Miércoles, 05 Marzo 2025 11:54

Con Trump a favor, ¿a quién le importa Manes? – Por Vicente Massot

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Si en este análisis semanal no hiciéramos mención a lo que ocurrió el sábado pasado entre Santiago Caputo y Facundo Manes en el Congreso de la Nación, omitiríamos un detalle significativo de la deriva de la política argentina. Está fuera de duda que, al final del día, el incidente protagonizado por ambos resultó de lejos el más comentado y polémico de la noche.

Pero que el forcejeo -porque no pasó de eso- se haya viralizado -ganando la tapa de los diarios, las pantallas de televisión e inundando las redes sociales- no es suficiente para convertirlo en un hecho trascendente. El joven asesor presidencial perdió los estribos por segunda vez en menos de un mes y el legislador radical logró ganar una fama en los medios que hasta ahora le era esquiva. Luego vinieron las acusaciones exageradas de quienes creyeron ver en el encontronazo una amenaza a la democracia y se rasgaron las vestiduras en virtud del acto de prepotencia enderezado por ‘el mago del Kremlin’ contra el neuropsiquiatra. Todo no pasó de la calentura injustificada de uno y de la histeria del otro a la hora de victimizarse. Bien miradas las cosas, carece de sentido dar por el pito más de lo que el pito vale. Habría que advertirle al funcionario gubernamental del flaco favor que le hace a su jefe con esos pujos de guapo de colegio secundario. Y habría que decirle al hombre de la UCR que no convierta una palmada o dos en sendas trompadas, para hacer las veces de payador perseguido. 

El discurso del presidente se distinguió por

  • 1) una serie de anuncios respecto de los proyectos que su gestión tiene en carpeta y habrá de presentar en el curso del año -reforma previsional y laboral y ley de imputabilidad para los menores de edad, para mencionar las principales;
  • 2) las acusaciones levantadas a expensas de los grandes industriales brasileños y del Grupo Clarín;
  • 3) el adelanto -hecho oficial- de que un acuerdo con el Fondo Monetario Internacional está al caer y será enviado al Congreso Nacional, y 4) la acerada critica al gobernador de la provincia de Buenos Aires por la ola de inseguridad que azota a sus pobladores.

A poco de comparar los temas antes citados con la riña en el pasillo, de todos conocida, salta a la vista, sin mayor dificultad, la irrelevancia de esta última.

Más allá de esos avisos -por llamarles de alguna manera- el sábado sobresalió la presencia del flamante ministro de la Corte Suprema, Manuel García Mansilla, sentado junto a sus pares y, a la vez, la ausencia del juez Ariel Lijo, cuya suerte quedará sellada -casi con seguridad- el jueves de esta semana. Al respecto, se recorta en el horizonte un conflicto de poderes de singular importancia, según como siga el proceso. Por un lado la Corte deberá decidir si la licencia otorgada al polémico magistrado es constitucional. En paralelo, la bancada de Unión por la Patria y otros senadores de distintos partidos planean tratar los pliegos de los dos candidatos del gobierno con el propósito de rechazarlos y poner a Milei en evidencia. Como sucede siempre en las cuestiones judiciales, las interpretaciones de quién lleva la razón, y qué facultades tienen los tres poderes en danza, son varias. Si los constitucionalistas de mayor prestigio del país no terminan de ponerse de acuerdo, qué queda para los legos en la materia.

Hace mal Javier Milei en enredarse en batallas sin ningún sentido. Que se sepa, la flor y nata del empresariado industrial brasileño no le ha movido hostilidades. Tampoco el Grupo Clarín. Se entiende que el presidente -poco afecto a seguir los pasos del Mercosur- desee con todas sus fuerzas firmar un tratado de libre comercio con los Estados Unidos. Tiene, además, todo el derecho del mundo de disentir con el holding mencionado y los medios que maneja. ¿Pero cuál es la lógica detrás de sus descomedidos comentarios respecto de uno y de otro? Lo único que gana con actitudes tan destempladas es hacerse de enemigos en forma gratuita. Una cosa es que el blanco de su furia sea la Casta, tan desprestigiada como débil. Otra muy diferente es pelearse sin necesidad alguna con dos pesos pesados.

Tampoco se entiende esa fijación del primer magistrado de hablar de lo que no sabe. La defensa encendida que hizo de Ariel Lijo ha sido el hazmerreír de quienes conocen, del derecho y del revés, el prontuario del magistrado en cuestión. La serie de razones para nominarlo que enumeró Milei en un reportaje de reciente data, o no resisten el análisis -porque son inventos- o pecan de inoportunas. Quizás esa verborragia -que a veces roza el ridículo- tenga asiento en su carácter omnipotente. Él cree saber más que todos, en todas las cosas de este mundo y, de momento, resulta imposible hacerlo entrar en razón de que lo suyo es un exceso de soberbia.

Desde Norteamérica, en medio de tantos dimes y diretes, Donald Trump volvió a mencionar a nuestro presidente y puso sobre el tapete la posibilidad de firmar con la Argentina un tratado de libre comercio, enfáticamente respaldado por Elon Musk. El hecho de que haya dicho que Javier Milei “es una persona de gran liderazgo y justamente esas son las alianzas que buscan los Estados Unidos”, no debe tomarse a la ligera. Y que lo haya hecho cuando viene de cargar de aranceles a sus dos vecinos -Canadá y México- y de suspender la ayuda a Ucrania, revela hasta qué punto encuentra tiempo para distinguir a quien considera -por lo que ello valga- el aliado continental más importante al sur del Río Grande.

Al tema hay que analizarlo más como un respaldo general del jefe del Estado yankee a su par rioplatense, que como otra cosa. Poner en marcha un tratado de ese tipo puede llevar años, lo cual no quita que la sola mención de que exista una probabilidad de acometer la empresa pone al descubierto la consideración de Trump respecto del gobierno argentina y -por sobre todo- de Javier Milei. Los astros siguen alineados a su favor y conviene no confundir las nimiedades – por rutilantes que sean- con las ventajas estratégicas que sigue acumulando en su haber la gestión libertaria.

Vicente Massot

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