Miércoles, 02 Octubre 2024 09:31

Los “Dioses” de la política - Por Carlos Berro Madero

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En momentos en que recrudecen las críticas al gobierno de Javier Milei por lo que “todavía no ha logrado” (sic), muchos políticos profesionales y sus usinas periodísticas favoritas omiten cualquier mención a los aciertos de quienes están cambiando la cultura popular respecto de la antinomia entre austeridad y dispendio.

Evitan así cualquier confrontación con formas de conciencia que no deberían someterse jamás a condicionamientos temporales, probando que son seres a quienes no les importa nada que pueda moverlos de una prédica de “magister dixit” con la que nos han martillado el cerebro durante años. 

Montaigne hizo en su tiempo un aporte al debate de ideas, que es necesario más allá de los conceptos meramente “resultadistas” de la política, mediante la exaltación del examen de la realidad.

Lejos de la intolerancia y del fanatismo, concedía a la duda una posibilidad para moderar cualquier sentencia, desconfiando de ciertas “recetas” de un pensamiento mágico de brujería, con el que, en nuestro caso, hemos mantenido inalterable un statu quo que nos llevó a la miseria y la desesperanza.

La banalización de algunos conceptos básicos que versan sobre lo deseable y lo posible, la obscenidad y la abstinencia, la modernidad y la rutina del fracaso, han sido cultivados hasta el hartazgo por falsos profetas que propiciaron con sus prédicas una suerte de pensamiento francamente “involutivo”.

Y el sostenimiento de una decadencia alimentada por los intereses de quienes lucraron por años con las mismas consignas falsas respecto de una “distribución” de lo que jamás hubo en la abundancia pretendida, usando una larga lista de argumentos que probarían, supuestamente, la inconveniencia de intentar un cambio que convertiría nuestra vida en una tragedia, sin explicar en detalle en qué consistiría la misma.

“La obscenidad de este comportamiento discursivo se funda en dos mitos previos, uno de carácter objetivo y otro subjetivo: el objeto irresistible y la validez universal de ciertos fantasmas privados”, señala Savater. Y agrega: “según el primero de ellos, existen ciertas imágenes, posturas, palabras, sonidos, aromas, sustancias, cuya aparición busca aniquilar las débiles defensas humanas frente al avasallamiento terrible del MAL”.

Esta forma de ser no les ha permitido coquetear impunemente con las evidencias de la naturaleza y la realidad, por lo que hoy resbalan por una pendiente que se los terminará tragando por una inercia inexorable, cuyos resultados devinieron en un fracaso colectivo evidente.

Quienes creemos que un cambio es posible -sostenidos por el sentido común-, debemos fortalecer la apuesta libertaria que se nos ofrece aunque sea algo imperfecta, ajustando nuestra conducta personal de cada día, para dar apoyo a la concreción de un escenario diferente de una realidad que hace rato espera a que entremos en razón.

A buen entendedor, pocas palabras.

Carlos Berro Madero

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