Pero, como en ese estado del noreste argentino todo gira enredador del ex–gobernador Carlos Rovira -dueño de vidas y haciendas, si lo hay- y ninguno de los diputados o representantes en la cámara alta de aquella provincia se animarían a decir esta boca es mía prescindiendo de considerar la voluntad de quien llaman jefe, está claro que sin la orden correspondiente sus fieles subordinados habrían mantenido la palabra empeñada días antes y votado en consonancia con la totalidad del arco no kirchnerista del Senado. Poco importa determinar a esta altura si los misioneros sabían de antemano que deberían cambiar de camiseta cuando llegase la hora de la verdad o si entraron al recinto pensando en convertir en ley el proyecto discutido y en el curso de las deliberaciones recibieron la instrucción terminante de ponerle un palo la rueda.
Existe una evidencia adicional, también indiscutible, que es el relato por hombres cercanos al mandamás provincial sobre su confesión respecto de quién le había hecho el pedido de torcer la decisión de Arce y de su compañera de banca para así lograr que la ficha limpia durmiese el sueño de los justos hasta -por lo menos- el año próximo. Rovira no tuvo, sobre el particular, pelos en la lengua. Dijo, bien suelto de cuerpo, que lo había llamado Javier Milei. ¿Mentía? Si bien es cierto que nunca nos enteraremos de qué fue realmente lo qué pasó, los motivos para creerle son de mayor peso que las razones para suponer que lo suyo fue un vulgar invento. Por de pronto, ¿qué interés podría tener en faltar a la verdad de tal forma, cargando el peso de la culpa sobre el presidente de las Nación, si en el año y medio que lleva la gestión libertaria su provincia es la que más ATN ha recibido del gobierno nacional? Sólo un suicida fabularía algo así.
Si, por un momento, nos olvidamos de los políticos que vienen de la tierra colorada y centramos el análisis en la reacción del primer magistrado, algo salta a la vista sin necesidad de ahondar demasiado en la cuestión: en lugar de defenderse y de despotricar contra Rovira ni bien conoció la imputación -tal cual acostumbra a hacer con quienes no piensan como él- se llamó a silencio. Más aun, luego del escándalo, en las casi seis horas en las que fue entrevistado en el programa de streaming ‘La Misa’, que conduce el Gordo Dan, uno de los principales gladiadores mediáticos libertarios, Milei ensayó insultos a discreción y ni siquiera una vez hizo mención al misionero. En lugar de desmentirlo, el presidente no tuvo peor idea que responsabilizar al Pro y a Cristina Fernández. Una acusación tan traída de los pelos, tan ridícula, que ni siquiera su hermana Karina le daría crédito. Solo cuatro días después y cuando el escándalo crecía en intensidad, negó haber acordado con Rovira, mostrando -aunque parezca increíble- su celular como prueba. Cosas veredes…
Si Rovira dijese la verdad, cuesta trabajo entender la lógica libertaria. Pero no es la primera vez que esto sucede. El razonamiento que llevó a la Casa Rosada a defender con uñas y dientes la candidatura de Ariel Lijo nunca tuvo pies ni cabeza. El plan para sentar a un impresentable en la Corte Suprema de Justicia sólo se le pudo ocurrir a un novato en estas lides o a un omnipotente sin demasiadas luces. En el caso que nos ocupa, cualquiera de los motivos que se han mencionado para borrar con el codo lo que Javo había escrito con la mano -no darle un espaldarazo a la Lospennato y dejar en carrera a Cristina Fernández, por considerarla la contrincante ideal en Buenos Aires- no resisten análisis. Si la ley se hubiese aprobado, el gobierno podría haber sacado pecho y, en paralelo, haber sostenido que todo cuanto se había dicho acerca de su poca voluntad de aprobarla no era cierto. Al mismo tiempo, se hubiese sacado de encima a la antagonista de la oposición que mejor mide en territorio bonaerense.
Como quiera que sea -y sin saber a ciencia cierta si fue o no Milei quien obró el engaño- la pregunta del millón radica en conocer qué tanto puede influir el entuerto en el electorado que estaba dispuesto a votar por La Libertad Avanza el domingo venidero, en la Capital Federal. Conviene señalar que el interrogante no tiene una respuesta segura. Admite, en cambio, diversas consideraciones, de las cuales mencionaremos dos contrapuestas. Los que insisten en que alguna consecuencia negativa se hará notar en los cómputos finales ponen el acento en que al ciudadano medio porteño este tipo de indecencias no le pasan desapercibidas. Los que opinan en contrario, resaltan -en correspondencia con alguna encuesta de reciente data- que 50 % del padrón electoral carece de una idea clara respecto de qué es lo que se hallará en juego dentro de cinco días en la Reina del Plata.
Si acaso traer a comento lo que sucedió en las cuatro provincias donde hubo comicios el domingo resulta un indicio -al menos, aproximado- de cuánto puede pasar en la ciudad capital, la cosecha que obtuvo La Libertad Avanza demostraría que mucho no le importo a su tribu electoral el tema Ficha Limpia. Por un lado, es claro que el triunfo se lo llevaron los gobernadores, a semejanza de lo ocurrido semanas atrás en Santa Fe. Pero si se pone la lupa con algún cuidado sobre el resto de los contrincantes, también es claro que el justicialismo salió maltrecho en todos lados y que el Pro, por su parte, desapareció del mapa. A los libertarios, en cambio, les fue mejor de lo esperado. De manera particular en Salta -donde a simple pluralidad de sufragios le ganaron, en la capital, al partido de Sáenz- y en Jujuy -donde cosecharon 22 % de los sufragios emitidos, colocándose segundos, por detrás de la alianza del mandatario provincial Carlos Sadir.
Aunque existan los partidarios de Milei indignados por el rechazo que sufrió el proyecto de ley de Ficha Limpia, es difícil pensar que vayan a llamarse a silencio y quedarse en su casa el domingo o que -como castigo- decidan apoyar a algún otro candidato. En principio, porque no deben ser muchos los que consideran al gobierno culpable. Pero, además, porque la oferta electoral no les deja otra opción por fuera de Adorni que no sea la de Ramiro Marra. Unido al hecho -que no puede desestimarse- del peso que tendrá en el espacio oficialista la idea de no dividir el voto en una elección que ha cobrado semejante trascendencia.
El lunes a la madrugada -o quizás antes, cuando se conozcan los guarismos definitivos- se decidirá la suerte del Pro, en general, y de los Macri, en particular, de cara a las elecciones que se substanciarán en el mes de octubre. Al propio tiempo, quedará abierto el camino para que se formalice de hecho o de derecho -por la razón o por la fuerza de las cosas- la alianza de La Libertad Avanza y el Pro en la provincia de Buenos Aires. Falta poco.
Vicente Massot


Hay una primera evidencia -a prueba de balas- que no admite una doble o triple lectura: los responsables de haber clausurado en el Senado de la Nación la posibilidad de que contásemos este año con la ley de Ficha Limpia -como se la bautizó desde un principio- fueron dos senadores de Misiones: Carlos Arce y Sonia Rojas Decut.
