Al mismo tiempo, y para coronar una machacona dialéctica descontextualizada, dedicó gran parte de su tiempo a maquillarse “como una pared” (Cristina dixit), vistiéndose con ropa de marcas internacionales de lujo y accesorios “ad hoc”, incluido un Rolex de oro que exhibía sin pudor cuando arengaba a sus fervorosos y descerebrados militantes.
Mientras algunos chupamedias montan hoy gacetillas de prensa para treparla nuevamente a un pedestal que luce rajaduras irreparables, ha reaparecido en escena usando el lenguaje vulgar que seguramente aprendió en el barrio de Tolosa donde pasó su infancia, vistiendo un nuevo “out fit” proveniente de tiendas de saldos y descuentos, para insistir frente a algunos incautos acerca de su “proyecto de país igualitario” (sic), tratando de crear empatía con gente que aún la venera como si fuese una vestal.
A todos los que tenemos dos dedos de frente, nos produce indignación presenciar el cinismo y la soberbia casi insuperable de quien arrojó a la pobreza a millones de ciudadanos que sufrieron los desaciertos y desmanes de sus gobiernos ineficientes y muy corruptos.
Porque nadie ha podido calcular aún con certeza lo que robaron con su ex esposo Néstor durante los años en que la única ocupación de ambos fue el desempeño de cargos públicos, sustrayendo en su provecho fondos del Estado a través de fideicomisos y contratos espurios celebrados con empresarios fictos y corruptos.
Años en los que vimos revolear por el aire bolsos llenos de dólares por parte de “secretarios” privados (luego multimillonarios) y el florecimiento de hoteles construidos por testaferros salidos de las penumbras fétidas de la corrupción que propiciaron.
Porque el nivel colosal de enriquecimiento de un matrimonio que salió prácticamente de la nada, no resiste ninguna ecuación matemática demostrable y la falsedad con que afronta los cargos que se le formulan hoy a la ex, ex, solo la llevan a exclamar con cara de piedra que “se trata de una persecución política porque soy mujer y no me pueden dar una piña” (sic).
Insólito y ofensivo para quienes cultivamos el sentido común y seguimos a pies juntillas las constancias habidas sobre sus trapisondas.
Más aún para los magistrados que analizaron puntillosamente sus tropelías y las expusieron con claridad, condenándola por corrupta en varias instancias judiciales. La última de ellas coronando una ratificación de segunda instancia sin atenuantes.
No sabemos qué es lo más conveniente para el actual gobierno: si dejarla andar con muletas para usarla como enemiga útil, exhibiendo las inmundicias que dejó libres por todos lados, o apretar el acelerador y sacarla del camino propiciando leyes que le impidan presentarse a cargos públicos mientras la apelación a su doble condena reciente duerma una plácida siesta en los despachos de la Corte Suprema de Justicia.
Nosotros creemos que la segunda opción sería la más acertada, porque estamos convencidos que alguna vez habrá que terminar de usar ciertos eufemismos conceptuales a los que somos tan afectos los argentinos cuando buscamos negar la realidad y dejamos paso a la prevalencia de nuestra alma quejosa y tanguera.
Finalmente, y para no abusar de quienes nos leen, queremos resumir estas reflexiones dedicándole a la ex, ex (que no se arrepiente de nada) un consejo del filósofo chino Xi Zhi: “Debes examinarte diariamente; y si encuentras faltas cometidas corregirlas de inmediato. En caso de no encontrar ninguna, seguir buscando con más ahínco aún”.
A buen entendedor, pocas palabras.
Carlos Berro Madero


Cristina Fernández arrastró siempre por la vida su origen plebeyo y controvertido, identificándose como émula de Napoleón y los arquitectos egipcios, habiendo llegado a proclamarse “abogada exitosa” ante estudiantes que la interpelaron por el origen de su fortuna personal durante una visita realizada a la Universidad de Harvard, sin que nunca haya puesto su firma en tal carácter en algún escrito jurídico que se conozca.
