Miércoles, 11 Septiembre 2024 14:37

¿Agonía y dolores de parto? - Por Carlos Berro Madero

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Existe una zozobra generalizada respecto de la política de estos últimos días, que provoca en la sociedad una sensación de agonía y dolores de parto, y ganan en intensidad a medida que debe resolverse el destino de leyes que pueden condicionar severamente los planes del gobierno del Presidente Milei.

Como viene ocurriendo desde hace años, la mayoría de las huestes kirchneristas creen tener los atributos “intelectuales” (¿) para legislar imponiendo -como siempre hicieron-, verdades inapelables de un progresismo falso, aunque ello implicase desfondar las arcas públicas. 

Evidencian así su fanatismo por cultivar absolutos excluyentes, renunciando a la cordura que debería privilegiar tanto lo relativo como lo posible. Algo que jamás hicieron a lo largo de veinte años.

El Congreso, sigue funcionando a golpes de deseo, esparciendo los discursos pomposos de los integrantes de ambas cámaras, para resolver cuestiones basándose en la condena a supuestos impíos y manteniendo una calidad discursiva paupérrima –con escasas excepciones-, que solo parecen apuntar al mantenimiento de una estructura paquidérmica que ha terminado por enardecer al hombre del común. Y es bien sabido que una sociedad crispada resulta ser un bocado delicioso para los aventureros.

La otrora poderosa Cristina Fernández, hoy de “capa caída”, se resiste a ser derrotada totalmente, amparándose en un decreciente puñado de fieles que ven en ella una tabla de salvación que les permita continuar gozando de sus detestables privilegios personales.

Es muy probable que estemos asistiendo al fin de una era nefasta, mal que les pese a las huestes K. Una era signada por el nepotismo y la corrupción. Y un total desparpajo para manejar los ingresos del erario público como si se tratasen de un chicle de extensión indefinida.

Mientras tanto, Javier Milei está haciendo una tarea de perforación de las murallas que se van levantando en su camino hacia una sociedad más libre y verdaderamente equitativa, que recobre el valor del esfuerzo y el mérito de cada quien, aunque no gusten mucho las formas en que a veces se pronuncia.

Causa la impresión que lo hace recordando a aquellos maestros de la adolescencia que frente a un examen nos sugerían prepararnos para un “distinguido”, de modo de poder conformarnos al menos, si así fuera el caso, con un “aprobado”.

Mientras tanto, las masas kirchnero-peronistas pretenden seguir gozando de los placeres que supieron disfrutar durante los años en que terminaron por edificar una sociedad con mayoría de pobres e indigentes fenomenal. Pobres de bolsillo y pobres en solemnidad.

Así están las cosas, “en un escenario donde los derechos niveladores de la generosa inspiración democrática se han convertido, de aspiraciones e ideales, en apetitos y supuestos inconscientes” (Ortega y Gasset).

La pregunta que muchos nos hacemos es: ¿cuál de los dos bandos logrará alumbrar finalmente una criatura robusta y sana?

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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