El mandatario riojano está en el ring en virtud de que su valedor por excelencia -el que le permite sacar pecho y compadrear delante de una mujer que ya no le mete miedo a nadie- resulta ser su par bonaerense. Sin los andadores que le ha prestado Kicillof, el pobre Quíntela seguiría dando vuelta por los llanos, codeándose con sus conmilitones lugareños y fabricando bonos que valen menos que papel picado. Pero el que alguna vez fuera el niño mimado de Cristina, ahora, asumida su mayoría de edad política de manera definitiva, ha decidido desentenderse de ella y presentarle batalla. Quizás no le falten razones a la Señora para motejarlo de Judas o de Pilatos, aunque es del caso recordar que la lealtad, en el movimiento que por igual los cobija, se halla devaluada desde su nacimiento. De modo tal que a nadie le interesa demasiado si hubo o no traición.
Las apuestas favorecen claramente a la ex–presidente en el supuesto de que suba al ring con el propósito de enfrentarse al debilucho riojano. En principio, la asimetría de fuerzas es de tal naturaleza que podría ganar sin despeinarse. Claro que, para que ello suceda, la interna debe llevarse a cabo, y eso es lo que está en veremos. Básicamente, en razón de que cuesta una enorme cantidad de dinero -un cálculo a mano alzada la hace orillar los $ 600 MM- y ninguno está dispuesto a gastar un céntimo de su bolsillo para poner a las urnas en funcionamiento. Al extremo de que el PJ recurrió al gobierno para que financiase la pulseada. La respuesta de las autoridades no fue de extrañar. Contestaron: No hay plata. Por lo tanto, sería un milagro que los opugnadores se midan en el cuadrilátero durante el año en curso.
En cambio, la riña de Cristina Fernández y de Axel Kicillof crece en intensidad día a día, y nada hace pensar que vaya a cesar. Con la particularidad de que, en su derrotero, arrastrará a la totalidad del kirchnerismo y a parte del peronismo tradicional. Lo que comenzó como una gresca circunscripta al universo K, se ha transformado en una divisoria de aguas que seguramente impactará de lleno en la legislatura bonaerense -lo cual no sería tan grave-, generará -sea más tarde o más temprano- el rompimiento de los bloques de Unión por la Patria en las dos cámaras del Congreso de la Nación -algo que sería mucho más grave- y, según cómo se desarrollen las acciones desde ahora hasta mediados del año próximo, podría obrar una verdadera catástrofe: que el peronismo fuera dividido a los comicios legislativos de octubre de 2025.
Llegadas las hostilidades a este punto caben tres posibilidades: 1) que no haya interna el 17 de noviembre y los enemigos se llamen a silencio hasta que deban decidir, a partir de abril, la conformación de las listas en el principal distrito electoral del país (en el resto, el peso del kirchnerismo resulta insignificante); 2) que -con o sin interna- el conflicto se agudice y se produzcan los reacomodamientos en las cámaras provinciales y nacionales a las que hicimos referencia más arriba, antes de finales de año. En cualquiera de estos escenarios, el encontronazo de la Señora y el gobernador no se evitaría. Por fin, hay una tercera alternativa: que los dos cobren conciencia de las consecuencias deletéreas que tendría la pelea para su suerte. Y -ni qué decir tiene- para la deriva futura del justicialismo.
Mientras la sangre no corra y las bancadas se mantengan unidas -por muchas que sean sus diferencias a esta altura del partido- habrá tiempo para fumar la pipa de la Paz en algún momento. En cambio, el quiebre de los bloques -sobre todo los nacionales- haría menos probable un acuerdo y sentaría las bases del peor de los cuadros imaginables: la marcha a las elecciones de la provincia de Buenos Aires con dos listas separadas. Si París bien valió una Misa para aquel feroz hugonote Enrique de Navarra, no hay razón para que Cristina Fernández y Axel Kicillof no sepan hacer, de la necesidad, virtud.
Esto sucede en el mismo momento en que, por líneas interiores y sin hacer ninguna alharaca, el hombre más importante y poderoso del gobierno -en quien Javier Milei ha delegado parte de su poder- se ha reunido con los representantes de Mauricio Macri. La intención que los anima es la de intercambiar ideas acerca de un armado conjunto en el distrito bonaerense. En este sentido, Santiago Caputo hace las veces de consejero principal del presidente y de decisor privilegiado en todos los ámbitos de la administración pública, exceptuado el Ministerio de Hacienda y que está a cargo de Federico Sturzenegger.
Nada apura a los libertarios y a los macristas, pero unos y otros son conscientes de cuánto se halla en disputa. Sólo en la medida en que el peronismo fuese con más de un candidato podrían darse el lujo de marchar a las urnas cada uno por su cuenta, y de todas formas siempre correrían algún riesgo. El gobierno necesita ganarle la partida a Kicillof, y sin el concurso del Pro le sería difícil lograrlo. Éste, por su lado, si fuera en solitario podría quedar reducido a la mínima expresión.
En paralelo, en la Casa Rosada se hallan abocados a transformar las alianzas -si se quiere, liquidas- que tantos buenos resultados les han dado hasta el momento, en coaliciones sólidas. La comida que el lunes pasado reunió en Olivos a cuatro gobernadores -los de Misiones, Salta, Tucumán y Catamarca- con el dueño de casa, apuntó en ese sentido. En el periodo comprendido entre la presente semana y finales de octubre tendrán lugar dos nuevas batallas legislativas, una referida al tratamiento del Presupuesto 2025, y la otra -motorizada por distintas facciones opositoras- tendiente a reformar la ley que regula la sanción de los decretos de necesidad y urgencia. No se hace menester explicar la importancia que revisten. Hablan por sí solas.
El presidente de la Nación ya ha anunciado que, si se votase una ley de leyes que pusiese en tela de juicio el equilibrio fiscal, no se quedará cruzado de brazos, y si se modificase la norma que reglamenta los DNU, apelaría al veto. Razón de más para estrechar filas con los mandatarios provinciales amigos y, al mismo tiempo, fortalecer la relación con el Pro. En semejante contexto -siempre difícil-, en Balcarce 50 no dejan de festejar el quiebre del bloque de la UCR en la Cámara de Diputados y la feroz interna que carcome al peronismo. Cuando arrecian los problemas, el gobierno siempre ha encontrado un aliado -de suyo, inesperado- en sus enemigos. Es que éstos, con sus torpezas, no hacen más que obrar en su favor.
Vicente Massot


Hay en estos momentos, a la vista de todos, una pelea que tiene dos contrincantes -Cristina Fernández y Ricardo Clemente Quíntela-, prestos a disputarse la conducción del peronismo a nivel nacional. Si bien la mencionada no es de desestimar, en realidad la disputa de fondo, la que verdaderamente interesa, es otra cuyos únicos contendientes son el actual gobernador de Buenos Aires y la viuda de Néstor Kirchner.
