Dicho lo cual es necesario levantar un argumento de peso que bien podría beneficiar a la administración encabezada por Javier Milei. Los dos presidentes son políticamente incorrectos en grado sumo. Por igual recusan el multilateralismo, la Agenda 2030, la ideología de género, la así llamada cultura woke y cualquier variante socialista imaginable. Además de ello, el argentino ha sido el único en esta parte del mundo que ha quebrado una lanza en favor de aquél, nacido en Nueva York, de manera vehemente, sin cortapisas ni medias tintas, desde que lanzó su candidatura a diputado hace cuatro años, poco más o menos. Si Trump habrá de tomar esto en consideración para hacer valer el enorme poder que acredita en el Fondo Monetario Internacional, es un asunto aún sujeto a debate.
Nadie medianamente serio se arriesgaría a sostener que el tema está cerrado y que, en algún momento, a partir de su llegada a la Casa Blanca en enero del año próximo, las autoridades del organismo de crédito mencionado se hallarán dispuestas a bajarse de sus dudas respecto de la deriva económica que lleva la gestión de Luis Caputo y le extenderán la ayuda que se necesita para salir del cepo. Al mismo tiempo, ninguno de los principales actores de la trama podría descartar la posibilidad de que la ayuda financiera que requiere el gobierno libertario figure en la agenda de Trump.
Contra lo que predica el refrán popular, no todas las comparaciones son odiosas. Las hay provechosas desde una perspectiva analítica. En el año 2018 el FMI nos otorgó el préstamo más grande de la historia del organismo, por unos U$ 45.000 MM. De no haber sido por la cercanía de los dos jefes de gobierno de ese entonces, hubiera resultado literalmente imposible que el staff que reportaba a Christine Lagarde diese semejante paso, dadas las condiciones vigentes en nuestro país. Pero donde manda capitán no manda marinero. Lo exigió la Casa Blanca y la burocracia del FMI hizo mutis por el foro. La pregunta que se impone es: ¿por qué no estaría Trump dispuesto a repetir su apoyo a un gobierno con el cual las coincidencias son mucho más acusadas que las que tenía con el macrista?
Si hay alguien a quien el jefe de Estado estadounidense desearía ayudar en el continente americano, ése es Javier Milei.
¿Lo hará? -Imposible saberlo. No obstante, Milei califica mejor que nadie para obtener tamaño espaldarazo. No por nada, en pocas horas más se hará presente en Mar–a–Lago. En este momento no hay persona de algún relieve en la política mundial que no quiera viajar a Palm Beach y ser bien recibido por el dueño de casa. La residencia al otro lado de Lake Worth será algo parecido a un hormiguero por donde desfilarán republicanos, asesores, empresarios, contribuyentes de la campaña y unos pocos jefes de estado. Que el rioplatense haya podido llegar tan lejos no es fruto de la casualidad ni tampoco producto de nuestra importancia internacional.
En tren de encontrarle una lógica a cuanto parecería una rareza, cabría pensar en la reciente definición de Trump respecto de que, a diferencia de 2016, priorizará la lealtad de los que lo acompañaron desde el primer día. Esto viene a cuento de los apoyos pero -sobre todo- de los odios encendidos que ha generado el republicano no sólo en su país. Un hombre que ha sido señalado de fascista, corrupto, violador, homofóbico, y tantas cosas más, por los diarios, las principales cadenas de televisión, las universidades, el mundo del espectáculo y todo el colectivo progresista, y que ha logrado cuanto parecía imposible -ganó a simple pluralidad de sufragios, obtuvo la mayoría en el Colegio Electoral y manejará las dos cámaras, la de senadores y la de representantes- es lógico que en la hora de su mayor triunfo le otorgue a quienes cerraron filas junto a él, a sol y a sombra, un tratamiento especial.
Si por un momento nos alejamos de Palm Beach y nos metemos en el fango nacional, la cuestión excluyente, que se debatió ayer en el Congreso, está relacionada con una inocultable aspiración del arco opositor conformado por el grueso del peronismo, los radicales acaudillados por Manes y Lousteau, el bloque de la Coalición Cívica, los grupúsculos del marxismo criollo y los integrantes de la bancada de Encuentro Federal que lidera Miguel Ángel Pichetto: ponerle un palo en la rueda al gobierno y lograr que trastabille en punto a sus facultades para administrar la cosa pública.
La embestida -que terminó con una victoria provisoria del oficialismo- se halla vinculada a dos decretos de necesidad y urgencia: uno, el 846/24, referido al manejo de la deuda externa, que si fuese aprobado complicaría el canje que ha comenzado a negociar Caputo para 2025, y el otro, enlazado con la restricción de esos decretos, que si hubiera progresado la estrategia opositora limitaría en gran medida el manejo que hasta ahora ha hecho el Poder Ejecutivo, falto como está de mayorías parlamentarias. Hasta ayer parecía que quienes desean convertir estas iniciativas en ley llevaban las de ganar. Sin embargo, el oficialismo le puso freno a partir de la negociación entablada con gobernadores de todos los colores políticos.
No es una novedad la desesperación de los mandatarios provinciales por conseguir fondos que -en consonancia con el No hay plata, levantado como una de las principales banderas libertarias- escasean. El libreto desenvuelto por la Casa Rosada viene de antiguo y ha sido implementado en mayor o menor medida por todas las administraciones conscientes del poder derivado del unitarismo fiscal: votos a cambio de pesos. La oferta oficialista melló la uniformidad del bloque kirchnerista de diputados y resultó bien recibida en los despachos de los gobernadores.
La sesión en la que tanto confiaban los opugnadores de Milei comenzó a venirse abajo cuando tomaron conocimiento de que nueve de los noventa y nueve miembros de la bancada peronista no darían quorum. La sorpresa fue que también amenazaron con pegar el faltazo dos diputados santiagueños, incondicionales del gobernador Gerardo Zamora. Con todo, la última palabra no está dicha. El colectivo opositor volverá a la carga el jueves 21, al filo del cierre de las sesiones ordinarias. Por razones de tiempo será la última oportunidad que tendrá la nueva alianza formada a instancias del kirchnerismo -que lleva la voz cantante- para lograr un éxito resonante a expensas del gobierno. Hasta aquí la totalidad de sus acometidas han fracasado.
Vicente Massot


El espectacular triunfo del candidato republicano en las elecciones presidenciales que se substanciaron en los Estados Unidos no va a obrar un cambio sustantivo en las relaciones hemisféricas -de la primera potencia mundial con los países iberoamericanos- desde el punto de vista estratégico. Sencillamente, porque -en los términos de las prioridades de Washington- nuestras naciones figuran entre las últimas, lejos de Israel, Irán, Rusia, Ucrania, China, Taiwán y Europa. Es seguro que Méjico -por su contigüidad geográfica, nada más- posea, para el próximo gobierno encabezado por Donald Trump como para cualquier otro de raíz demócrata, una importancia especial que Brasil y la Argentina, por ejemplo, no tendrán jamás.
