Por un lado, el proyecto de Ficha limpia. Por el otro, la eliminación o suspensión de las primarias abiertas, simultáneas y obligatorias, más conocidas como PASO. Finalmente, los pliegos de Ariel Lijo y de Manuel García Mansilla para integrar la Corte Suprema de Justicia de la Nación. Los dos primeros proyectos deberán pasar por ambas cámaras, mientras el de los candidatos de los libertarios para llegar al máximo tribunal sólo tendrá que ser tratado por los senadores.
Más allá de cuanto arriesga la administración presidida por Javier Milei en estas sesiones, lo cierto es que no le resultará fácil obtener cuanto desea. La así llamada Ficha limpia - que, al menos en teoría, debería ser aprobada por unanimidad- está lejos de concitar apoyos de todos los partidos con representación parlamentaria. Se sabe desde siempre que el peronismo -decidido a inmolarse en la defensa de Cristina Fernández- tratará de impedir, recostado en su fuerza tanto en la cámara baja como en la alta, que el proyecto se transforme en ley. Pero no es el único que ha adoptado semejante postura. También el bloque acaudillado por Miguel Pichetto ha tomado distancias del mismo y -casi con seguridad- seguirá los pasos de Unión por la Patria.
Si acaso pasase el examen de los diputados, la famosa Ficha limpia necesitaría de un milagro para no naufragar a manos del bloque que capitanea el formoseño Mayans en la cámara de senadores.
En punto a las PASO, el gobierno parece contar con mejores posibilidades. Si bien su posición de máxima -la eliminación lisa y llana del sistema- requerirá del apoyo del kirchnerismo -ahora interesado en sacarse de encima, de una vez por todas, a estos comicios que en su momento fueron puestos en circulación por Néstor y Cristina- la posición de mínima -consistente en su suspensión al menos por espacio de un año- tendría el aval de las bancadas del Pro, de los radicales de una y otra facción, y de las fuerzas federales. Nada -por supuesto- es seguro y no sería de extrañar que, a último momento, hubiese cambios importantes en la manera de votar de las distintas agrupaciones parlamentarias.
Por razones que son de todos conocidas, y por el impacto que tiene la conformación de la Corte Suprema de Justicia en cualquier régimen de carácter republicano, los pliegos de Lijo y de García Mansilla son -de lejos- los que generan más controversias dentro y fuera del recinto. A esta altura del partido todo hace suponer que, si no consiguiesen el numero imprescindible para ser ministros de la Corte, el presidente de la Nación echaría mano al recurso de su designación por vía de decreto. Nada le impide hacerlo y, de acuerdo a los trascendidos, tanto el actual magistrado federal como el decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Austral, aceptarían sin proble- mas esa solución provisoria.
No es secreto alguno que la llave para el acceso de uno y de otro a la Corte se halla en manos de Cristina Fernández. En la medida que ella siga teniendo la lealtad de los senadores de Unión por la Patria, sería nada probable que el oficialismo se saliera con la suya. Por lo tanto, le resulta de rigor sentarse a negociar con el enemigo, cosa que han hecho -hasta el momento sin suerte- Wado de Pedro y Santiago Caputo. El problema que no ha podido ser superado, que divide las aguas e impide que libertarios y kirchneristas lleguen a un acuerdo que a ambos los deje conformes, radica en lo siguiente: los K aceptarían levantar la mano en favor de los dos nominados a cambio de que el gobierno ampliase el número de ministros de la Corte, le diese dos lugares a sus candidatos y, además, aceptase que -de los ciento cincuenta cargos a ocupar dentro de la judicatura a nivel nacional- cincuenta sean simpatizantes o incondicionales K. Por su lado, el oficialismo estaría dispuesto a abrir la Corte a nueve miembros y tolerar que dos fueran propuestos por el kirchnerismo sólo después de que Lijo y García Mansilla hubiesen contado con los votos necesarios. Como se ve, las distancias que separan estas posiciones suenan irreconciliables.
Ahora bien, enumeradas las cuestiones que serán puestas a debate dentro de pocos días, es del caso hacerse la pregunta de qué tanto le interesan al gobierno las sesiones extraordi- narias. Es claro que si al oficialismo le importasen poco o nada, no habría dado el paso que dio. Pero también es cierto que de ninguno de los tres proyectos principales en danza dependerá la suerte de Milei en un año electoral clave.
Si la Ficha limpia quedase en el camino, podrían decir en la Casa Rosada que sus buenas intenciones se estrellaron contra la tozudez de los corruptos, que no quisieron votarla. En cuanto a las PASO, la gran ventaja que le daría a La Libertad Avanza sobre sus adversarios nunca sería decisiva. Los libertarios preferirían que se eliminen o suspendan, pero no les quita el sueño que su apuesta fracase. Por fin, si Lijo y García Mansilla no entran por los votos, igual podrán ingresar por un decreto.
Vicente Massot


Luego de un sinfín de dimes y diretes en el cual quedaron enredados el oficialismo y la oposición por espacio de semanas, finalmente Milei se decidió a convocar a sesiones extraordinarias que darán comienzo en pocos días más. Excluido el debate acerca del Presupuesto -que el gobierno nunca iba a autorizar- los temas que se destacan del corto listado que será objeto de discusión, son tres.
