleva a sentir la inevitabilidad de lo fatal frente a una realidad que abruma, signada por una lluvia ácida de teorías ideológicas que nos caen sobre la cabeza como meteoritos, a través de discursos y promesas que apestan.

Todo esto parece confirmar unos dichos de Steven Hawking al respecto de la modernidad: “vivimos un conjunto de sucesos, y una región del espacio-tiempo, desde donde no se puede escapar, a la que hoy en día denominamos como agujero negro”. Es decir, una lucha permanente para llegar a la verdad antes de ser alcanzados por la muerte.

Dicho agujero negro es, en nuestro caso, algo que prefigura la fatalidad de vivir en medio de una sucesión de hechos meramente fortuitos, como consecuencia de las hipótesis declamadas por hipócritas que solo procuran entretenernos desde las cumbres del poder con proyectos grandilocuentes inaplicables.

Nuestra historia política ha quedado estructurada así por la continuidad de teorías incoherentes, supuestamente basadas en la probabilidad de un nuevo “amanecer”, sin que nadie hasta hoy haya acertado a explicarnos de qué manera puede construirse; y el resultado de este estado de cosas, nos lleva a vivir entre el pánico y la indiferencia.

De allí el fracaso de casi todos los gobiernos a los que hemos dado crédito al inicio de su gestión (tapándonos muchas veces la nariz con los dedos), renovando cada vez los rasgos de una enfermedad colectiva que se asemeja bastante al síndrome de Estocolmo.

Como sus integrantes no provienen de Marte ni algún otro planeta ignoto, nos obliga a replantearnos de una buena vez porqué ocurre esto en una sociedad que, como la nuestra, luce enferma de contradicciones, rechazando prácticas políticas de organización colectiva que han tenido mucho éxito en países “bien” desarrollados.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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