Lo que contribuye a que esto ocurra, es la poca resistencia que provocó su irrupción en la sociedad, merced al voto mayoritario de quienes “sintieron” que el núcleo principal de los objetivos que propusieron durante la campaña electoral consistió en propiciar una transformación de la política largamente anhelada.
Cuando sus miembros marchan hoy hacia adelante utilizando una suerte de “paso de Ganso” militar, añaden a sus convicciones la sensación de que sus “soldados” están hechos de hierro.
El gobierno liderado por el Presidente Milei ha puesto en marcha algo más: la aplicación de un refrán que reza “el que pega primero, pega dos veces”; agregando enfáticamente que “hay tareas que deben ser realizadas con urgencia para desterrar un escenario que nos llevó a la postración colectiva, y no descansaremos hasta lograrlo”.
No hay precio a pagar que parezca importarles demasiado, porque se muestran convencidos que deben desterrar políticas en las que nunca se afrontó la realidad, sin aceptar algunas características de la misma válidas para todos los seres humanos de este mundo: la defensa de la moral, el esfuerzo, el mérito y la austeridad.
El combate que está llevando adelante el gobierno destaca los viejos vicios de la “pertenencia” como una manera de obtener “favores”, premiando por el contrario a los que sienten que la libertad de disponer de sus bienes y afirmar sus aspiraciones de progreso, no deben ser coartados jamás por el paternalismo de un Estado que instale disposiciones legales que el ministro Sturzeneger ha titulado con acierto “hojarasca”, poniendo en marcha el desguace de muchas de ellas.
La idea que transmiten es que sus miembros no creen que el Estado deba suprimirse, sino que su aumento desproporcionado ha propiciado la existencia de nichos de corrupción en todos sus estamentos.
Esto lo llevó a ejecutar tareas que pueden realizar mucho mejor los emprendedores privados, volviéndolo a sus funciones específicas: ser esencialmente un árbitro que impida que las acciones particulares de algún individuo perjudiquen a los demás (John Stuart Mill), y concentrándose en funciones indelegables como el sostenimiento de la educación, la justicia y una sana distribución de los recursos disponibles del erario público.
Es bien sabido, como señala el mismo Mill, que un gobierno no debe refrendar además la uniformidad de lo idéntico, porque ello conduce, tarde o temprano, a la tiranía del mismo sobre la sociedad. Ejemplos sobran en todo el mundo.
No ha transcurrido tiempo suficiente aún para medir el éxito suficiente de estas ideas, pero resulta visible que se está removiendo el piso a muchos burócratas corruptos agazapados en las telarañas oficiales, mientras van consiguiendo éxitos parciales de gestión con una rapidez que nadie hubiera imaginado.
Tarde o temprano, el tiempo y la realidad, que no vuelven ni tropiezan, emitirán su dictamen final al respecto.
A buen entendedor, pocas palabras.
Carlos Berro Madero


La identidad de “La Libertad Avanza” de Milei está constituida por ciertos rasgos comunes de quienes la conforman: afirmarse utilizando la sorpresa como característica principal.
